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20 de marzo de 2010 - Núm. 1494
 

Ruinas discursivas
Alfonso Manjón

1ro de junio de 2007

En esta semana de resaca electoral, donde las fuerzas políticas negocian y sugestionan sus posibilidades de gobierno allende y cómo puedan, nos queda, además de las ruinas discursivas y la cavilación, el agridulce sabor del antes y del después de unas elecciones que se presentaban como un enfrentamiento bis a bis de cara al año que viene.

Por un lado el PP. Aquel cuyo secretario general criticó que Zapatero se lo estaba tomando demasiado en serio viajando y discursando las opciones de aquí para allá, cuando él protagonizó, nada más y nada menos, que 22 mítines en un recorrido de 14.000 km. Aquel partido que con insultos se alejó del gobierno, se postuló, y se ha postulado después, como “un partido político moderado [...] como los que gobiernan en Alemania o Francia y con convicción de gobierno” . Un partido “abierto a todos”, que expresó el miedo de los socialistas cuando, dicen, piden el voto en contra, mientras ellos, no hablando de sí mismos, llaman “a los que crean que hay otros que no hacen las cosas bien”. Un partido que “ha centrado su campaña en abordar los asuntos que preocupan a los españoles” hasta el punto de afirmar que con este gobierno socialista “los problemas que realmente preocupan a la gente han sido desatendidos”. Quizá es que la Ley de Dependencia, la nueva Ley de Igualdad, la Ley del Suelo y la lenta disminución progresiva del nivel de subida del precio de la vivienda, la rebaja del IRPF, el aumento cualitativo y cuantitativo de becas y ayudas, o el estudio de la creación del estatuto del trabajador autónomo o la ley de solidaridad con las víctimas del terrorismo (por poner algunos ejemplos), no son cosas que preocupen a la gente. No lo sé. Lo que sí sé es que hablamos de ese partido cuyos representantes no sólo es que critiquen la política antiterrorista del gobierno, lo cual es muy legítimo, sino que inconsideradamente hablan de terrorismo hasta en el acto del voto, diciendo que lamentan que «los incidentes estén donde siempre» (cualquiera diría que lo dicen con un desprecio impreciso). Un partido que promete, si ganan las elecciones el año que viene, un cambio político “tranquilo pero imparable” (ahí se ve el lema de “Confianza”), donde “De Juana estará donde le corresponde, que es en la cárcel, Otegi será juzgado y Batasuna no se presentará nunca a unas elecciones”. En fin, habrá que tener en cuenta estas palabras si toca el burro la flauta.

Por otro lado el PSOE. El partido de la “tolerancia” y el “entusiasmo” frente a «la crispación, el rencor y la frustración» del «partido de la mentira». Y si el PP hablaba de la política del miedo en los mítines socialistas, éstos hablan de “crispación” y “política de abstención” del voto socialista en el PP. Zp habló en contra de la actitud del PP allá donde fue, y como sensatez presidencial siempre habló de las elecciones como “una renovación de la democracia” donde no importa el enfrentamiento que vemos porque siempre lo ha habido y porque en la «tónica» habitual, hay «una parte crítica».

Éste, acabadas las elecciones expresó su satisfacción por los resultados, y se alegró de que el PP también lo hiciera, porque “que mejor que todos estemos satisfechos”. Y creo que esa frase describe la tónica política que ahora vivimos: Cada uno se pone sus medallas y barre para casa. El caso es que el PSOE habla de que después de las elecciones tienen “mucho más poder y peso institucional”, de que “no sólo ha consolidado su poder territorial, autonómico y local”, sino que ha sido “el único partido que lo ha aumentado”, de que el PP ha ganado en número de votos por los que los socialistas perdieron en Madrid (porque quitando Madrid, ellos tienen bastantes más), de que tienen “la posibilidad de gobernar 3 comunidades autónomas más” y gobernarán “12 capitales de provincia más, obtenemos 5 nuevas diputaciones que pierde el PP y superamos en cerca de 700 concejales al PP”, y se refiere al partido que “es incapaz de gobernar si no es con mayorías absolutas”, diciendo que “¿cómo es posible que el señor Rajoy saque pecho por mantener comunidades autónomas que ya tenía y sin embargo no haga la mínima autocrítica por las grandes ciudades y las comunidades autónomas que ha perdido?” preguntándose “cómo va a explicar ese supuesto triunfo a los candidatos a la alcaldía de las 12 capitales de provincia y a los ex presidentes de las 5 diputaciones provinciales que ha perdido”... Por su parte, los del PP se defienden y atacan asegurando que el número de votos es lo que importa para las elecciones del año que viene, que tienen 600 mayorías absolutas más que el PSOE en ayuntamientos, que la abstención más elevada de España -y habría que preguntarse por qué- se ha dado en las dos comunidades autónomas más pobladas y que gobierna el PSOE, que el PP ha vencido en ocho CC.AA., frente a cinco el PSOE, y que tiene más votos en el doble de capitales de provincia que los socialistas, que es la primera vez que el partido que gobierna España “pierde las primeras elecciones municipales y autonómicas que convoca”, que estos han sido “los mejores resultados -en unas municipales- que ha tenido el PP a lo largo de su historia y existencia como partido político, tanto en número de votos como en porcentaje”, etc. Y todo regocijándose en los resultados obtenidos en la capital española, donde, sin duda, la derrota del PSOE y de aquellos que gritaban aquello de “Madrid entero, socialista obrero”, fue pasmosa. Sin duda, Madrid fue la ciudad donde más se criticó al PP desde el PSOE con frases tan incisivas como que votar al PSOE era «frenar a la derecha castigadora, intransigente y sectaria y para que Madrid no se quede atrás y esté al frente de la España de Zapatero», que Esperanza Aguirre era “de la derecha más dura [y] representa los intereses más poderosos”; o frases tan sutiles como «Vamos a recuperar Madrid para la España de paz, de solidaridad y de concordia, la de la igualdad, para la España europea, del progreso, del crecimiento y de la política social» o «Por cada insulto de la derecha, me habéis dado un abrazo, por cada calumnia un beso y un apretón de manos y por cada insidia fuerza, cariño y apoyo. Nunca lo voy a olvidar».

Queda preguntarnos: Aunque las elecciones autonómicas sean un principio óptico de las generales, ¿no es hora de que los partidos se paren a pensar?, ¿no debemos esperar a ver las estrategias al cabo de este año?, ¿no es verdad que mucha gente no vota lo mismo para unas elecciones que para otras?, ¿no es verdad que para las generales mucha gente desecha su voto regionalista para votar a uno de los partidos principales -muchas veces por no ver a cierto grupo en el poder-?, ¿no es verdad que las encuestas del CIS daban la victoria al PSOE por 3 puntos?. En definitiva, muchas más preguntas y respuestas de las que yo doy y no paro a responder.

 

Por Alfonso Manjón

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