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18 de marzo de 2010 - Núm. 1492
 

La vuelta de las Brigadas Internacionales
Shawar McQueen

8 de octubre de 2006

“Para incendiar a los demás es necesario que uno mismo se esté consumiendo” H. Melville

El día 5 de octubre comenzó en la Universidad de Salamanca un congreso al que he tenido el enorme privilegio de asistir. A él acudieron varios supervivientes de la terrible contienda que asoló España hace ahora 70 años. Los motivos de unos y otros para venir fueron, como quedó de manifiesto a lo largo de las ponencias del congreso, muy diferentes, pero había una idean que todos ellos compartían: España era la última oportunidad de salvar la libertad y la democracia.

Efectivamente, en un momento en que en Europa ya se habían asentado los regímenes fascistas, los ciudadanos españoles eligieron un gobierno republicano y democrático, caracterizado por un deseo de modernización y progreso que podría poner al país a la cabeza de Europa. Se separó la Iglesia del Estado, se garantizó el voto a los ciudadanos de ambos sexos mayores de 23 años (hay que señalar que el pasado 1 de octubre se cumplieron 75 años de la concesión del derecho al voto a las mujeres en España) y más de un tercio de la Constitución se ocupaba de recoger y proteger los derechos individuales y sociales. Por otra parte, se pusieron en marcha proyectos para universalizar la educación, con lo que se construyeron miles de escuelas y comenzaron las labores de la Institución Libre de Enseñanza y de las Misiones Pedagógicas.

Se da entonces lo que se ha denominado la edad de plata de la cultura española, un momento en el que las artes, las ciencias y el pensamiento en general reciben un impulso como nunca antes. La Residencia de Estudiantes contaba entre sus huéspedes con García Lorca, Luís Buñuel, Salvador Dalí o Severo Ochoa. Asiduamente la visitaban para dar conferencias Miguel de Unamuno, Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Pedro Salinas, Blas Cabrera, Rafael Alberti... Además, acudieron para compartir su saber personalidades de la talla de Albert Einstein, Paul Valéry, Marie Curie, Igor Stravinsky, John M. Keynes, Alexander Calder, Walter Gropius, Henri Bergson o Le Corbusier, entre muchos otros. Hay que tener presente que este florecimiento afectó por igual a las artes y a las ciencias, y que en la Residencia de Estudiantes se llevaban a cabo proyectos de investigación científica que, si bien no podían compararse a los europeos, eran suficientes para que Einstein se planteara seriamente venir a dar clases a Madrid.

Einstein no vino por la misma razón por la que sí lo hicieron los brigadistas: por la inestable situación política del país. Los sectores más poderosos de la sociedad no veían con buenos ojos que se otorgasen tantos derechos a los ciudadanos, puesto que aquello terminaba en parte con sus privilegios. Este sector minoritario que nunca estuvo de acuerdo con las reglas de la democracia decidió levantarse en armas contra el gobierno electo por la mayoría.

Para el resto de Europa quedó claro que la luz que emitía España corría el riesgo de apagarse y de ceder paso a una oscuridad como la que ya reinaba en otros países. Algunos hombres y mujeres pensaron que era el momento de intervenir y, poniéndose en contacto con partidos políticos y sindicatos, encontraron el modo de venir a España a luchar por unos ideales que eran los suyos. A lo largo de estos días de conferencias he escuchado, de boca de sabios expertos, razones que demuestran que un buen número de brigadistas vinieron porque no tenían muchas más opciones en su país, como es el caso de los voluntarios canadienses, o bien, que no sabían muy bien a lo que venían. Las guerras son siempre espantosas y matar resulta siempre terrible, sea por la razón que fuere, esto lo sé también.

Sin embargo, no quiero quedarme con las versiones históricas sino con los testimonios de los brigadistas que han viajado de vuelta al país por el que lucharon. Todos ellos afirman no haberse arrepentido nunca de haber venido a España y aseguran no haber oído a ningún otro voluntario quejarse jamás; por el contrario, se alegran de haber hecho cuanto estuvo en sus manos por defender sus ideales. Cuando estos hombre hablan de lo que les sucedió y de las razones por las que les sucedió, les tiemblan la voz y el cuerpo, a veces se les enturbia la mirada y puede verse arder, en toda su figura, la llama que los alimentaba y que los mantuvo calientes en las noches de trinchera y de campos de exterminio. A estos hombres tan mayores y tan frágiles los rodea, cuando hablan, un halo de inexpugnabilidad que los hace parecer invencibles. Son, de hecho, invencibles y lo han demostrado no sólo luchando primero y sobreviviendo después, sino continuando ahora su lucha por lo que consideran justo. Son invencibles porque vinieron a este congreso para hacernos ver los tremendos avances que perdimos cuando se perdió la República: retrocedimos para quedarnos en manos de fascistas que decidieron acerca de nuestra educación y nuestra cultura, de los que dependían el progreso científico y el técnico, que distinguían lo que era arte de lo que no lo era y que controlaban lo que se pensaba y lo que se decía. También nos han hecho ver que esta democracia no es tampoco lo que ellos estaban buscando, que el capitalismo y el pensamiento único han venido a sustituir a los totalitarismos y debemos despertar y resistirnos.

Son invencibles porque con sus voces ya gastadas nos dicen que un día desaparecerán y nosotros debemos coger el relevo. Al término de la mesa redonda estuve hablando con uno de ellos. Me decía que la lucha no había terminado, que la antorcha de la libertad ya les iba pesando mucho a ellos y que debíamos cogerla ahora nosotros. Que va a manifestaciones al menos tres veces a la semana y que le duele el corazón al ver que siempre acuden los mismos cuatro de siempre. Qué familiar nos suena esto, en la pequeña Salamanca y en cualquier ciudad española. Eso le dije. Él me contestó que eso puede cambiarse, que hay que luchar por el cambio, y había una llama en el fondo de sus ojos, un incendio en su alma que vi por un momento. Cuando nos despedimos me dio un abrazo fuerte, una palmada en la espalda, y de repente sentí lo que pesa de verdad esa antorcha de la libertad de la que hablan. Hacerse cargo de ella requiere un ejercicio previo de concienciación y de responsabilidad. Estos hombres que han vuelto a España son invencibles porque están consumiéndose y cumpliendo hasta el último momento con lo que ellos consideran su deber: incendiar a los demás.

Todos, pero especialmente los más jóvenes, deberíamos extraer una importante lección: hemos de enfrentarnos al hecho de que, por muy concienciados que nos creamos, no nos estamos consumiendo. Nuestra inquietud no llega a mísero rescoldo y quizás por eso fracasan nuestros intentos por cambiar las cosas. Quizá ha llegado el momento de tomarse las cosas tan en serio como aquellos que vinieron, lucharon y hoy siguen luchando dándonos a todos un ejemplo de lo que es de veras fidelidad a las propias ideas.

Quiero dar las gracias a los brigadistas que vinieron al congreso porque con ellos he aprendido el esfuerzo que supone defender unos ideales, y a todos los que lucharon por la República por intentar, con sus respectivas llamas, salvarnos de la oscuridad en la que nos vimos luego sumidos.

Luchemos por preservar su memoria y que su ejemplo nos sirva para tomarnos más en serio la lucha por la libertad y la igualdad.

 

Por Shawar McQueen

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2 mensajes

  1. La vuelta de las Brigadas Internacionales

    tiene usted una idea estereotipica de la República Española, señalarle un par de aspectos por no extenderme, primero que el voto femenino fue rechazado por las izquierdas ya que pensaban beneficiaria a las derechas al estar las mujeres mas influidas por el clero, y segundo no se debe olvidar nunca que los brigadistas poco se diferenciaron de los nazis que apoyaron al bando nacional, las atrocidades en la guerra fueron parejas, y la idealizacion de una republica que clausuro Abc, ilegalizo partidos o permitiria amenazas de muerte en el mismo parlamento no me parece acertada, pero entra en el juego actual. gracias

    por julian | 13 de octubre de 2006, 17:43

    Responder este mensaje

  2. La vuelta de las Brigadas Internacionales

    Enhorabuena por el artículo, el anterior comentario tiene una idea estereotipada de la crítica derechista al periodo más feliz de la historia del siglo XXI.

    Pese al miedo a la inclinación del voto femenino este se legalizó en el 34 y la izquierda venció frente a la CEDA. Los sublevados no solo ilegalizaron periodicos hasta el 73 con la demolición del Diario Madrid (de Calvo Serer) si no que establecieron una ferrea censura (Serrano SUñer en la ley del 38) fusilaron y obligaron a huir de España a los más lúcidos intelectuales (Ramon J. Sender, Alberti, Lorca muerto Gracias y enhorabuena otra vez.

    por Txutxi | 28 de octubre de 2006, 11:00

    Responder este mensaje

 
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