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25 de julio de 2008 - Núm. 892
 
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Abusos y explotación
Alfonso Manjón
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15 de junio de 2007

Hoy todos hablan de treinta quinces de junio que no podemos dejar de elogiar. España hoy tiene nombre. Pero yo quisiera, prorrogando un tanto mi opinión frente al tema, hablar esta semana de otro de los problemas más vívidamente crudos del planeta: el trabajo infantil.

Este martes pasado, día 12 de junio, se llevó a cabo el Día Mundial contra esta mísera realidad. Según las últimas estadísticas, más de 218 millones de niños son víctimas de la explotación infantil y se ven obligados a la ejecución de trabajos forzosos. A trabajos forzosos … Resulta que como trabajo debiéramos entender la realización o la puesta en práctica de las capacidades productivas del trabajador para fomentar la riqueza socioeconómica de un país. Y cómo se diría desde la OIT, el trabajo infantil “es una señal trágica de que la sociedad se está empobreciendo y minando su potencial de desarrollo”. Y esta situación, este problema, entendamos el concepto, no sólo se circunscribe a los países pobres del tercer mundo -aunque sí en su mayor parte-, sino también en países industrializados.

No obstante, se afirma igualmente que en los últimos cuatro años se ha conseguido acabar con el 11% de esa explotación, lo que se traduce, nada más y nada menos, que en 28 millones de niños -aunque Brasil y México absorben el 60% de esa disminución-. Y la forma no ha sido otra que aquella por la que se debiera apostar con mano firme en los próximos años: el endurecimiento de las leyes, las ayudas estatales contra la explotación infantil, y el traspaso de las normativas al respecto que se tienen en los países desarrollados a los subdesarrollados. Con todo, las organizaciones internacionales que combaten este tipo de abusos, como la OIT o Save the Children, lo que con preferencia procuran y piden es, como diría Berta Horno, “hacer visibles a los niños trabajadores”. Hacerlos visibles para que “puedan ir a la escuela y tengan buenas condiciones laborales e higiénicas" y "no criminalizarlos por el mero hecho de tener que trabajar", porque, por ejemplo, en Colombia, existe una censura social mayor hacia los 35.000 niños que son explotados sexualmente que contra sus explotadores. Maritza Díaz añadía: “Socialmente no está mal visto que un hombre pague por tener sexo con un menor de edad, pues dicen que así los ayudan para que no mueran de hambre, mientras que en el caso de las niñas, no las consideran como tal, sino como mujeres prostitutas”.

La realidad es que siguen siendo 218 millones de niños los que viven sometidos a sufrir la servidumbre por deudas, la esclavitud -8,5 millones de niños-,el trabajo forzado por problemas en la economía familiar de sus respectivas casas o por la pérdida de sus padres-tutores y para su propia supervivencia, el tráfico de niños y la trata infantil -lo cual mueve 23.500 millones de euros al año-, la explotación sexual, la producción de pornografía -por la cual 1,8 millones de niños son víctimas con fines comerciales-, el tráfico de drogas y estupefacciones, el reclutamiento para combatir en conflictos armados, la adopción ilegal, el tráfico de órganos y, sobre todo, el trabajo en el campo -unos 132 millones de niños y niñas trabajan en campos y plantaciones de todo el mundo, con salarios miserables y expuestos a pesticidas y a maquinarias peligrosas-.

A falta de contar con las cifras y formas de trabajo que se dan en Asia -un caso recientemente salido a luz es el de los 1000 niños que fueron secuestrados en China y a los que se les hacía trabajar 14 horas al día, se les daba poca comida y eran golpeados con asiduidad-, África sufre la explotación de 72 millones de niños, de los cuales el 70% son explotados en actividades agropecuarias, y América Latina unos 5,7-5,9 millones, los cuales trabajan en la agricultura y otros sectores de alto riesgo como los basureros, el trabajo doméstico y sexual, la corta de la caña de azúcar, la cohetería, la pesca o la minería -muy significativamente en Potosí, Bolivia-.

El planeta debiera apostar por la erradicación firme de este tipo de abusos y explotación a través de leyes de protección y ayuda y leyes sobre condiciones del trabajo. Esperemos que el tiempo cure las heridas.

 
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