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14 de marzo de 2010 - Núm. 1488
 
CRÍTICA LITERARIA
Número 174517 de Auschwitz

La obra de Primo Levi fue extensa y muy compleja. Aquí tratamos de esbozar los rasgos generales que engloban su literatura acercándonos a su libro Los hundidos y los salvados. Dicha obra requiere una lectura profunda y reflexiva que desde La Voz de Salamanca recomendamos. Teniendo en cuenta estos condicionantes, resultaría muy extenso y excesivamente técnico realizar un análisis profundo de lo que representa la totalidad de la obra, de modo que la crítica que realizamos no es total, sino que hemos optado por analizar uno de los conceptos describe Levi en el libro: La zona gris. Aquel espacio donde se hallan los menos malos, o los buenos que han de «corromporse», para salvar su vida. Levi no pudo soportar el cargo de culpa que representó ser un prvilegiado de los nazis y su conciencia moral no le permitió continuar viviendo. De manera que el título representa el deseo del autor de ésta crítica literaria de elevar a Primo Levi a la categoría de víctima, esto es, testimonio y memoria.

Daniel Molina

Primo Levi


2 de abril de 2007

TÍTULO: Los hundidos y los salvados

Autor: Primo Levi

Editorial: El Aleph Editores

Barcelona, 2005


“El hombre es indestructible y eso significa que no hay límites para su destrucción”

Maurice Blanchot (1907-2003). Ensayista y novelista francés

I. RESEÑA DEL AUTOR

Primo Levi (1919-1987), científico, novelista y ensayista italiano. Procedente de una familia judía, fue, sobre todo, superviviente del campo de concentración nazi, de Auschwitz-Birkenau, al que fue deportado en diciembre de 1943 con 24 años, allí desempeñó trabajos de laboratorio para el régimen nacional socialista. Su obra posterior es testimonio lúcido y analítico de aquella experiencia. Su estilo, se puede encuadrar dentro del Neorrealismo, tendencia que se manifestó con fuerza en la literatura italiana posterior a la II Guerra Mundial, al igual que en el cine. Los autores neorrealistas pretendían representar la realidad de la guerra, de la resistencia italiana al fascismo y de la posguerra, con el fin de dar testimonio artístico de una época que marcó trágicamente la vida de todo el pueblo italiano. La necesidad de plasmar historias de vida cotidiana, sufridas en primera persona, tanto por los escritores como por los lectores, hizo que el movimiento neorrealista se inclinara más por la prosa que por la poesía, que adoptase un lenguaje claro y comunicativo, y que rechazase la tradición literaria de la página bien escrita, tan de moda en la década de 1930. Los escritores se fijaban más en la experiencia literaria del verismo. La literatura concebida por los autores neorrealistas era comprometida políticamente, es decir, no se trataba de obras de entretenimiento, sino de libros cuyo fin era facilitar la toma de conciencia de la situación del momento, sugiriendo una reflexión sobre la reciente historia nacional y aprovechando la experiencia pasada.

Primo Levi en “Los hundidos y los salvados” 1986, (año anterior a su suicidio,) describe el infierno del Lager indagando en el significado del yo y del ser en el individuo, ante el miedo moral que supuso el infierno nazi. De igual modo analiza la existencia de un mal de tipo radical o moral, que sirve como fin en si mismo y un mal que podríamos llamar ordinario o común, cuyo funcionamiento se establece a partir de las situaciones o circunstancias extremas como guerras, desastres…

A lo largo de la obra, Levi no pone reparos: el mal es extremo, y ningún individuo está indemne a él. Reflexiona sobre aspectos adjuntos que determinan el mal, en sus distintos grados y matices: la violencia inútil, la comunicación, el intelectual en el campo ante el sufrimiento y la despersonalización…

En todo caso, hacer sufrir era lógico y comprensible para unos hombres que necesitaban demostrar su superioridad. Esa fuerza era razonable, y la circunstancia no debe sorprender, si admitimos que la preocupación por el propio bien es útil, de igual modo, puede llegar a ser gozoso procurar el daño al prójimo para obtener el propio beneficio ajeno.

De esta forma Levi se siente, no un superviviente, ni un privilegiado, afirma por el contrario, que los supervivientes no son por norma general, los mejores, son en todo caso los únicos, pero su memoria no es testimonio sino recuerdo, puesto que la única memoria son las víctimas. La reflexión que deja el autor, es compleja: a pesar de la singularidad de la historia, está claro que la repetición idéntica es imposible, y durante una generación al menos, la memoria de los crímenes pasados impide en nuestro continente, el regreso del horror. Sin embargo, lo que aparece en el horizonte no es el fascismo, sino el nacionalismo étnico o el fanatismo religioso. El sufrimiento estará presente mientras persista el miedo que active los mecanismos de mal ordinario.

Como decía Rousseau en “De la continuidad entre yo y el otro”, el bien y el mal brotan de la misma fuente: “Entre nosotros y los demás, nos alegramos de la felicidad de los demás y de su desgracia por la misma razón: porque realmente no están separados de nosotros mismos. La única diferencia está en la naturaleza de la relación que el individuo mantiene con los demás: su desgracia le alegra cuando se compara con ellos, sin dejar de serles ajeno, su felicidad también, cuando los vive como una extensión de si mismo. Sufre por su desgracia por contigüidad, se alegra de ella porque es su semejante”.

¿Encierra esta definición el concepto de Zona Gris? Antes abordar el tema y criticar más ampliamente la definición que aporta Levi, merece la pena, introducir brevemente el funcionamiento y establecimiento del Lager y los Sonderkommandos. (SK).

II. EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN. LOS SONDERKOMMANDOS

El campo de concentración, es un espacio creado con el fin de internar en él a determinados grupos de personas: minorías étnicas o religiosas, súbditos de otros países, detenidos y refugiados políticos, y prisioneros de derecho común.

En los campos de concentración los detenidos no han tenido un juicio legal, su periodo de reclusión es indeterminado y la dirección del campo ejerce un poder arbitrario e ilimitado. Aunque para este fin se han utilizado tipos muy diversos de instalaciones, suelen constar de bloques, barracones o tiendas de campaña rodeados por torres de control y fuertes alambradas. Los campos de concentración también son conocidos como campos de trabajo correctivo, centros de realojamiento y campos de internamiento o de refugiados.

Durante la II Guerra Mundial los campos crecieron en número y capacidad. Se crearon otros nuevos como Auschwitz-Birkenau, Natzweiler, Neuengamme, Gross Rosen, Stutthof, Lublin-Majdanek, Hinzert, Vught, Dora y Bergen-Belsen. A estos campos fueron llevados millones de prisioneros de los países europeos ocupados por los nazis (judíos, partisanos, prisioneros soviéticos de guerra o trabajadores extranjeros).

Los prisioneros trabajaban hasta la muerte en industrias como la química I. G. Farben o las fábricas de cohetes V-2. Aquellos que ya no estaban en condiciones de seguir trabajando eran eliminados con métodos como la cámara de gas, el fusilamiento o las inyecciones letales. También se utilizaba a los prisioneros para supuestos experimentos médicos.

A partir de 1942, como preludio de la derrota final en la guerra, Alemania puso en marcha “La solución final”, consistente en la eliminación sistemática de la mano de obra del Lager, que era deportada previamente al campo, para trabajar en condiciones de esclavitud para la fabricación de armamento e industria. El Lager está dividido en diversos barracones en los que podemos distinguir: criminales, políticos, judíos, SS, enfermería…las condiciones de trabajo, eran de extrema dureza física, con largas jornadas y raciones de comida escasas, que unido a las vejaciones morales, con un proceso de degradación moral y desintegración personal continuada, convierten el campo en un auténtico infierno. Así algunos prisioneros judíos colaboran en el proceso de exterminio de su propio pueblo. Estos comandos especiales, los Sonderkommandos, acompañaban a los deportados hasta las catacumbas del recinto, les aleccionan sobre cómo debían desvestirse, les guiaban a las cámaras de gas, recogían sus cadáveres, los incineraban y extraían las cenizas para que fuesen enterradas tras las alambradas. A cambio, conseguían alimento y disponían de cierta autonomía en el interior del recinto.

“No bastaba con relegarlos a las tareas marginales; la mejor tarea de atarlos es cargarlos de culpabilidad, ensangrentarlos, corromperlos lo más posible, así habrán contraído con sus jefes el vínculo de la complicidad y no podrán volverse nunca atrás” (Primo Levi).

Son los “prisioneros privilegiados”, que a cambio de garantizar la supervivencia durante unas horas o unos días, realizan la función de verdugos que suponían la máxima demostración de la humillación judía para los nazis, y a la vez, su descarga moral. Es lo que Primo Levi ha denominado con el concepto de Zona Gris.

Más de cuatro millones de personas, en su mayoría judíos, murieron en los campos nazis y otros dos millones más murieron en guetos por inanición y enfermedad o por fusilamiento a cargo de los grupos de asalto.

III. LA ZONA GRIS. CRÍTICA DEL CONCEPTO

Todo ser humano tiene la necesidad como animal social, de comprender la realidad que le rodea, un micro mundo de esquemas morales y culturales para sostener su propia dimensión como persona. Para poder comprender, existe la necesidad y a la vez el deseo de simplificar, todo ello se obtiene mediante un código, que a efectos de la comunicación racional supone nuestro lenguaje enriquecido a través de los conocimientos conceptuales que llevan en numerosas ocasiones a distintas interpretaciones ante un mismo hecho. Aunque en todas ellas prevalece un esquema común: la dicotomía entre amigo y enemigo.

La Zona Gris es aquel espacio que separa a las víctimas de sus perseguidores, está formado por individuos que sirven mediante el mecanismo del miedo a un poder totalitario. Todos ellos tienen una disposición más o menos vigorosa, pero teñida de matices y motivaciones singulares: terror, seducción ideológica, imitación servil, deseo de poder, e incluso, cálculo lúcido. Mikel Buesa, catedrático en la Universidad Complutense de Madrid, compara el concepto de Levi, con la situación política en el País Vasco, en su artículo publicado en ABC el 28 de Agosto de 2004, describe “La Zona Gris del País Vasco”, formada por todos aquellos que legitiman por alguna de las razones apuntadas más arriba, el terrorismo de E.T.A. Su composición mayoritariamente está formada por individuos que mediante el terror o el orden entendido a partir del miedo, se han creado su propio sentimiento de responsabilidad o culpabilidad, no siendo capaces de aceptar un problema político de tipo nacionalista etnicista entre Euskadi y el resto de España. Éstas personas, como los individuos de los campos de concentración, tienen el peso de una situación límite, la supervivencia. Cuando las S.S. o E.T.A. se debilita, la capacidad de corrupción y desintegración hacia los individuos es menor, cediendo la presión, disminuyendo por tanto sus apoyos morales y la sensación de miedo. Pero no la sensación de culpabilidad, porque el sufrimiento de la memoria no es patrimonio de nadie, sino de las víctimas. Sin embargo, los sobrevivientes, es decir la excepción, tienen el deber de testimoniar acerca de la regla; pero es la regla, esto es, las víctimas, las aportan el verdadero testimonio mudo.

Podemos criticar la definición de Levi, a partir de las características que todo concepto ha de cumplir en historia, en este sentido, podemos señalar que la Zona Gris como un concepto fidedigno puesto que se puede comprobar mediante fuentes de tipo oral e incluso arqueológica (campos de concentración), de igual modo, es operativo ya que sigue una causalidad: la degradación física y moral en una situación límite lleva a la conformación de los mecanismos del miedo a partir del cual se establece los Sonderkommandos y la Zona Gris. No podemos sin embargo, decir, que todo ello tenga un carácter empírico, no es posible establecer de forma aparente ninguna representación gráfica o matemática del problema, al menos de forma totalitaria, por el contrario si podemos establecer una relación entre los supervivientes de los campos de concentración y su procedencia, en este sentido, se puede concluir que la mayoría de los que salieron vivos de los Lager fueron prisioneros privilegiados, que sin duda formaban parte de la Zona Gris, fijándose un vínculo entre pertenencia a y supervivencia por. En todo caso, esta relación resulta quizá insuficiente para justificar científicamente el concepto.

De igual modo, se pueden matizar otros aspectos que tienen que ver con la semántica en lo que representa un rasgo intrínseco del conocimiento que se construye sobre la Historia, ya que sin duda, no cabe sobre los hechos ninguna observación directa. Cowie menciona como dificultades concretas en el aprendizaje de la historia, la escasa capacidad para ver vínculos, encontrar relaciones, establecer contrastes y generalizaciones o discriminar. Podemos fijarnos en el mecanismo a partir del cual se forma o se establece la Zona Gris. De ésta manera, el concepto, no sería más que un modo de Feudalismo Moral, que puede estar presente en toda época de la historia.

En el Feudalismo Moral, los integrantes, es decir las “víctimas privilegiadas” están dentro de un compromiso o contrato a partir de unos instrumentos de coerción de tipo económico, político, o religioso, que en último término, determinan su propia vida. Supone el establecimiento de una serie de obligaciones que conforman redes de macabra fidelidad vasallática. Hablamos de feudalismo Moral, porque el privilegio obtenido es el de la supervivencia, y los instrumentos que crean la fidelidad se forman a partir de la degradación o deslegitimación del individuo, en el que está presente siempre una situación de miedo. A los ejemplos aportados del nazismo y el terrorismo etarra, podíamos añadir el integrismo islámico, o los dogmas de algunas religiones en África o Asia. En todos los casos, esta Zona Gris, que en cierto modo legitima o implícitamente apoya acciones de violencia, viene sin duda determinada por la amenaza ejercida a la población a través de instrumentos políticos o económicos que generan, un miedo ordinario, puesto a prueba en una situación límite de supervivencia personal.

Para Foucault, el miedo se opera cuando se abandona el viejo derecho de la soberanía de hacer vivir o dejar morir. En el caso del régimen nazi, se dio la máxima invertida, es decir, dejar vivir (como elemento de excepcionalidad), de la que surge la vinculación personal aludida, donde se forma la Zona Gris, aquí podríamos encuadrar a los prisioneros privilegiados, y dejar morir, la normalidad, en este grupo podemos incluir el estado de musulmanería ampliamente descrito por Levi a lo largo de la obra.

El Estado Nazi actúa como un regulador feudal, pero no de la vida, sino de la muerte, es el bio-poder. Según Agamben, todo individuo tiene una identidad entre hombre y no hombre, es el Yo y el No-Yo de Hermann Hesse. Según éstos autores hay que tener en cuenta que no en todos los casos la despersonalización llega hasta las últimas consecuencias, nunca es posible destruir íntegramente lo humano, siempre queda “algo”, son los mecanismos de defensa consistentes en desear la muerte como escapatoria moral para poder resistir, para poder subvertir la lógica de la fuerza de lo irracional. Pero para llegar a este nivel, es evidente que la degradación y la corrupción personal no es ni mucho menos total. El suicidio, por tanto simboliza el acto supremo de libertad, ser protagonista de la memoria colectiva del olvido.

Primo Levi tuvo que hacer una elección entre la culpabilidad y la desesperación, el ejercicio de su soberanía, o lo que es lo mismo, la ruptura del Feudalismo Moral, le llevó a renunciar a la vida. Enlazando con el inicio, el suicidio es el único código, el único lenguaje, que lleva a una comprensión que no desemboca en la simplificación de la dicotomía.

 
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Por Daniel Molina

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