Mucho se ha escrito y hablado sobre el recuerdo registrado, a veces, con fundamento, en ocasiones de manera desafortunada,y el resto, con grandes dosis de moralidad retórica tras la que se esconde un pensamiento, si acaso tal, vacuo. Y es que, memoria histórica, como la inteligencia militar que definió el gran Groucho Marx, siguiendo el pensamiento de especialistas tan prestigiosos como Santos Juliá, no son ni se muestran como categorías unitarias, de manera que mientras la primera pretende legitimar una cotidianidad y la segunda busca conformar conocimiento objetivo a través de unas huellas, son por tanto, según este autor, categorías ambas, muy amplias de pasado, marcadas e influenciadas por condicionamientos de registros como la percepción, el capital sociocultural de los individuos, e incluso generacionales.
Todas las dictaduras han puesto en práctica políticas para borrar la memoria, para promover el olvido. Reconocer tras su paso, que muchos procesos anteriores han sido suprimidos, no implica volver al pasado. Los historiadores han establecido diversos itinerarios de canalización de los sentimientos tras un periodo represivo. En este sentido, hablamos de una primera fase de olvido, que puede consistir en la negación del hecho traumático, salida que supone la respuesta al cambio rápido en los procesos de transición, explicitados en los pactos de silencio, para la futura convivencia. La segunda fase de este proceso, es el establecimiento del imperativo de la memoria, es decir, la hegemonización de su monopolización con respecto a las otras visiones antagónicas que se configuran para interpretar una realidad histórica similar. Fase en la que quizás se encuentra España en el tiempo actual. Elizabeth Jelin , pone de relieve la necesaria relación entre memoria e historia, señalando que las visiones en primera persona, chocan con la circunstancia de haber vivido y por tanto, sentido esa realidad, cargando de un sustrato de subjetividad la narración histórica. Las experiencias del individuo no conforman un eje de transformación y reactivación de la memoria colectiva en sí mismas. Es el paso del tiempo y los protagonistas no directos de los hechos, esto es, la segunda generación en adelante, los que desde la distancia tienden a la reactivación de los mecanismos de la memoria, para que ese recuerdo sea asumido por la sociedad como una responsabilidad compartida. Pero esta búsqueda nunca debe renunciar a superar la nociva idea de no reflexionar sobre metodología, historiografía, campo de investigación que de un modo u otro se está imponiendo, teoría de la historia, o bien hacer planteamientos temática y metodológicamente renovadores. Lo que se debe plantear siempre en un estudio sobre la memoria es la necesidad de todo este ejercicio epistemológico como condición previa para la transmisión didáctica.
En un concepto amplio de conciencia histórica se deben incluir, (sin perder de vista el horizonte del rigor metodológico), las dimensiones de lo que representa el desarrollo de una historia de tiempo vivido o presente, en el que la memoria, ya no puede ser separada en ningún modo de la historia, por cuanto la inmediatez y el acelerado ritmo de los acontecimientos la han transformado de sujeto de estudio en el pretérito, a objeto de primer orden, conformador de percepciones en el proceso de conocer, comprender, confirmar y contar que lleva dentro la investigación histórica.
Establecidas estas premisas teóricas, parece razonable la oportunidad del proyecto de Ley del Gobierno aprobado en el Congreso y tramitado ahora en el Senado, sobre la Memoria de lo que representó la Guerra Civil y el franquismo. Respeto absolutamente la opinión y la necesidad de la reparación a las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura, creo que la Ley de Memoria sirve, en tiempos en los que el objeto de expectativa conforma ya el sustrato mismo de la investigación, no siendo, ni comportándose ya la memoria, en modo alguno, como sujeto de experiencia. La memoria es el útil instrumento para el conocimiento y en su caso reparación, de injusticias morales y pervivencias ideológicas del nacional-catolicismo.
Siendo atroces e injustas las críticas que no son de matiz sino de fondo de la derecha, creo que resultará más interesante analizar los matices que está realizando la izquierda política a la citada ley. Dichos matices se pueden resumir en tres puntos:
1) Defensa de una justicia retroactiva y no simplemente moral: Se trata una sugerencia profundamente equivocada por cuento defender argumentos de justicia retroactiva, así como publicar listas, resultaría un ejercicio de vergüenza y marginación moral hacia unos apellidos de personas cuyos antepasados defendieron unas ideas que quizá ellos ya no quieran defender. Pensemos en las consecuencias sociales y sobre todo morales, de familias en tantos pueblos donde se asesinó por motivos de venganzas familiares, chivatazos estrictamente por razones personales. Bajo la pintura de la ideología, en estos casos las paredes están hechas en no pocas ocasiones, de material estrictamente personal.
2) Amnesia:
Creo que no es correcto afirmar que existen lagunas en la historia de España sobre el periodo de la Guerra Civil y la represión franquista. No es cierto. Y es una evidencia fácilmente comprobable en cualquier biblioteca, el gran número de publicaciones, congresos y debates realizados sobre esta cuestión durante el periodo de la Transición. Se ha investigado mucho y bien. Afirmar esto, únicamente pretende criticar las bases sobre las que se plasmó la nueva democracia, un proceso según el cual, el Rey viene impuesto por las circunstancias (nombrado por Franco), y la fuerza de la derecha impidió un mayor desarrollo autonómico y social. Esta es la postura de ERC, que no busca sino objetivos políticos conocidos, tan respetables en su forma, tan impúdicos en su fondo y medio.
3) La errónea comparación entre el caso español y los fascismos europeos.
De igual modo, es un error establecer comparaciones entre las leyes de desnazificación en Alemania y otros países fascistas. España y Alemania de raíz tuvieron procesos históricos de conformación diferente y ritmos de sedimentación opuestos.
Represión y memoria…, esta es la Historia de la Historia. La presente reflexión no ha concebido el pasado sin rigor, pero tampoco he renunciado a realizar un pretérito sin compromiso. Frecuentemente el historiador se interroga sobre las formas de ejercer su trabajo: ¿Adónde va la Historia? Con toda evidencia, se trata de una cuestión pertinente. La Historia que se escribe es, en alto grado, resultado involuntario, incluso imperceptible, de infinidad de iniciativas, de historiadores individuales, de historiografías especializadas, de naciones y banderas, de influencias externas de tipo cultural, social, político… Para saber adónde va la escritura del pasado hay que aplicar no obstante, la voluntad de rigor y conocimiento, colocando la historiografía en el centro de atención. Y ese, a mi modo de ver, es el principal acierto de la Ley propuesta por el Gobierno. El rigor, y el conocimiento científico, profundo en la categoría de la memoria, hecha objeto, reside precisamente en establecer un análisis lo desde las sólidas bases que comportan los andamiajes de tener en cuenta, aunque duela, todas las variables.
Variables que van desde comprender que en la guerra mataron dos bandos, (si bien la acción de los alzados fue su eje vertebrador, y en el caso republicano tuvo el matiz de desbordamiento político, en el que sin duda, las autoridades republicanas pretendieron frenar siempre), entender que la historia nos muestra que el franquismo no fue un régimen uniforme en toda su extensión, concebir por último, como punto de partida, que la mejor memoria es la que se apresta a la voluntad de conocer, un querer saber que albergue todo aquello que preferiríamos olvidar. Como expresó Mario Benedetti, “Abajo, cerca de las raíces, es donde la memoria, ningún recuerdo omite”.
La ley sobre POR LA QUE SE RECONOCEN Y AMPLIAN DERECHOS Y SE ESTABLECEN MEDIDAS EN FAVOR DE QUIENES PADECIERON PERSECUCIÓN O VIOLENCIA DURANTE LA GUERRA CIVIL Y LA DICTADURA se puede consultar, junto con diversos artículos de opinión bajo la dirección:
http://www.almendron.com/politica/congreso/2006/A_099-01.pdf











