Cuando se me invitó a escribir este artículo no sabía muy bien por donde enfocarlo ni siquiera qué decir, ya que el tema parece que está de una asfixiante actualidad, y no precisamente ensalzando los valores del mundo del toro, sino todo lo contrario.
Hay por ahí una serie de eurodiputados, muchos de ellos que ni si quieran conocen el arte de los toros, que están intentando poner trabas a más no poder para que la fiesta de los toros termine por extinguirse. Yo como joven y como progresista debo y tengo mucho que decir, ya que entiendo las posturas de los antitaurinos, que por cierto no existirían si las corridas de toros no existieran, muchos se han preguntado ¿qué harían si se prohíben los toros?
Bromas a parte, mi artículo lo quiero enfocar desde un punto de vista sentimental, sin este matiz, y cariz tan importante no se entienden tantas cosas en el mundo, y una de ellas son los toros. El sentimiento porque nosotros los taurinos que lo somos de toda edad, formación, y condición posible que crean ustedes, no vemos como una tortura, ni una matanza, las corridas de toros, las vemos como un arte, el cual solo lo pueden hacer unos pocos privilegiados capaces de tragarse todo el miedo frío casi de muerte, que produce el ponerse delante de un morlaco. Por eso es arte. No todos somos Goya, ni si quiera DiStéfano, o el admirable Adolfo Suárez. Por eso es un arte. De ahí que los sentimientos se expresen de una manera palpable. No vemos sangre, no vemos dolor, vemos arte, nos transportamos a otro mundo, a otra época, a otros lugares, dónde la vida y la muerte eran continuas y habituales.
Estamos hablando de un rito milenario que se conserva aún teniendo todos los avances posibles de la humanidad, en tecnología, educación, información, eso solo se puede entender si lo vemos y lo sentimos, si aplicamos el corazón. No le busquen ustedes otra explicación, uno es católico y apostólico y romano, y no trate de convencerle que no se hará protestante, uno es del Barça, y no se hará del Madrid, uno es del PP y no se pasará al PSOE. Así tantas y tantas cosas en la vida. Verdad. Los taurinos vemos en el toreo la expresión de lo que es la vida en sí, un rito de lucha, y esa lucha nos la permite solo un animal ayudado de eso tan raro que se llama bravura, que es el toro.
La humanidad no puede explicar que es el amor, la bravura del toro, tampoco. No entiendo por qué se quiere atacar a una tradición tan bella y fantástica como son las corridas de toros, tal vez porque no las conocen desde dentro. Los toros no son solo las corridas, es el campo, es todo lo que rodea al toro en el campo, es la plaza, la historia, los toreros, la vida de esas gentes que están entre burladeros, es el público. Un publico que sigue yendo a los toros a pesar de que desgrave un 16 por ciento de IVA, que no se considere cultura, que se le pongan trabas administrativas, o que se vete su retrasmisión.
Una fiesta que está viva en pueblos, en capeas populares, en corridas, en encierros, en los bous a la mar, y al carrer, en los toros enmaromados, en los toros de fuego, etc., todo ellos representan nuestra idiosincrasia como país, como pueblo. Nuestras raíces. Nos envidian muchos europeos de como España se ha sabido adaptar a la modernidad, octava potencia del mundo, pero sigue manteniendo vivos sus orígenes y tradiciones. Un espectáculo que se alimenta de él mismo es decir, no recibe tantas subvenciones pública como algunos quieren hacernos creer. Algo que no se puede prohibir poniendo como excusa derechos de los animales, sino más bien intereses políticos de unos que no creen en el pasado común de los españoles, y que no se dan cuenta que por esa zona de Tarraco entraron los toros de mano de los griegos y de romanos, así como por el sur lo hicieron los de Gerión en el Guadalquivir. Estamos en una sociedad globalizada, y capitalista, lo que no vale se desecha, los toros de momento funcionan y valen, son rentables. No sólo económicamente, sino también como nexo cultural con otras partes del mundo, y entre los propios españoles.
Solo pido a los taurinos respeto al TORO como respetamos a nuestro corazón, motor de nuestro organismo, ya que él es la pieza clave de nuestra fiesta. Seguir avanzando en la modernización de los reglamentos, intentando cada vez más y mejor reformar la surte de varas, banderillas, y la suprema, para demostrar a muchos que nosotros no somos arcaicos que nos adaptamos a las prerrogativas del propio publico taurino que asiste a los festejos, y que son ellos los retrógrados intentando prohibir algo que está que todavía sigue muy vivo- en nuestra sociedad- y recuerden que menos es más.
“EN ESTA VIDA SE TRATA DE VER MÁS ALLÁ DE LO QUE MIRAMOS”.











