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20 de marzo de 2010 - Núm. 1494
 

El menos malo a los ojos del centro
José J. de Vega

23 de abril de 2007

Parece que la política ha recuperado el espacio que nunca debió perder, y la democracia ha vuelto a vivir una fiesta. La participación en las Elecciones Presidenciales Francesas ha sido la más alta desde la instauración en 1965, y es un ejemplo más de las altas cifras vistas últimamente en algunos paises de América.

En las pasadas elecciones, el paseo militar de Chirac sobre Le Pen nos supo a poco. Para alegría de los medios, esta segunda vuelta es el clásico escenario entre izquierda y derecha, eso sí, a la francesa. Mientras que en España los dos grandes partidos llevan unas políticas económicas esencialmente parecidas (lo que sin duda ha sido uno de los pilares de nuestro progreso económico), las propuestas de Sarkozy y Royal presentan matices importantes que el electorado francés sabe leer con inteligencia. Lo que queda por saber es si el trasvase de voto centrista de Bayrou, a priori el menos ideologizado, se moverá en función de estas diferencias o probablemente, más bien en función de los gestos e imagen del candidato que sepa convertirse en «el menos malo».

Bayrou ha tirado del reciente, pero nada novedoso, discurso centrista con matices antisistema y antipartido, y ha sabido convencer a un nada desdeñable número de votantes, votos que serán los que inclinen la balanza en favor de uno u otro lado, pues el voto de extrema derecha (Le Pen) e izquierda (los otros nueve) se compensa por la diferencia de voto actual entre los dos ganadores. Se trata de un voto con un fuerte componente de castigo hacia los grandes partidos en busca de cualquier otra alternativa, papel que en las anteriores Elecciones supo representar Le Pen y en estas, Bayrou. A priori, hay mucho más voto de derechas que de izquierdas en Francia pero el voto moderado siempre se ha escorado ligeramente más a la izquierda que a la derecha, lo que es la gran baza de Royal, que tiene que evitar a toda costa la abstención de los partidarios de Bayrou. Con estos matices se me antoja que la participación en la segunda vuelta se va a situar en niveles mucho más bajos y que los votos que consigan captar Royal o Sarkozy van a ser más en contra del adversario que por mérito propio.

Si los partidos hacen este mismo análisis no tardaremos en ver una campaña mucho más dura, con ataques más hacia la persona que hacia las propuestas, y con dos candidatos que moderarán sus discursos y apariciones buscando no cometer el error, la declaración o gesto inoportuno, que pueda inclinar la balanza en favor del otro.

 

Por José J. de Vega

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