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24 de julio de 2008 - Núm. 891
 
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La nochevieja hostelera

Todavía lo recuerdo como si fuera ayer, pero no, fue hace unos seis años, si mal no recuerdo. Se acercaban “esas fechas tan señaladas” y tres de mis amigos cumplían los años. El hecho de que el último día de clase, creo recordar que el 22 de Diciembre, nos hubieran puesto un examen, complicaba la celebración conjunta de dichos cumpleaños, además, ese día había sido el elegido para realizar la tradicional cena de clase, por lo que las opciones cada vez eran menos.

Manuel de la Iglesia
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14 de diciembre de 2006

Pero más allá de desistir a una de las “cumpleañeras” se le ocurrió algo: “oye, nunca hemos pasado una nochevieja juntos, ¿por que no este año?”, ella comentó que en su ciudad algunos estudiantes se despedían antes de las navidades de una manera un tanto extraña, celebrando una nochevieja peculiar con sus amigos en la plaza mayor de la ciudad de turno, como si del 31 D se tratara.

Y allí estábamos, con un frío que pelaba ,a las 12 de la noche DEL ÚLTIMO DÍA DE CLASE con unas cuantas botellas de champagne y una bolsita con 12 uvas que los “cumpleañeros” se habían encargado d preparar, la verdad, a mí no se me habría ocurrido una forma tan ingeniosa de aunar dos celebraciones, la nochevieja con sus compañeros de clase y amigos, y su propio cumpleaños. Ante aquel espectáculo la gente que paseaba por la plaza no podía sino mirar con estupefacción algo tan extraño, algo que en Salamanca nunca había ocurrido, unas 20 personas comiéndose las uvas, dándose besos y brindando con champagne …un 22 de diciembre!!!

Nada mas lejos de quedar en una anécdota, al año siguiente decidimos repetir, y comentarlo en clase, y eso, que tras la cena allá que nos fuimos enfundando nuestras uvas y nuestra botellita de champagne, algo a lo que este año algunos compañeros habían decidido unirse, por lo que EL ÚLTIMO DÍA DE CLASE el jaleo en la plaza fue un tanto mayor que en nuestra primera vez, eso sí, sólo gente de clase.

Como buenos estudiantes que somos, al año siguiente se corrió la voz, y la comitiva era cada vez mas grande, de unos 20 el primer año a unos 60 el segundo, y el tercero seríamos unas 200 las personas que empezábamos a hacer de esto una tradición, nosotros, los de clase y grupos de amigos con alguna que otra visita. Lejos de decaer el cuarto año ya era mucha la gente que lo sabía y ante nuestra sorpresa, EL ÚLTIMO DÍA DE CLASE, eran ya unas 500 personas las que se congregaron en la hermosa plaza salmantina para celebrar esta nochevieja tan nuestra, tan universitaria. Daba igual que fuera lunes, martes… lo importante es que era el último día que nos veíamos antes de recibir al año venidero, y que éramos nosotros, los estudiantes, los que ubicábamos la fecha del día de celebración, y no otros.

Tiempo después en parte me alegro y en parte me da pena ver en lo que esto se ha convertido. Digo que me alegro por haber estado ente los creadores de este evento y poder compartir con cientos de personas una fiesta sin duda singular; recuerdo cuando estábamos 20 “colgaos” en la plaza muriéndonos de frío y ahora es increíble llegar y ver la plaza llena para hacer algo distinto, algo que sólo a los universitarios podía habérsenos ocurrido.

Pero no todo es oro lo que reluce, ahora ya no somos los estudiantes los que elegimos la fecha de NUESTRA NOCHEVIEJA, a nosotros nos daba igual el día, solo queríamos disfrutarlo con nuestros amigos y punto, pero hay gente a la que lógicamente no le da igual, ya que para el negocio … claro… no es lo mismo que esto se celebre un lunes que un jueves. Ahora son los hosteleros salmantinos (y algunos “estudiantes” que colaboran con ellos) los que deciden cómo y cuándo se celebra NUESTRA nochevieja, para maximizar SU beneficio, pero no les vale con eso no, además se jactan de ser ellos los creadores e instigadores de tal evento. No, si todavía les tendré que dar las gracias, y eso que son ellos los que viven de nosotros, pero creo que eso es algo de lo que algunos todavía no se han dado cuenta, ni se darán nunca. Además han convertido algo que comenzó sin ánimo de lucro en un fructífero negocio diseñado a su antojo, una vez más, ante la pasividad de los propios estudiantes que hacemos lo que nos dicen, triste sí, pero cierto. Por todo ello tal vez se me antoja oportuno cambiarle la denominación originaria y llamarlo NH: Nochevieja Hostelera

Tengo más que comprobado que el colectivo de la hostelería en Salamanca es un ente contra el que no se puede luchar, lo tengo asumido, pero que al menos no se pongan medallas que no les pertenecen; la nochevieja universitaria siempre será nuestra, de los universitarios, que somos los que les damos de comer, que no lo olviden.

 
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