Tenía ganas de que se aprobara la ley sobre los matrimonios entre parejas homosexuales. Tenía ganas para, por fin, poder estar en contra del matrimonio.
Hasta ahora la lucha por el matrimonio homosexual se encuadraba dentro de la lucha por la igualdad de derechos. El estado, impregnado por una moral conservadora se permitía la licencia de decir que había un tipo de uniones que eran moralmente correctas (las heterosexuales), y otras que sin embargo eran reprobables y por lo tanto no merecían el respaldo legislativo. Por supuesto eso desde el punto de vista racional era intolerable.
Bien, ahora hemos mejorado. Pero no nos podemos quedar aqui.
Creo que en este tema el siguiente paso para la radicalización democrática y liberal de nuestro país pasa por abolir el matrimonio.
Desregularlo, renunciar de una vez por todas a que sea el estado el que decida qué tipo de uniones sentimentales se merecen su amparo y cuales no. ¿Por qué una unión poligámica no puede ser matrimonio? ¿Y la unión entre hermanos? ¿Y si me apetece donar todos los derechos de sucesión a mi perro?. Probablemente muchos de ustedes tendrán razones de sobra para rechazar todas esas uniones, pero la mayoría de ellas serán morales. Y la moral está muy bien para administrar la vida de uno, pero no para imponerla sobre el resto de la población.
El fin del estado debe ser el de proporcionar a la gente las herramientas necesarias para el libre desempeño de sus libertades, no el de beneficiar una serie de decisiones de carácter personal(legítimas y libres) sobre otras (igual de legitimas y de libres).
El estado no puede promocionar un estilo de vida sobre otro. ¿Por qué dos amigos que vivan juntos no pueden recibir las mismas ventajas fiscales que un matrimonio? Yo se lo cuento: Porque el estado decide que la vida en pareja ( hasta hace poco, la vida en pareja heterosexual) es moralmente superior al resto de opciones vitales.
Vale, aceptamos barco....pero....¿Qué hacemos para solucionar esto?. Bueno, pues abolimos el matrimonio, asi sin Ibuprofeno, ni epidural ni nada. Quien quiera dejar la herencia a su pareja, declarar bienes comunes y demás....pues que firme un contrato privado. Ahí no se metería nadie, y menos el estado, puesto que un contrato privado es algo que no le incumbe. Se acabó el encorsetamiento estatal sobre las relaciones sentimentales.
¿Y sobre las ventajas fiscales?.....de eso cero patatero, ¿a santo de qué?. Si nos hace falta gente promocionemos los partos, pero no los matrimonios. De todas formas gente hay de sobra....si somos capaces de acabar con nuestros prejuicios acerca de la inmigración.
El matrimonio, enfocado como una serie de ventajas que otorga el estado a una serie de personas por su decisión de adoptar una determinada forma de vida es totalmente rechazable desde el punto de vista democrático, a parte de ser una institución retrógrada y anclada en la tradición y el conservadurismo. La decisión de cada uno sobre su forma de vida debe quedar de una vez por todas en el terreno de lo privado. La equiparación de derechos de los homosexuales en materia de matrimonio es un paso necesario, pero intermedio, para de una vez por todas abolir el matrimonio.
Buenas:
Hay algunas cosas que comparto de tu análisis, otras no, pero bueno, antes de hacerte un comentario elaborado, te adjunto un enlace a una noticia que salió hace poco en el ABC http://www.abc.es/20061029/prensa-domingos-domingos/suecia-poliamore_200610271630.html y que puede ser de tu interés.
P.D.: “El fin del estado debe ser el de proporcionar a la gente las herramientas necesarias para el libre desempeño de sus libertades...” Una definición del Estado (con mayúsculas, como nos gusta a los “estatistas” jeje...) radical-liberal, ¿no?
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Muy interesante la noticia...esa gente tiene el mismo derecho que las familias tradicionales a tener ventajas fiscales. Y yo como soltero también...asi que casi que las eliminamos para todos no? :P
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Si es que se veía venir, que lo que lo que se quería no era dar los mismos derechos a los homosexuales, sino atacar al matrimonio y a la familia. Alguien debería hacer un juego informático para todas estas personas que quieran hacer experimentos sociales y que se aburren demasiado.
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Me encanta!! Este reportero debería prodigarse más. Sus delirantes opiniones son más serias de lo que parecen, pero sobre todo, son terriblemente incómodas y picajosas. Si incluso a muchos progresistas ya les ha costado aceptar la homosexualidad (recordemos que los estados de inspiración marxista repudian esta orientación), no quiero imaginarme lo que les supondrá poner a rodar de nuevo sus acomodaticias cabezotas (entre ellos me incluyo)
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Tu si que sabes A Vara, yo por eso me quedo SOLTERO COMO MI PADRE.
Como decia un amigo mio, no es que se folle poco, es que siempre follamos los mismos.
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Totalmente de acuerdo con esta columna.
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Yo creo que, ya puestos, deberíamos abolir la forma monárquica del Estado por la moral racista que transmite e impone al resto, por todo aquello de la sangre azul. Aunque puede que la forma republicana del Estado sea interpretada como una imposición moral antirracista y democrática a los que no piensan así, es decir, a los racistas. Y no podemos dejar que el Estado se pringue en estas cuestiones morales.
Creo que la existencia del dinero, con los valores que conlleva, es una imposición moral para aquella gente que no es materialista y por tanto debería también ser desechada. Aunque quizás el reestablecimiento del trueque no acabe de conformar a una hipotética minoría monetarista, cuyos valores morales materialistas no serían respetados por la nueva normativa estatal.
Creo que no se deberían dar medallas al mérito del Trabajo ni al mérito Civil, puesto que se ofende la moral de la vagancia y de la incivilidad, respectivamente.
Podríamos también abolir los DNI, no vaya a ser que se ofenda moralmente a aquellos que tienen doble personalidad o aquellos que carecen por completo de identidad.
Podríamos abolir la religión para evitar que se ofendan los ateos y abolir también el ateísmo para evitar que se ofendan los religiosos.
Creo que, por supuesto, se debe abolir el ejército de nuestra legislación, puesto que establece legalmente una moral belicista a los que tienen un alma pacífica. Por supuesto, la abolición constitucional del ejército ofendería a los de moral más guerrillera.
Creo que el Estado debe abstenerse en la medida de lo posible de construir carreteras por las implicaciones morales e ideológicas que ello conlleva y que irían en prejuicio de la moral ecologista más radical.
En definitiva, creo que, en lugar de luchar por cambiar la sociedad mediante nuevas legislaciones, habría que abolirla porque siempre nos impondrá cosas que no gusten a todos. Así que vamos todos por separado a buscar la caverna que más nos guste y vivir como hermitaños hasta el fin de los tiempos. Allí no habrá leyes que nos impongan moral alguna.
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Y viva la poligamia y la poliandria!
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Un muy buen artículo sobre el tema: http://liberalismo.org/articulo/274/53/
Abajo trae más enlaces.
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Me ha gustado mucho lo que has hecho de meter en el mismo saco homosexuales y perros, ya lo hizo Esperanza Aguirre y le salió de puta madre.
Por lo demás me alegro que hayas dejado de hablar de los peperos camuflados de Ciudadanos de una puta vez.
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Biomán...no has entendido nada.
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oye, los bioman eran un trio, no?
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Esta vez estoy de acuerdo contigo, siempre he estado en contra del matrimonio, pero no todo el mundo tenia derecho a él.
Por fin podemos luchar en el mismo bando sin que pase nada, ni me claves un piolet, bromas aparte, me encanta luchar en contra de esa institución que nos han intentado inculcar como algo positivo para los hijos, etc.
Por eso luchemos contra los matrimonios de cualquier tipo
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Hace relativamente poco que descubrí «La Voz de Salamanca». Sólo quiero decir que de todo lo que he visto, los artículos de Alberto Vara son de lo mejor. Este, sobre la abolición del matrimonio, no tiene desperdicio. Espero no tener que esperar mucho tiempo hasta poder leer el siguiente. Enhorabuena!
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No puedo estar más de acuerdo.
El matrimonio es un residuo de un modelo obsoleto de sociedad y estado. El núcleo de la sociedad ya no es la familia, lo es el individuo. Ideológicamente esto es así desde la revolución francesa, (más o menos... por poner una fecha). Lo es progresiva y realmente desde la hiperindustrialización: la incorporación de la mujer al mercado laboral tradicionalmente masculino por la aparición de nuevas formas de trabajo; la aparición de los electrodomésticos, los anticonceptivos, la leche maternizada, e infinidad más de sucesos e inventos que han hecho en gran parte realidad el sueño de una sociedad de ciudadanos libres e iguales (al menos hacia ello vamos). Las ideas de ciudadanía individual vienen de lejos, pero es la realidad material la que ha permitido que hombres, mujeres, heterosexuales, homosexuales, monógamos, bígamos, solteros de por vida, castos y promiscuos podamos entendernos y vivir como iguales sin más fricciones que los gritos en el desierto de cuatro carcas escandalizados. Antiguamente el sistema social reposaba sobre una rígida concepción de la familia, que hasta cierto punto, no podía ser de otra manera a menos que se perteneciera a una élite social. Hoy ya no. Hoy tiene hijos quien quiere, los cria solo o acompañado o en trío, siendo hombre o mujer. Trabaja quien quiere y puede, uno, los dos, sin importar para nada su forma de relacionarse en su convivencia hogareña o en su vida sexual. Y es que socialmente todo eso a los demás ya les da igual, como con anterioridad dejó de importar la convicción religiosa en las relaciones públicas. ¿A qué viene encorsetar ahora y aún a las personas con modelos estándar de convivencia, herencia, propiedad común en regímenes matrimoniales predefinidos...? Que cada cual aguante su vela y establezca libremente su forma de vida, porque nuestro modelo de sociedad ya no necesita del matrimonio y de normas claras sobre el mismo, como sí lo necesitaba hasta no hace mucho. No me malentiendan... no se trata lo que expongo de un liberalismo cegato del «cada cual por su cuenta» y la desaparición del Estado, que no cae en que su adorada economía, partiendo de la política monetaria y el simple reconocimiento de la propiedad privada, depende única y exclusivamente de la existencia de un Estado fuerte, casi omnipotente en estas materias. El Estado por supuesto puede y debe regular todo aquello que afecte a la vida colectiva en función del mayor bien común, reconociendo unos cuantos derechos básicos infranqueables, y sin incurrir nunca en arbitrariedades. Pero ya no regular la vida privada de nadie en tanto no implique directamente al resto de la sociedad. Lo más que debe hacer en este aspecto es reconocer aquello que libremente cada cual decida.
El matrimonio tiende a desaparecer por obsoleto y excesivamente rígido: ya estamos observando el auge de las «parejas de hecho» que por desgracia los legisladores se empeñan en tratar rígidamente como matrimonios sin firma. Quien quiera seguir viviendo a la antigua usanza, es tan libre de hacerlo como el que quiera experimentar otra forma de convivencia. Pero desde el punto de vista del estado, para quien sólo debería haber ciudadanos independientemente de su moral y sus costumbres. ¿Por qué no convivencias de hermanos en igualdad de condiciones fiscales que los matrimonios, comunas, núcleos familiares poligámicos...? Sustituyamos el kit «no se vende por separado» del matrimonio por cuantos contratos privados se deseen. ¿Que quieres vivir con tu mujer en régimen de gananciales, comprometerte a darle una pensión si te separas, con penalización por infidelidad sexual...? Escribidlo y firmadlo, e incluso haced una fiesta y luna de miel si queréis. Que queréis tener un piso compartido en propiedad comunal, con normas propias sobre la herencia... escribidlo y firmadlo. Que quieres tener dos mujeres, y que una de ellas tenga otro marido, el cual tiene una relación homosexual... Pues allá vosotros. Los jueces y las leyes que observen únicamente los pactos alcanzados y los bienes adquiridos en común por individuos libres, sin más prejuicios que los que cada individuo quiera tener a la hora de vivir su vida.
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joder que cuadrilla de tarados, abolir tambien los nacimientos, y ya puestos, aboliros vosotros que seguramente nos ira mejor a la sociedad
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