Rodion Romanovitch Raskolnikov se agitaba con desgana en su mugrienta estancia. Movimientos inútiles de desesperación, últimos estertores de un cuerpo vencido ya por el desaliento. Llevaba tiempo así, tal vez horas, tal vez días, abandonado a sí mismo, tirado en el sofá. Hundido en aquel hueco incómodo, mascullaba frases incompletas, incoherentes. Aquel remordimiento le atormentaba, le oprimía el pecho con una fuerza tal que paralizaba todo su cuerpo. El peso de la culpa le tenía allí, postrado, inmóvil.
¿No sería el uno de aquellos superhombres que estaban por encima del bien y del mal, como creyó? ¿Acaso se había equivocado al pensar que podía asesinar por el bien de la NACIÓN sin precio alguno? ¿Por qué? ¿No era aquella vieja arpía merecedora del castigo? ¿A quién podía importar la ausencia de un ser tan despreciable? En realidad, Rodia se encontraba en la fase segunda de Crimen y Castigo, aquella en la que uno se cuestiona si es realmente lícito lo que hizo.
Aquí, la trama está todavía menos desarrollada. Profanar la tumba de una víctima del terrorismo va más allá de una simple chiquillada. Es más que pisar unas cuantas flores o destrozar unas figurillas cerámicas en recuerdo de Gregorio Ordónez. Es mucho más que todo eso. Siempre claro, que uno que no se haya autoproclamado el Raskolnikov vasco encargado de purificar la sociedad en la que vive, de limpiarla de los elementos extraños, de maquetos despreciables que impiden la completa realización del PUEBLO VASCO.
No, señores batasunos, no se trata de un “montaje político y mediático organizado para perseguir y castigar a la juventud vasca y a la izquierda abertzale” como habéis declarado. No, es mucho más sencillo. Es la prueba evidente de que gran parte del mundo etarra y demás parásitos que le rodean, están todavía en la fase primaria de Crimen y Castigo. Actúan en beneficio de un bien superior, de una arcadia inmaculada llamada Euskalerria, por lo que todas sus acciones están más allá del bien y del mal. Tan sólo los necios, los seres inferiores que no entendemos esa buena nueva revelada, vemos crimen donde hay lucha contra la opresión.
Cabe preguntarse: ¿Alcanzarán esos chavales la fase siguiente de Crimen y Castigo? ¿Se verán atormentados por la pesada carga de la culpa? ¿Quién sabe? Rodion Romanovitch Raskolnikov dio con sus huesos en la cárcel, también de Juana Chaos, ninguno de los dos muestran signos claros de arrepentimiento. ¿Lo harán algún día los “cachorros-pisaflores”?












