Hace un año, día más, día menos, daba comienzo la guerra de Israel contra las milicias de Hizbolá en el Líbano. Hace un año, parte del mundo intelectual progresista judío pedía a gritos a Israel que pusiera fin a la guerra, que se retirara del Líbano y que dejara de matar indiscriminadamente a mujeres, niños y hombres. Entre esos intelectuales se encontraba quien escribe el presente texto. Después de haber escrito un manifiesto para posicionarme contra la guerra no sólo en el Líbano sino contra el “genocidio” palestino, he recibido una cadena de mails en los que se agredía a mi persona y en algunos casos a mi propia familia. Lo doloroso en todo caso no fue solo recibir estos mensajes epistolares cargados de odio en alguno de los cuales hasta llegaron a calificarme de “Hitler”, sino que estos mensajes han provenido de miembros de la comunidad Judía de Tucumán, a la cual he pertenecido durante muchos años y en la cual he trabajado como educador siguiendo los pasos de mi madre, quien se ha desempeñado como docente de la escuela judía por más de 30 años.
La reflexión que hoy me mueve a escribir estas líneas tiene que ver con lo poco que han cambiado las cosas en el mundo judío desde entonces, donde la derrota de Israel en Líbano debió haber hecho reflexionar al mundo entero de cuan absurda son las guerras. Hace un año que terminó aquella aventura guerrera de Israel en el Líbano y que se saldó con más de 1200 libaneses y cerca de 160 israelíes muertos. Lo más preocupante en todo caso es que la sociedad israelí y parte de la comunidad judía mundial, no haya cuestionado la guerra en sí, sino el mando de quienes llevaron adelante las operaciones. Si Israel hubiera salido victorioso y hubiera aplastado a Hizbolá aún a riesgo de asesinar un par más de miles de civiles, aquellos que se lamentaron por la dirección de la guerra, hubieran exaltado las dotes belicistas de los líderes judíos.
A quienes nos opusimos a la guerra y nos animamos entonces ir más allá en nuestro cuestionamiento, se nos ha calificado de traidores, antisemitas y han lanzado otros epítetos que nada tienen que ver con cuestionar el accionar de un país que pretende sentirse uno más dentro del conjunto de naciones pero que al mismo tiempo, procura elevarse como reservorio moral y democrático en oriente medio. Y nada más lejos de la realidad que esta última preposición. Algunos intelectuales judíos incluso han sido amenazados físicamente como ha sido en mi caso con algunos de los mail de repudio a mi posición, amenazas que vienen de personas que poca o ninguna moral tienen, y que en algunos casos viven en Israel, no por patrio sionismo, sino porque han debido escaparse de Argentina perseguidos por la justicia por defraudación en algunos casos y han aprovechado la posibilidad de ir a vivir a Israel donde el país “judío” les ha dado cobijo solo por ser judíos, sin revisar si quiera su prontuario. Pero esta es otra cuestión.
Otras voces que han decidido cobardemente hacer circular un mail en el que me han denominado Hitler no han tenido la valentía de escribirme directamente y haber debatido, y lo más curioso es que una de esas voces ha sido docente y yo he tenido la mala suerte de tener que ser “educado” por su doctrina nazi fascista. He aquí lo triste de estos episodios sobre los que ahora debo reflexionar para comprender qué ha pasado para que la reacción de la comunidad judía tuviera este devenir. Y la conclusión a la que arribo es que se trata de un adoctrinamiento eficaz de un estado que procura por todos los medios posibles justificar lo injustificable.
Esto me recuerda a los tiempos en que la dictadura argentina educaba a “la familia” argentina en los valores occidentales y cristianos. Los otros, los que habían sido educados bajo otro tipo de consignas eran subversivos a quienes había que hacer desaparecer. El saldo ya lo conocemos. El comportamiento del estado de Israel y de parte de las Agencias judías de todo el mundo es similar. Aquellas ovejas que se salen del rebaño y cuestionan si quiera un ápice la conducta del estado de Israel son antisemitas, antijudíos y para más INRI, deben ser excomulgados de las comunidades, así, sin más.
La sociedad israelí y muchas comunidades judías son formadas en una cuasi infantil formación de ideas, educadas bajo principios religiosos propios de los tiempos antiguos y con una anteojera que nos les permite ver el prisma de la compleja realidad de otra manera que no sea la expresada en los textos oficiales. Todo aquello que se salga del molde oficial que llega desde el ministerio de educación israelí es vigilado bajo sospecha y calificado de antisemita. Enseguida se apuran a colgar el rótulo bajo permanente vigilancia, tal y como hacían las dictaduras latinoamericanas en los ’70 contra los opositores al régimen. Se ha reemplazado entonces la Torá [1] por un esquema de verdad que se reduce a aceptar casi ciegamente cualquier actuación del estado de Israel, aún a costa de violar principios tan bíblicos como los que se usan para justificar una guerra, conquista de territorio ajeno y expulsión de población nativa, entre otras atrocidades. A menudo el mensaje esgrime el tipo de argumentos como el ensalzado por el presidente estadounidense George W. Bush de la lucha contra “el terrorismo” que quiere aniquilarnos. Sin embargo se olvida que la historia de Israel tiene su página más negra en las organizaciones terroristas del Irgún o el Leji que acometían todo tipo de actos demenciales y criminales para expulsar a la población palestina de sus tierras, violando a mujeres y saqueando poblaciones enteras. Y esto aparece incluso en algunos manuales de historia judía. Basta con querer leer esas páginas de la historia oficial para descubrir que los cimientos del estado de Israel se han levantado por acciones terroristas tan criminales como las que se denuncia en la actualidad. Y Aún peor.
Pero volvamos a la guerra del Líbano, nuestro punto de partida en el presente texto. Cuando escribí aquella carta en la que pedía sin más, que no se asesinara en mi nombre, decía claramente que estaba cansado que se usara al judaísmo bajo el cual me eduqué en mi propio hogar, aquel que me ha enseñado el amor al prójimo, filosofía tan cara para cristianos y musulmanes también, para cometer crímenes de lesa humanidad. Ante las airadas protestas de dirigentes e integrantes comunitarios pensé que mis ideas deambulaban en solitario por el mundo y que nadie se hacía eco de las voces de protesta no judías que le exigían a Israel detener la masacre en el Líbano y en los territorios palestinos. Sin embargo he podido leer por aquellos días argumentos similares a los míos, más cercanos o más lejanos, todos insistían en la necesidad de gritar a los cuatro vientos que Israel pusiera fin a la aventura guerrera que estaba llevando a cabo en Líbano. Mi carta fue escrita justo un día antes de la masacre de Qaná, la segunda masacre. Como si presintiera que una tragedia así se avecinaba. Estimo, y sin miedo a equivocarme, que aquel ataque contra un edificio habitado por civiles supuso para muchos un antes y un después, un despertar de lo que verdaderamente estaba ocurriendo en esa guerra y en la eterna guerra que Israel libra contra los palestinos. Fue un punto de inflexión en el que comenzamos a mirar con vergüenza que se estaba haciendo en nombre del judaísmo, incluso sin saber a ciencia cierta si el reclamo de la comunidad internacional sería lo suficientemente contundente para detener la masacre. Y hablo no solo de esa masacre en concreto sino también de la masacre contra el pueblo palestino.
Las voces judías contra los crímenes de Israel
Muchas han sido y son las voces dentro del judaísmo mundial que asumiendo un papel intelectual cuestionan a Israel. Muchas de esas voces incluso se alzan desde el propio estado de Israel, lo que sirve de argumentación favorable para que muchos defensores del estado observen y lancen la misma frase de siempre: “es que hasta Gideon Levy o Uri Avnery pueden escribir en Israel, eso es democracia. Hasta a tipos como esos les dejamos publicar”. Y no lo he escuchado de gente falta de preparación, he leído argumentos tan infantiles como este de dirigentes comunitarios que se rasgan las vestiduras y ven a un país democrático que se erige como “judío”. Un país que desde su raíz no puede ser democrático si solo responde a los valores de la cultura judía (que por cierto no es uniforme ni homogénea, pero esta es otra cuestión). Aquí una breve digresión. Cuando en la escuela nos enseñaban que Israel era la única democracia en oriente medio, solo porque allí se podía votar cada cierto periodo como en cualquier democracia occidental y cristiana, nadie nos hacía reflexionar sobre qué se entiende por democracia. Un país cuya bandera lleva un símbolo confesional y cuyo himno ensalza a los ciudadanos de origen judío, deja de ser democrático, simplemente porque no es plural, ni puede serlo. Es un país democrático solo para judíos. Pero yendo más allá de esta cuestión, no pretendo reflexionar aquí acerca del contenido de los principios democráticos de Israel. En todo caso lo que quería demostrar en este apartado son algunas de las voces que se han levantado hace un año y han cuestionado la política israelí, a partir de la guerra en el Líbano, reclamo que insisto, se hace extensivo en muchos casos, a la política criminal de Israel contra los palestinos.
Gilad Atzmon es un reconocido Saxofonista y jazzista, ex israelí, exiliado en Inglaterra por opción. Es uno de los críticos más duros de la política israelí, pero sus textos llevan la madurez y la reflexión de quien ha sabido poner distancias con aquello que no comparte. Conocedor de la sociedad israelí no duda en apuntar sus dardos hacia las políticas del estado y defender la causa palestina. En uno de sus textos más críticos Atzmon escribía que “sin duda lo preocupante ahora es que la población hebrea no aprendió la lección. En su esfuerzo por erigir un hogar nacional judío, Sión para ser más específicos, han cometido todos los errores posibles. En lugar de adoptar métodos pacíficos y de amar a sus nuevos vecinos, han adoptado y exhibido la más brutal de las conductas posibles. Durante casi seis décadas el ejército israelí ha infligido dolor a sus vecinos más cercanos en nombre del pueblo judío. Durante casi seis décadas millones de palestinos han vivido en atroces condiciones en campos de refugiados y el Estado judío no les permite regresar a su lugar de origen. Durante casi seis décadas los habitantes autóctonos de Palestina han sido discriminados por los nuevos colonialistas”. Y ya contemporáneamente a la aventura guerrera de Israel en Líbano, Atzmon explicaba lúcidamente que “en otras palabras, Peretz y Olmert tienen que proporcionarle al pueblo israelí un espectáculo glorioso de venganza implacable. Tienen que demostrar a sus perspicaces votantes que han interiorizado el auténtico significado bíblico del «ojo por ojo». Mirando la carnicería de hoy en Beirut parece como si intentaran dar al viejo dicho hebraico un nuevo significado. Tan devastador como pueda parecer, esto es exactamente lo que los israelíes quieren hagan sus gobernantes. Dentro del Israel democrático el llamamiento bíblico "vierte tu furia sobre el goyim” se traduce en una pragmática política seglar judía. Esto no es triste. Es una tragedia”. Una tragedia sentenciaba entonces el músico en un intento por hacer abrir los ojos al lector. Una tragedia en lo que se convierte la vida de miles de palestinos que día a día deben sobrevivir bajo la bota militar de la ocupación.
Meir Margalit es miembro del Comité Israelí Contra la Demolición de Casas, una organización creada entre 1989, y 1990, cuyo objetivo es centrarse en una de las facetas más feas de la conquista de Israel: la demolición de casas de gente inocente, casas no supuestamente de terroristas. Con motivo de la guerra en Líbano Margalit escribía una carta publicada por un diario catalán y que llevaba por título: “No en mi nombre”. Margalit explicaba que “si hay algo nuevo en esta escalada bélica es tan sólo la fecha, porque los acontecimientos en esta sufrida zona del Medio Oriente se repiten en forma cíclica, como en un círculo vicioso en donde nada cambia y todo se repite como si fuera un disco rallado. Volver al Líbano para los israelíes es como si Estados Unidos volviera a Vietnam, con la única diferencia que los americanos tienen memoria mientras que parece que los israelíes se olvidaron del precio que el pantano libanés costó hasta no hace mucho tiempo”. Estas son algunas de las reflexiones que el ex dirigente del partido Meretz manifestaba en la introducción de su manifiesto, el cual en una de sus líneas más importantes expresa que “esta cara del conflicto, más allá de la tragedia que siembra a diestra y siniestra, es sumamente frustrante para el movimiento pacifista israelí puesto que después de las últimas elecciones queríamos suponer que la presencia del laborismo israelí en la coalición gubernamental podría abrir alguna perspectiva de negociación. Incluso llegamos a creer que el hecho de que por primera vez en muchos años el primer ministro israelí Ehud Olmert fuera civil y no un general retirado, podría acercar la reconciliación entre ambos pueblos. Hoy nos damos cuenta de que nos equivocamos y que no hay ninguna diferencia entre esta coalición y los peores gobiernos de derecha que tuvimos en los últimos años. Parecería ser que las fuerzas destructivas que reinan en este país son más poderosas que la sensatez y están empecinadas en arrastrarnos hacia un precipicio mortal”.
Hay que recordar que Margalit es de origen argentino y decidió emigrar a Israel por convicciones propias, por lo que no puede acusársele de antisemita. No se opone a la existencia de Israel pero reconoce el derecho de los palestinos a un estado propio. Concluía su carta diciendo que “en estos difíciles momentos, en que matamos y nos matan mutuamente quiero expresar en voz alta en nombre de los miles de israelíes que componen el movimiento pacifista que este ataque no es en nuestro nombre. El gobierno israelí no actúa en nuestro nombre y nos sentimos profundamente dolidos por la sangre vertida en vano. Lo decimos claramente como israelíes que queremos a nuestro Estado y que estamos hondamente preocupados por el grado de degeneración que esta afectando a la sociedad israelí y por la destrucción de las bases morales del judaísmo. No es este el país en el que los profetas de Israel, aquellos que soñaban por un mundo de paz y justicia, hubieran querido vivir”.
Gustavo Wexler es un militante de izquierda, tucumano y de origen judío. Diferente a la realidad de Atzmón o de Margalit, Wexler defiende los derechos humanos desde una provincia que ha sido castigada por el bussismo. Honestidad intelectual y militancia son cualidades que convierten sus argumentos en sólidas defensas hacia una causa humanista profunda. En una carta abierta Gustavo Wexler gritaba: Basta! Sin más, expresaba que “para hablar de Paz, hay que parar el Genocidio llevado a cabo por Israel contra miles de Civiles Árabes. Basta de Bombardeos a Civiles, Basta de Masacre, Basta de mentiras. Israel debe detener ya su feroz y criminal ataque contra miles de civiles indefensos. Por todo el mundo debemos levantarnos para gritar con fuerza este reclamo!!” Algunas de las ideas de Gustavo parecían calcos de mi propia carta, sin embargo lo que nos llevaba a escribir de idéntica manera, era la sensación que la comunidad judía había perdido su rumbo. “Como descendiente de familia judía me reconozco por sobre todo SER HUMANO y como ser humano alzo mi vos contra todo tipo de barbarie llevada a cabo contra seres humanos indefensos sean de la religión, raza o país que sean. Los judíos hemos sufrido a lo largo de la historia persecuciones, masacres y genocidios, por lo tanto es nuestra primera obligación el levantar nuestra voz de repudio contra toda agresión, sufrimiento y martirio que sufra cualquier pueblo del mundo”. A la consabida sociedad entre Israel, y EE UU en Medio Oriente, Wexler explicaba que aquel país “posee una maquinaria bélica poderosa y sanguinaria que abre camino con sus bombas y misiles para avanzar en el dominio Político y Económico en medio oriente, controlar el petróleo y todas sus riquezas. Y lo hace sobre los cadáveres de miles y miles de civiles muertos y masacrados en las ultimas 5 décadas. No podemos caer en la trampa de usar el horroroso genocidio sufrido por los judíos a manos de los Nazis en la segunda guerra mundial, para justificar el derecho a hacer lo mismo como hace el estado de Israel engañando a su propio pueblo”. Wexler cerraba su carta con una expresión de deseo al sostener que: “Tengo la esperanza que en el interior del estado de Israel, miles de judíos levanten su voz contra esta política criminal llevada a cabo por su propio gobierno, como alguna vez millones de norteamericanos, sobre todo jóvenes se movilizaron incansablemente para frenar la agresión yanqui contra el pueblo de Vietnam. Basta Israel de tanto terrorismo, Basta Israel de tanta masacre, Basta Israel de tanta BARBARIE”.
Volviendo al interior de Israel encontramos intelectuales e historiadores que mucho han reflexionado sobre una posible solución de un solo estado para dos pueblos. Es el caso del historiador Ilan Pappe, profesor del Departamento de Ciencias políticas de la Universidad de Haifa y Presidente del Instituto Emil Touma de Estudios Palestinos de Haifa. Enfrentado incluso ideológicamente con muchos miembros del campo pacifista en Israel, Pappe reconoce una solución idéntica a la de muchos intelectuales fueras de la frontera israelí. La solución, como dije más arriba, de un solo estado. En los días en que Israel desataba toda su furia feroces ataques, usando incluso “armas prohibidas”, como las bombas de racimo, Pappe manifestaba que “las rutas alternativas para la resolución de este conflicto ni siquiera se plantean en Israel, ni tan siquiera por parte de la izquierda sionista. No hay nadie que sugiera algunas ideas de estricto sentido común tales como la de intercambiar prisioneros o la de iniciar conversaciones con Hamas y otros grupos palestinos al menos durante una larga tregua que permita preparar el terreno para unas posteriores negociaciones políticas de mayor calado. Esta vía alternativa hacia adelante cuenta ya con el respaldo de todos los países árabes, pero, lamentablemente, con el de nadie más. En Washington Donald Rumsfeld puede que haya perdido algunos de sus representantes en el Departamento de Defensa, pero sigue siendo el Secretario. Para él, la destrucción total de Hamas y de Hizbollah -a cualquier precio y sin pérdida de vidas usamericanas- `revindicará’ la justeza de la Teoría del Tercer Mundo que propagó a comienzos del 2001. La crisis actual es para él una batalla justificada contra un pequeño eje del mal formado por Siria e Irán, lejos del lodazal de Irak y precursora de los objetivos hasta ahora inalcanzados de la “guerra contra el terror”. Si hasta cierto punto era cierto que el Imperio actuaba en Irak al servicio de su agente vicario, el apoyo abierto y completo expresado por el presidente Bush a la reciente agresión israelí contra Gaza y el Líbano demuestra que tal vez haya llegado el momento de devolver el favor recibido: ahora le tocaría al agente vicario salvar al Imperio enfangado”.
Gideon Levy es uno de los periodistas más críticos dentro de Israel. Columnista del diario Ha Haretz es una de las pocas voces que pueden escucharse dentro de un medio de comunicación israelí que sea tan duro con las administraciones que llevan a cabo políticas violentas contra los palestinos. En los días de la guerra en Líbano Levy escribía que “Israel está hundiéndose en una estridente atmósfera nacionalista y la oscuridad está comenzando a cubrirlo todo. Los frenos de los que todavía disponíamos se están desgastando, la insensibilidad y la ceguera que han caracterizado a la sociedad israelí en los últimos años no hacen sino aumentar. El frente doméstico está dividido en dos: el norte sufre y el centro permanece sereno. Sin embargo, de ambos se ha apoderado el jingoismo, la vesanía y la venganza, y las voces del extremismo que antes caracterizaban a los márgenes del campo están expresando ahora su corazón. Una vez más la izquierda ha vuelto a extraviar su ruta, envolviéndose en el silencio o «admitiendo errores». Israel está mostrando un rostro unificado y nacionalista”. Como buen conocedor de la realidad doméstica Levy refleja lo que sucede dentro de la sociedad israelí, pero no hay dudas que el oscurecimiento al que alude el periodista ha cubierto y desde hace muchos años a las comunidades judías de la diáspora, que cómplices de la violencia israelí, justifican a cualquier precio lo injustificable. Desolador lo que seguía escribiendo en aquellas líneas Levy: “la devastación que estamos sembrando en el Líbano no conmueve aquí a nadie y la mayor parte de sus efectos ni siquiera están siendo mostrados a los israelíes. Los que quieren saber el aspecto que presenta Tiro ahora deben recurrir a canales extranjeros -el reportero de la BBC ofrece escalofriantes imágenes de esa ciudad, imágenes que no se verán en Israel. Por mucho que nuestro norte sufra, ¿cómo puede alguien permanecer impávido ante el sufrimiento ajeno cuando ese sufrimiento lo estamos causando nosotros? La muerte que en este mismo instante estamos sembrando simultáneamente en Gaza, donde ya van cerca de 120 muertos desde el secuestro de Gilad Shalit, 27 de ellos solamente el miércoles pasado, nos conmueve todavía menos. Los hospitales de Gaza están llenos de niños quemados, ¿pero a quién le importa? La oscuridad de la guerra en el norte les cubre también a ellos”.
¿Acusarán a Gideon Levy de antisemita y antiisraelí de la misma manera en que lo hacen con algunos filósofos, como lo han hecho en Buenos Aires con León Rozitchner? El pensador, y como todo pensador, reflexionaba por aquellos días de guerra insensata sobre una premisa que parecía ser una mera provocación y que sin embargo estaba obligando al lector de su columna a no abandonar el texto hasta el final. ¿Podemos seguir siendo judíos? Se preguntaba entonces Rozitchner, como quien lanza un guante esperando que alguien lo recoja. Y vaya si lo han recogido algunos que hasta llegaron a amenazarlo de muerte. Pero mejor leer alguno de sus conceptos. No tomo partido sólo por el pueblo palestino sino también por el pueblo judío. Reafirmo al mismo tiempo que la situación histórica de los judíos, que culminó durante el nazismo en el aniquilamiento, hizo necesario que también los judíos fueran una nación más entre las naciones del mundo: ése es el derecho moral irrenunciable, es cierto, del pueblo judío. Pero este hecho también impone necesariamente a los judíos respetar la vida de otros pueblos como ningún otro pueblo puede quizá sentirlo. Al hacerlo estoy planteando mi derecho a seguir siendo un judío argentino sin avergonzarme de serlo frente a lo que está también haciendo de nosotros el Estado de Israel en Palestina: si cumple su mandato ético e histórico o sirve a otros designios extraños a nuestra propia historia milenaria”. Por lo visto no se puede acusar a Rozitchner de antisemita, incluso defiende la existencia misma del Estado de Israel. Lo que queda claro en la postura del filósofo es que el judaísmo y su dirigencia no puede infligir a otro pueblo la misma violencia que ha sufrido a lo largo de su historia. Lo que seguro duele de la postura de Rozitchner es su oposición a que el estado de Israel se comporte como un estado terrorista. Y sienta su posición al decir que “en Israel se está eligiendo por todos los judíos el destino de nuestra dignidad y de nuestra cultura milenaria como modelo de resistencia y de justicia frente a todas las opresiones. Esta escalada contra Gaza y el Líbano va más allá de los intereses de su supervivencia: se inscribe en la expansión del imperio neoliberal de Occidente sobre los países musulmanes. ¿No serán los EE.UU. quienes, empantanados en Irak, necesitan una frontera segura en el Líbano contra Siria e Irán, y de allí la masacre de la población civil para invadirla?”, reflexiona el filósofo.
Los judíos israelíes, por ser los más fuertes en poder armado, son los que también en mejores condiciones se hallan para dar término al enfrentamiento con justicia: tienen todos los medios para lograrlo. Su existencia, por ahora, no corre peligro. La paz que termine con el enfrentamiento armado y un entendimiento político está sobre todo -y casi diríamos totalmente- en sus manos: sólo tienen que declinar sus ambiciones sobre territorios que no les corresponden y reivindicar el valor de la vida sobre la muerte.
Duele la verdad y le duele a quienes amenazaron de muerte a Rozitchner, quien concluyó aquellas reflexiones diciendo que “no tienen vergüenza (por los judíos israelíes) de los valores milenarios que están sacrificando ante los ojos del mundo y de los millones de judíos que los observamos perplejos y defraudados. Porque esos fantasmas de exterminio que depositan ahora sobre los árabes, esos terrores persecutorios los judíos los han traído del Occidente cristiano colonialista cuyos países antes habitaban, porque fue en Europa donde fueron exterminados y no en Palestina”.
Tampoco se puede acusar a Uri Avnery de ser antisionista. De hecho su postura de vio enfrentada a la del historiador Ilan Pappe respecto a la solución del dilema israelí palestino. Para el primero la solución son dos estados, mientras para el segundo, tal y como ya se dijo más arriba, la solución es un solo estado para dos pueblos. Dicho lo cual es conveniente recordar algunas de las reflexiones mencionadas por Avnery como dirigente del movimiento pacifista GUSH SHALOM. Las palabras de Avnery resuenan como eco en cada escrito del militante israelí pero una sola frase basta para contemplar el pedido casi urgente de muchos de los propios israelíes respecto a una salida pacífica a tanto derramamiento de sangre: “¿Cuántos soldados y civiles, israelíes y árabes, deben morir antes de que comprendamos por fin que la paz con el pueblo palestino y con todo el mundo árabe es inconmensurablemente más importante para Israel que tratar de aferrarse a los territorios ocupados y a los asentamientos?”. Claro que aferrarse a los asentamientos es un primer paso para una elite que sueña con El Gran Israel. Sin dejar de comprender aquí los intereses estadounidenses que se juegan en cada guerra que Israel emprende contra alguno de los países árabes. Sin mencionar, claro está, la perpetua guerra contra el pueblo palestino.
El caso de Dani Broitman [2] no es simplemente el caso de quien denuncia los crímenes desde el campo intelectual. Argentino de nacimiento, israelí por opción no se arrepiente de haber ido a vivir a Israel ¿Acusarán a Broitman de antisemita y antijudío? ¿Le pondrán el mote de “Hitler”? ¿Dirán que es un traidor a la causa? Luego de la masacre de Qana, Broitman siente vergüenza y escribe una carta en la que esa misma vergüenza se refleja a lo largo de todas sus líneas. Explica Broitman durante la invasión al Líbano que “en las últimas semanas, en las que nos dedicamos sistemáticamente a destruir a un país indefenso, (sin importarnos, por supuesto, el precio que ellos pagan, e importándonos muy poco el que nosotros mismos pagamos), en que la vergüenza pasa a ser algo cotidiano y palpable, con la que me levanto y me acuesto todos los días.
Y hay días como hoy, en los que masacramos, desde el aire y quirúrgicamente, a decenas de civiles en Kfar Kana (quienes se suman otros cientos de libaneses desde el principio de las operaciones), en que la vergüenza me pesa en los hombros, y no me deja caminar”. La vergüenza de la masacre pesa sobre los hombros de Broitman, quien insisto, en su carta no se arrepiente de haber ido a vivir a Israel. No es un desertor, como se pudiera calificar a Atzmón, no escribe desde Argentina, como Rozitchner. Escribe en el corazón mismo de Israel, donde siente la vergüenza de lo que ese país hace y no solo en Líbano sino también contra los palestinos. ¿qué es el Hizbolá que la administración Olmert dice combatir en julio de 2006? Broitman, y lo reitero, lo explica en Israel, desde Israel, país que siente suyo: “Durante 18 años mantuvimos al sur del Líbano bajo nuestra férrea bota militar. Los milicianos de Hezbolá que combaten hoy al ejército israelí son los hijos de quienes la sufrieron. Hoy, con nuestras desproporcionadas reacciones a lo largo y a lo ancho del Líbano, nos estamos asegurando una larga temporada de hostilidades en nuestra frontera norte. En unos cuantos años nos rasgaremos nuevamente las vestiduras cuando alguien nos provoque desde el Líbano, ya que nosotros «nunca les hicimos nada». La tesis aquí esgrimida es irrefutable y previene que esta aventura guerrera tendrá sus efectos en el futuro. Pensemos por un momento en un niño que ha visto como han destruido su hogar, han matado a su familia y debe crecer en un campo de refugiados ¿Qué amor puede sentir por sus vecinos en unos años?
Pocas voces se ocupan de denunciar la relación carnal de Israel con Estados Unidos y nuevamente Broitman lo hace: “democracia, me enseñaron en la escuela primaria, es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. En nuestra zona, democracia es el gobierno que le agrada a Israel (y a nuestro patrón, el hacendado Bush). Si los palestinos se atreven a elegir al partido incorrecto [3] , los sometemos a bloqueo y los hambreamos, ya que no entienden lo que significa la bendita palabra. Si se atreven a golpearnos, secuestrando a un soldado, arrasamos con sus pueblos, los matamos de a decenas y conspiramos abiertamente en contra del gobierno legítimamente elegido. En el Líbano, nuestro objetivo es borrar del mapa a un gran sector social y político (en nuestro idioma, «cambiar la realidad»). En este caso, la población chiita no comprende que para ser democrático hay que elegir un representante blanco, que sepa hablar inglés y ame a McDonald’s y Chevron. Y los muy ignorantes se empecinan en conservar sus costumbres y religión, extremizándose cada vez más a medida que se intenta occidentalizarlos a la fuerza. Por suerte estamos nosotros, quienes por medio de tanques, aviones, y buena voluntad, tratamos de explicarles como se hace para entrar en el mundo libre.”
La carta de Broitman sigue, pero hay un apartado donde vuelve a resonar el eco que se repitió por aquellos días: en mi nombre NO!! Broitman explica que la dirigencia político-militar (israelí) “no comete sus barbaridades por su cuenta: lo hacen en mi nombre. Ante cada operación militar, conquista de un poblado, bombardeo o asesinato, me invocan impunemente: el país lo exige, la retaguardia es fuerte, la población pide que terminen la tarea. Les grito en cada manifestación en contra de esta guerra criminal que no lo hagan en mi nombre, que nunca los autoricé a arrasar un país vecino solo para demostrar nuestra virilidad y que nadie nos va a mojar la oreja. Pero somos unos pocos miles gritando consignas: a la gran mayoría de gente no le importa (en el mejor de los casos) o apoya abiertamente la masacre.
Quiero cerrar esta evocación a un año de la guerra de Israel en Líbano y ante las constantes violaciones a los derechos humanos que sufren los palestinos bajo los tanques, aviones y buldozers del ejército invasor. Las palabras son las de un lúcido intelectual argentino, también de origen judío y quien trabaja denodadamente en el campo popular defendiendo la causa de los derechos humanos. Néstor Kohan tampoco ha querido quedarse callado por aquellos días, no ha querido ser cómplice ante tanto horror provocado por uno de los ejércitos más poderosos del planeta. “Quizás me equivoco. Pero tengo la sospecha que si el ejército israelí nos tuviera a tiro o dentro del radio y la distancia de la mira, no dudaría un minuto en apretar el gatillo y liquidarnos o a lo sumo en mandarnos a prisión, como ya lo ha hecho con numerosos compañeros —socialistas, comunistas, trotskistas, etc— de Israel que, enrolados coactivamente en ese ejército que no los representa, se niegan valientemente a disparar contra el pueblo palestino. Y frente a aquellos que aprovechan el repugnante fascismo israelí para sacar a relucir viejos prejuicios antisemitas (identificando falsa y tramposamente Estado sionista = estado judío) prefiero recordar un emocionante, entrañable y conmovedor abrazo que viví entre las madres palestinas y jóvenes marxistas judíos (algunos de Israel) en una escuela de formación política del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. ¡Abrazados palestinos y judíos! ¿Abrazados judíos y palestinos? Sí, es posible , a condición de rechazar el chantaje de ese ejército invasor, torturador y salvaje, al servicio de los intereses más siniestros de Estados Unidos en Medio oriente. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que sigan masacrando gente en nombre nuestro?”.
Termino esta extensa reseña y leo las últimas noticias que llegan desde medio Oriente. Y descubro con mucha tristeza algo que me causa espanto y que pensé no habría de leer, no al menos mientras escribía este escrito. “Israel confirma que recibirá de EE UU más de 30.000 millones en ayuda militar en 10 años”, señala el titular principal de la sección internacional del periódico El País. Y leo con tristeza esto, porque mientras me tomo mi tiempo para evocar las voces judías que piden a gritos terminar con la guerra y con la represión contra el pueblo palestino, pienso cuál será la próxima aventura guerrera de Israel, y cual será la próxima masacre de Qana. Mientras tanto ya espero una andanada de nuevas cartas acusándome de traidor al pueblo judío, antisemita y hasta la excomunión. Pero nada de esto importa. Lo que si importa en todo caso es no quedarnos callados, no dejarnos amedrentar y seguir denunciando con voz clara y firme: EN NUESTRO NOMBRE NO, NUNCA MÁS. Y QUE PAGUEN SU CULPA LOS CRIMINALES. Sólo así podremos comenzar a hablar de otro medio oriente. De lo contrario el fandango en el que se ha convertido Irak, Afganistán se extenderá por toda la región y el futuro será más incierto aún. Más ríos de sangre. Más violencia. Más muerte.
Milonga del moro judío por Jorge Drexler
Por cada muro un lamento
en Jerusalén la dorada
y mil vidas malgastadas por cada mandamiento.
Yo soy polvo de tu viento
y aunque sangro de tu herida,
y cada piedra querida
guarda mi amor más profundo,
no hay una piedra en el mundo
que valga lo que una vida.
Yo soy un moro judío
que vive con los cristianos,
no sé que Dios es el mío
ni cuales son mis hermanos.
No hay muerto que no me duela,
no hay un bando ganador,
no hay nada más que dolor
y otra vida que se vuela.
La guerra es muy mala escuela
no importa el disfraz que viste,
perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera,
vale más cualquier quimera
que un trozo de tela triste.
Y a nadie le dí permiso
para matar en mi nombre,
un hombre no es más que un hombre
y si hay Dios, así lo quiso.
El mismo suelo que piso
seguirá, yo me habré ido;
rumbo también del olvido
no hay doctrina que no vaya,
y no hay pueblo que no se haya
creído el pueblo elegido.
[1] Antiguo testamento / Biblia judía.
[2] Dani Broitman nació en Rosario (Argentina) pero es israelí por adopción. Hace casi dos décadas se instaló en el Kibutz Magal, detrás de un ideal. Desde un primer momento cuestionó la política israelí respecto a los territorios ocupados en Gaza y Cisjordania y se rehusó una y otra vez a participar, como miembro del ejército, de las maniobras militares en esos lugares. Cada una de las negativas le valieron la prisión junto a otros objetores de conciencia, en algunos casos por casi 40 días. Aunque ya fue desafectado como reservista, él sigue participando de las manifestaciones pacifistas. Aquí se reproduce una carta que envió a lavaca minutos después del bombardeo a Qana, donde murieron 60 refugiados, 37 de ellos niños.
[3] Se hace alusión aquí a Hamas, elegido en elecciones limpias por el pueblo palestino.










