Dudas. ¿Viernes por la mañana es patológicamente un complemento circunstancial de tiempo? ¿Quizá un estertor del decálogo del hado con forma de martes y trece? Al levantarme puse rutinariamente la radio recalando en las noticias locales de la Cadena COPE. El programa en cuestión se llama La Mañana en Salamanca y lo conduce Orestes Bazo Bazo, Barbadillo, Salamanca (1950). Por lo pronto y de manera paradójicamente premeditada, nada voy a decir sobre el dial episcopal católico donde de manera factual casi nadie lo es tal, o por lo menos eso se percibe. Todas las emisoras deben existir y que es bueno para la libertad de expresión, la correcta y adecuada información de los ciudadanos poder escuchar todo tipo de opiniones. Faltaría más.
En todo caso, las actitudes de la inmensa mayoría de los periodistas locales, como Orestes, dicen quejarse de la falta de libertades reinante en España, propiciada obviamente por el actual gobierno, unido al trato gravísimo que el gobierno de Zapatero a la cabeza, seguido por Caldera, continuando por el Delegado de la Junta, el Subdelegado de Gobierno en Salamanca, para finalizar en Fernando Pablos y Emilio Melero, perpetran de manera continuada y sistemática a la ciudad y la provincia, son insufribles cuando se trata de censurar a otros sectores que no comparten del todo sus tesis políticas.
El locutor de la COPE, Orestes, por no citar a cualquier otro “juta letras” no ejerce el periodismo de manera profesionalizada como podemos reseñar brevemente: (A los dieciséis años, en plena efervescencia de los Beatles y de lo «ye-ye», toma contacto con el ambiente musical salmantino formando parte de una orquesta, hasta que se licenció en Geografía e Historia, no en Ciencias de la Información como pudiera corresponder de acuerdo a las actividades profesionales ejercidas: Colaborador en “Hoja del Lunes”, “El Adelanto”. En Radio Popular centró su actividad en programas musicales. Desde hace más de veinticinco años mantiene en antena el programa “La Mañana” antes llamado “Buenos días”). Siendo esto ya un agravio comparativo para el oficio periodista, no sobrado de oferta de empleo, la circunstancia resulta aun más bochornosa si nos percatamos de lo siguiente: Orestes tampoco aplica la formación de historiador recibida y de la que ostenta una licenciatura, debido a que no es capaz de distinguir entre información y violencia política. El señor Bazo Bazo es de sobra conocido por su ferocidad en la defensa de sus criterios y su cercanía al alcalde de la capital, critica las portadas de algún diario salmantino, se niega a informar sobre grupos ciudadanos como ecologistas y asociaciones de estudiantes de la Universidad de Salmaanca, Salamanca, (1218), de igual manera, no realiza absolutamente ninguna referencia informativa sobre grupos como Los Verdes Foro de izquierdas e Izquierda Unida.
Orestes no es periodista, eso está claro, pero tampoco ha aprendido ninguna lección que comporta la identidad profesional del pretérito, hecho que no solo demuestra al ponerse la pegatina Por la unidad del archivo, sino confundiendo su propia profesión, conducente, según él mismo afirma, a informar y a entretener.
Fernando Savater, que no es santo de mi devoción y precisamente por esto lo traigo a colación ha escrito que “la violencia y el terror imponen su significado, pero no lo comunican, son expresivos, pero rompen la comunidad recíproca dentro de la que se ejerce el reconocimiento inter subjetivo cuyo máximo exponente es el lenguaje” . En mi opinión la violencia política de los años 30 continúa muy presente en esta ciudad, aunque obviamente no es tan explícita, si exceptuamos el reciente caso del que informó este diario digital de Salamanca, (y ninguno más). La violencia subliminal de las ondas, consiste en afirmar que se informa y se entretiene, ejerciendo de seráfico apóstol de la tolerancia que, de modo paradójico, no cesa de agredir con su voz, en la búsqueda permanente de objetivos políticos. La crisis de valores actual, viene en cierto modo producida por la desactivación de los mecanismos que conforman el compromiso de la autonomía moral en las sociedades occidentales. La sociedad salmantina es un claro ejemplo de ello, donde la ausencia de una crítica verdaderamente rigurosa y libre (salvando las honrísimas excepciones que suponen la bitácora de La Voz de Salamanca y las antenas de Radio Universidad de Salamanca y Radio Oasis, donde se pueden escuchar programas excelentes), ha producido una ética de la crítica peligrosa, que surge de la simplicidad de argumentos, la ausencia de flexibilidad y una radicalidad moral, rompiendo lo que debe representar la seriedad propia de cualquier profesional. El medio en que se ejecuta esa violencia, o quizá, el fin de la misma, es confundir el debate político con el historiográfico, (entiéndase el archivo de la Guerra Civil) o bien transformar la realidad mediante la técnica consustancial al experto demagogo: sacar de su contexto determinadas ideas o expresiones que, por su complejidad, pueden resultar equívocas, para retorciéndolas, hacer que digan lo contrario de lo que realmente quieren o pretenden decir, para a continuación, en el mejor estilo tabernario, hablar en nombre de la libertad, la verdad, el rigor y el irrenunciable derecho de crítica a partir del insulto y la calumnia con la prepotencia y el matonismo sólo entendible en regimenes de tipo autoritario. En este caso, Orestes no es la patología. El problema reside en la supurante certidumbre de que las mañanas no son complementos circunstanciales de tiempo, sino martes y trece convertidos en praxis de violencia política.










