Europa se amplió de 15 a 27 países, y aunque el Tratado constitucional fue detenido por Francia y Holanda con su voto negativo, no está paralizado como los escépticos augures pregonan.
Desde su fundación, primero como Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), y posteriormente como Comunidad Económica Europea (CEE), la actual Unión Europea ha ido avanzando de crisis en crisis. La evolución puede haber sido frustrante para los que son, de por si, irreflexivos pesimistas, pero el camino hacia el futuro, hoy ya presente, se ha ido haciendo lentamente como si del paso sólido de un elefante se tratara.
Pensar que Europa da marcha atrás es no conocer el proceso iniciado hace más de medio siglo. Los viejos europeístas no han muerto; su trabajo, su sueño, son actualmente una realidad. Los tratados europeos existentes son vigorosos, y unos a otros se impulsan avanzando, ninguno sobra, todos se complementan, al trasformarse y adaptarse a las nuevas realidades y necesidades.
La Constitución europea se ha considerado necesaria como norma recopiladora de los tratados europeos en un solo texto, adaptándolos a la realidad superadora de la guerra fría para alcanzar a una Europa unida.
A pesar del parón franco-holandés que ha sufrido la Constitución Europea, se ha seguido haciendo Europa,; así, se ha aprobado el presupuesto para siete años, se han marcado nuevas estrategias para la energía y el medio ambiente, y se ha avanzado en políticas de inmigración, justicia e interior, entre otras. Se están tomando decisiones,a pesar de todo, que hacen más y mejor Europa.
Que un número de países minoritarios, por muy cualificados que sean, traten de retrasar la puesta en marcha de la Constitución europea, no supone que se niegue el futuro de la misma, más bien al contrario. Siguiendo el proceso histórico, el avance constitucional no es aprobar la Constitución en sus iniciales y primigenios términos (ratificada ya por dieciocho países y otros dos a punto de ello), si no que sus principios, valores y objetivos se sustancien en una norma simplificada que sin etiquetas y símbolos provocativos (término constitución, bandera, himno….) no genere rechazo en los gobiernos euro escépticos y en los ciudadanos de los países menos receptivos a la misma.
Lograr un tratado en el que se conserve el 90% de la Constitución inicial es el paso necesario para que un día se alcance el último peldaño de la escalera que los fundadores vieron con largueza. “Vista larga, paso corto, dialogo y firmeza” fue su lema, seguirlo es llegar a la meta, que dejó de ser una utopía para llegar a alcanzar la Europa Unida Federal.
Hoy, España contribuye a que Europa avance, considerando que una Europa unida es necesaria más que nunca en un mundo más globalizado e interdependiente. España quiere una Europa más eficaz, más transparente y más democrática, dotada de políticas fuertes y sociales al servicio de los ciudadanos europeos, para ello ha presentado, junto con Francia, en el Consejo Europeo, celebrado recientemente, un decálogo ampliado a 12 puntos que recoge los avances definidos y señalados inicialmente por la Constitución, para incluirlos en el nuevo y simplificado Tratado Europeo de carácter constitucional que permitirá dar nuevos pasos de futuro.


















