“Los que hemos probado el cáncer, les saludan”. Con esta cruda y real sentencia reaparició Carlos Llamas el pasado lunes tras casi nueve meses fuera de la antena de la radio. Fue un reencuentro emocionante y emocionado, y en el que el periodista zamorano, con certeza el mejor locutor de radio tras la marcha de Iñaki Gabilondo, titubeó, dudó, sudó y exploró un terreno, el de los sentimientos, que está hoy situado en las antípodas de lo que puedan insinuar las ondas, hasta ayer, tan viudas de ingenio y de ironía.
Su voz, temblorosa, ronca y rota, “asabinada”, amistad y admiración por Joaquín aparte, a su pesar, venía desde el mismísimo infierno y se metía en las entrañas del alma. Unas entrañas que a punto han estado de convertirse despojo por la enfermedad culposa. Los que hemos estado cerca de la muerte, sabemos perfectamente qué se experimenta, qué se siente y qué se anhela al comprobar, como el azar o devenir de biología, concede una prórroga, roñosa sin duda, pero vida.
Pero la reaparición de Carlos Llamas es una buena noticia no únicamente desde el terreno de la salud vital. En una época donde la informática y el mundo multimedia invaden nuestro espacio, el compromiso con la información rigurosa, aquella que permanece ajena al dilentantismo, se hace tan necesaria como imprescindible. En esto reside la grandeza de Carlos Llamas: la de saberse importante a partir de un ejercicio de coquetería periodística al revés.
Y nosotros aquí en La Voz de Salamanca: ¿Estamos haciendo intrusismo cuándo ejercemos la tarea de informar sin ser profesionales de la información? Esto es lo que me pregunta un amigo y lo que me pregunto yo también sin encontrar una respuesta clara. En todo caso, cuando el receptor se dispone a leer cualquier documento se traslada por un tiempo a un espacio creado y pensado a partir de un conjunto de estímulos mentales y emocionales que se transforman en letra impresa y cuya finalidad es tratar de relatar, explicar e interpretar. Si desde cualquier disciplina (historia, poesía, derecho, ensayo...), escribimos desde esta premisa y con la humilde pero irrenunciable soberanía de intentar expresar algo que va más allá de las palabras, que son las fronteras del alma, con el único medio del lenguaje escrito, no realizaremos un ejercicio de intrusismo sino de compromiso irrenunciable, primero con nuestra necesidad de querer contar sensaciones, y segundo con el lector al que queremos hacer explorar ese camino de aprehensión sensible. Sea poesía, historia social, sociología histórica, historia del derecho, historia del arte...Sólo a partir de que consideremos la escritura como un proceso dinámico y cambiante, escribir resultará la vía más eficaz para acercarse a la mentalidad de una sociedad sea esta pasada o presente.
La grandeza de Carlos Llamas reside no en saber que nos va a comunicar una determinada información, sino que ese proceso comunicativo no será deliberativo sino hermenéutico. No será maniqueo sino plural, permitiendo enriquecer con elementos novedosos el conocimiento y percibir la información como un proceso significativo para los receptores. Seguramente todo ello responda al deseo de intentar desentrañar el horizonte de las sensaciones, para de este modo hallar el verdadero conocimiento de la realidad, esa densidad profunda que ha escrito Lledó en su Trama del tiempo y que Charles Chaplin definió de manera magistral en una frase profundamente interdisciplinar: “El verdadero significado de las cosas, se encuentra al decir las mismas cosas con otras palabras” .
Ya era hora de que alguien lo dijese: Carlos Llamas es el mejor periodista de nuestro país. En cuanto al intrusismo, creo que hay que ir al caso concreto, y no se puede partir de una idea general.
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Casos concretos hay muchos,Maite Saldivar, j, Parada , Belen esteban , los niños de OP, Aida Gran hermano etc , etc. ¡ Así nos va!
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