Saltaba de página en página, sin interés, apático. Pronto acabaría su jornada laboral y marcharía de vacaciones de Navidad. En sus manos tenía un periódico antiguo, de los de antes, de los que los paisanos de otro tiempo compraban en los kioscos, de los que se hacían en papel. De repente, su mirada se fijo en una de las columnas laterales. No sabía bien por qué. Nada tenía de especial. ¿Qué le hizo entonces detenerse allí? ¿Sería la fuerza rítmica del titular? ¿Acaso la incógnita de un significado oculto tras unas siglas? ¿Qué diantre sería aquello de E.T.A? Estaba apunto de marcharse. Pero decidió que no; se quedaría y leería aquello de: Los que acabaron con E.T.A.
La noticia no era larga, apenas un centenar de palabras. En términos muy esquemáticos, casi telegráficos se decía:
« La que un día fuese banda terrorista E.T.A ha dejado finalmente las armas. Todos sus dirigentes están pendientes de juicio. El entorno de fanáticos que la jaleaban, la temían y no osaban levantar su voz de condena pasó también a mejor vida. Enredados en una ideología del ya lejano siglo XIX, habían terminado renegando unos, en el psiquiátrico otros y a la sombra los menos.»
El recientemente elegido Lehendakari negro don Juan José Burkinafaso Gaizkoitia de Todos los Vascos declaraba ayer, unas horas después de conocerse la noticia, que era el día más feliz de su vida.
- Por fin, los vascos y las vascas podrán vivir libremente en una tierra espléndida como esta - dijo a nuestro corresponsal- Por fin, acabó esta pesadilla.
Según fuentes consultadas por este periódico, las claves de la rendición incondicional del grupo terrorista han sido dos:
o Por un lado, el principal partido de la oposición llevaba tiempo trabajando de la mano con el gobierno. Muy atrás quedaban ya, otros tiempos ruines donde se utilizaba el terrorismo para desgastar al ejecutivo, aprovechando cualquier oportunidad para sacar rédito político de las vilezas de unos piraos, anclados en la trasnochada ideología nacionalista. La unidad de todos los partidos había ido estrechando el cerco del entorno radical.
o Por otro, la inmigración, tan denostada por algunos, había resuelto la ecuación; el embrollo de un proceso de violencia, nacido con y, en parte, por el franquismo. Aquel lejano año de 2007 en que acabó el horror terrorista había empezado de forma muy significativa. El primer bebe nacido en España era de padres rumanos y las últimas víctimas de E.T.A dos humildes ecuatorianos, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Eran ellos precisamente los que acabarían con E.T.A. Y es que además de viajando y leyendo, el nacionalismo radical se cura con la integración de los inmigrantes. Las sangres se mezclan, las identidades de diluyan; y se evaporan al fin las esencias puras y los dogmatismos intransigentes.
El Imparcial, domingo 30 de diciembre de 2007.
Ahora sí, por fin, iría a casa. Tomaría el tren de alta velocidad. En apenas cinco horas cruzaría los Pirineos y surcaría la piel de toro hasta llegar a su pequeño pueblo, de cal blanca como la nieve. Cargado de cansancio y de unas ojeras que le avejentaban no pocos años, iría al encuentro de su belleza de ébano Nimjin Abd-del Krim y de sus hijos Osama, Thais y Osvaldo. Allí le esperaban las tostadas de caldillo, la sierra y sus espárragos, el nuevo año de 2050 cargado de sorpresas y aquel titular impactante en su memoria: Los que acabaron con E.T.A.
Ojalá tus palabras sean proféticas, Paco, y desaparezca de una vez por todas el terrorismo etarra. Ojalá un día podamos brindar con un buen vino por el fin de esta vil ETApa.
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