Cuando Otegui y Eguiguren se reúnen secretamente siendo Aznar presidente del Gobierno, Zapatero dejó de cumplir el pacto antiterrorista. Este hecho fue así por mucho que se empeñe en no contestar la pregunta formulada en dos ocasiones por Gabilondo en la entrevista del pasado jueves, en la que por cierto Iñaki ejerció con una maestría admirable, su cátedra de periodista y de consumado entrevistador.
Y es que no está ni mucho menos acertado el Presidente, tal y como apareció en la entrevista de Cuatro, cuando defendió la interlocución con Batasuna, que no es nadie. Zapatero además, se mostró y se muestra ingenuo al concederle a Otegui o Barrena, alguna capacidad de liderazgo sobre el proceso, y no solamente en el punto de inicio, sino en conversaciones posteriores al robo de armas, y el recrudecimiento de la Kale-borroka. El silogismo de partida para la negociación, esto es, el plan de actuación que estableció el Presidente es del todo un disparate: A medida que crecen las contradicciones entre el universo abertxale y el mundo orgánico de ETA, el universo abertxale se irá desplazando de la tutela terrorista. La realidad está por el contrario muy lejos de elucubraciones filosóficas ya que el mundo abertxale sin ETA, es prácticamente inexistente. Y esto no es por miedo o cobardía frente al mundo armado, sino sencillamente porque no hay un proyecto político con vocación mayoritaria entre el nacionalismo vasco que representa el PNV y el soberanismo.
Por tanto, si Zapatero hubiese actuado responsablemente tras la ruptura del alto el fuego, que se produce, recordemos, el día 30 de diciembre, se empezaría a tratar a Otegi y a Barrena, como lacayos incapaces de condenar la LITURGIA (con mayúsculas) del crimen.
Y esta lección, este capitulo, que venía marcado por el pasado bajo los gobiernos de Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar, consistía básicamente en entender la pertinencia de un gesto claro e inequívoco de independencia o de voluntad real de desmarque con ETA, antes de iniciar cualquier proceso, es decir, se debía producir la prueba de condena de la violencia. Frente a esto, se optó por exponer literaturas nacionalistas que Eguiguren y el líder de Batasuna, en un determinado momento pudieran llegar a compartir. Zapatero actuó bajo la lógica errónea sencillamente porque ha sido históricamente falso que el mundo ETARRA se pudiera dividir, y el tiempo ha acabado demostrando que se trata de un entramado donde las funciones están diversificadas y en las que cada uno cumple determinados papeles. Eso es lo que en términos políticos se ha retrocedido con respecto a la tregua producida en la época de Aznar (los retrocesos en el debilitamiento del mundo de ETA son evidentes con un proceso de rearme y una dosis de financiación extra al entrar ANV en las instituciones).
Ahora volvamos a la entrevista y examinemos cuestiones muy concretas.
Pregunta: «¿Qué es, optimismo o ceguera, cuando llegan señales que usted no parece percibir?» (Robo de armas, atentado en Barajas...)
Pregunta: “¿Qué información tenía usted la víspera, cuando dio el gran resbalón?” (Anunció un futuro esperanzador el día antes del atentado de Barajas)
Zapatero respondió: “Mis expectativas tras el atentado quedaron prácticamente reducidas a la nada”.
Pregunta: “Prácticamente, porque poco después envían a De Juana a San Sebastián”.
Respuesta: “La política penitenciaria forma parte de la política anti-terrorista”.
Pregunta: “¿Entiende que ha sido un error lo de De Juana? ¿Volvería a repetirlo?”
Respuesta: “Preservar la vida es un objetivo fundamental...”
Pero lo más gordo, si hablamos de términos políticos, es que el Presidente no contestó, porque sigue sin pensarlo, una pregunta clave que le formuló Iñaki: “¿Cuándo pensó usted que le estaban engañando?” Como respuesta, Zapatero argumentó que ETA perseguía objetivos políticos. Algo evidente si lo entendemos a partir del texto de la resolución del Parlamento que exponía muy claramente: Constatación del final de la violencia, y no entrar en una negociación de contenido político. La primera quedó clara con las pistolas de Francia y con las cartas de extorsión no sólo a empresarios sino también a gente de la Universidad que ha tenido que marcharse (en pleno proceso), y la segunda en que la insistencia inexorable de formar una mesa política, se producía como puede entenderse, y esto es obvio, por evidente, para negociar sobre Navarra o para negociar sobre la autodeterminación.
La lección que podemos extraer para el futuro es que no es lo mismo, sencillamente porque no es igual, ni semántica, ni ligüística, ni por supuesto políticamente, el agotamiento y la voluntad de abandono. No hay una correa de transmisión entre el primero y la segunda. Y para ello, tiene que existir una presión policial que si bien se dio durante el periodo de Aznar, se interrumpió con Zapatero a partir del señuelo que Otegui envió a Eguiguren. De nuevo, y contra el deseo antropológico de Zapatero, se impone el pesimismo de la razón, frente al optimismo de la voluntad.
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