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18 de marzo de 2010 - Núm. 1492
 

Todos los ciudadanos sois iguales
Miguel Iglesias

22 de septiembre de 2006

Imaginemos una celebración familiar típicamente española. Habrá mucho vino, buena comida. Después, la distendida sobremesa en torno a los chupitos de hierbas y los cigarrillos. Personajes de todas las edades y distintos estratos sociales van saltando animadamente de una a otra conversación, tratando de ahogar la morriña de la siesta en abundantes cantidades de café con leche. Se oye entonces un comentario sobre la actualidad política, que alguien rebate, y otro rebate más alto. El ambiente jovial va ensombreciéndose ante la hostilidad y la agresividad de las opiniones. Entonces alguien dice “¿Qué más da? Mira: todos los políticos son iguales”. Perfecto. Todos coinciden en eso. Todos los políticos son iguales. Vuelve a relajarse la conversación, se cambia de tema, y la mesa recupera la socarronería y el buen humor acostumbrados.

Creo firmemente que, al igual que en los libros de inglés nos enseñan buenos modales con expresiones como “nice to meet you” o “it’s my pleasure”, en todo buen libro de enseñanza de español para extranjeros debería aparecer la frase “todos los políticos son iguales”. De esta manera, cuando el extranjero recién llegado tuviera que sufrir un conato de discursión política entre dos españoles, podría intervenir diciendo “todos los políticos son iguales”, a lo cual los españoles quedarían tremendamente agradecidos, pues les habría evitado el terrible engorro de tener una conversación seria sobre política, y aún más importante, la posibilidad acabar odiándose.

La verdad, que “todos los políticos sean iguales”, parece haberse instalado en el inconsciente español como la mejor salida de cortesía para no hurgar en las heridas todavía abiertas de la guerra. Y es que la frasecita en sí parece remontarnos a una fecha anterior a las ideologías, cuando los españoles estábamos de acuerdo en casi todo. Era la época de reyes e inquisidores, cuando no estar de acuerdo era un deporte realmente peligroso para la salud.

Yo a veces me pregunto si muchos de nuestros conciudadanos no echan de menos aquellos tiempos de extremada sencillez ideológica. El pensamiento campesino acepta la fatalidad política como destino inevitable, y se acostumbra a solucionar los problemas con sus propios medios, convencido de que los poderosos no harán sino engordar a su costa. “Todos los poderosos son iguales” pudo ser la frase del momento. Ahora bien; aquello no debió parecer tan duro en comparación con el esfuerzo intelectual que supuso después comprender una democracia, desentrañar las porciones de verdad y mentira que había en cada extremo del conflicto, interesarse por el curso político, tomar partido en consecuencia. Esa dedicación que todo buen ciudadano de la democracia debería compartir, y que con tanto celo nos ahorraron durante siglos Monarquía, Iglesia y Dictadura, parece pesar a muchos más que el yugo de todos los déspotas del pasado.

Volvamos a la celebración familiar. Cualquier resto de tensión por la discursión política se ha disipado en jocosa conversación. El tío Miguel Ángel cuenta cómo ha blanqueado su dinero invirtiendo en un chalet en la costa del Mediterráneo. Mari Carmen comenta a quien quiera oírla que ha aprovechado su baja por depresión en el funcionariado para trabajar en negro de vendedora en la tienda de la familia. José Ruiz, marido de Dolores y médico de profesión, presume de haber colado a su hermana en las listas de espera de la seguridad social. Todos escuchan con atención y todos a su manera son héroes, por burlar un sistema en el que ni participan ni confían. Lo que ellos no pueden saber es que, a escasos metros, un comensal solitario escucha su charla altisonante con atención. Repasa mientras tanto cierta documentación sobre los planes urbanísticos del ayuntamiento en el que ejerce como concejal del grupo minoritario. Su matrimonio no va muy bien; entre el trabajo de por las mañanas y su dedicación por las tardes a las cuestiones municipales apenas tiene tiempo que dedicarle a su familia. A veces cree que vale la pena. Otras, escucha esa clase de conversaciones y se entretiene poniendo nombre de delito político a las hazañas de sus parroquianos: corrupción, evasión de impuestos, fraude a la seguridad social, especulación inmobiliaria, tráfico de influencias...

El concejal recoge sus papeles y sale del restaurante. Mira el reloj compulsivamente. Aún siente la comida a medio camino entre la tráquea y el estómago. Como en los últimos tres años, llega tarde. Le acompaña también una incomoda sensación de frustración, una vieja conocida desde que se metió a político de su pueblo. No sé de qué te extrañas a estas alturas -se regaña, mientras arranca su coche y pone rumbo al consistorio- al fin y al cabo ¡Todos los ciudadanos son iguales!

 

Por Miguel Iglesias

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4 mensajes

  1. Todos los ciudadanos sois iguales

    Se resalta dentro de este artículo la falta de sentido crítico (que no del espíritu de crítica), del pensamiento español. Pero es que para eso hace falta perspectiva y nuestra democracia es tan inberbe... Tiempo al tiempo.

    por arita | 23 de septiembre de 2006, 10:32

    Responder este mensaje

  2. Todos los ciudadanos sois iguales

    Yo es que le tengo gran aprecio al concepto de «ciudadano». Para mi un ciudadano es alguien que toma parte activa en la vida de la ciudad. Lo otro es «gente».

    por Kali | 23 de septiembre de 2006, 13:21

    Responder este mensaje

  3. Todos los ciudadanos sois iguales

    Me gusta esa separación entre ciudadano y gente. Voy a empezar a usar esta distinción.

    por Jose J | 23 de septiembre de 2006, 19:47

    Responder este mensaje

  4. Todos los ciudadanos sois iguales

    El origen de las palabras, muchas veces debemos buscarlo en su degeneracion, las palabras degeran por el mal uso de las mismas, o porque su definicion o concepto cambia.

    Pues bien, en el caso del titulo de tu articulo debo decir que efectivamente tienes razon en parte, pero ¿porque el ciudadano se convierte o tu lo conviertes en gente?, muy sencillo porque las estructuras las han corrompido los propios politicos, por esos las actuales estructuras democraticas cansan y hacen que el ciudadano se desilusione.

    Un ejemplo que yo lo podemos aplicar al PSOE y al PP. En nuestra queridisima ciudad el PSOE, tiene desde hace muchos años el mismso Secretario general , es decir el Sr Melero, y el PP el mismso Alcalde , el Sr lanzarote, lo que para caso es lo mismo, nos podriamos preguntar ¿porque? la conclusion puede resultar bien sencilla, porque los institucionables o compromisarios del partido al menos del PSOE, exigen que un nuevo elemento o afiliado, llegue al partido avalado por dos firmas y que qiere decir eso, que ya esta entrando con un grado de dependencia que resulta a todas luces antidemocratico y en ese mismo instante el ciudadano es castigado y convertido en gente y asi siempre son los mismos los que controlan el poder y los que dirigen todo , la corruccion , el despotismo democratico y todo.

    Sabias tu que el mundo politico se controla asi mismso en un 5 % uncamente y que lo hace en funcion de sus intereses , esto tambien convierte al ciudadano en gente.

    Si cuando tenemos la oportunidad de votar nos dicen a quien debemos votar , en vez depermitir listas abiertas, nos estan conviertiendo en gente no en ciudadanos

    Asi podriamos llenar la Web de ejemplos y cansar al personal

    Politico = a mindundi, mientras no se demuestre lo contario, lo grave es que gente como Abogados del Estado , Notarios, Registradores, etc.. cuando se hacen politicos se vistan con la misma toga y asi nos va .-

    por jm | 26 de septiembre de 2006, 10:18

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