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6 de octubre de 2008 - Núm. 965
 
 

Lavarse la cara dignamente
Alfonso Manjón

11 de agosto de 2007

Tras meses de lacias palabras comediantes y dengue gazmoñería, en Navarra únicamente están claras dos cosas: la primera es que no habrá nuevas elecciones después del 4 de agosto porque el gobierno navarro volverá a ser de Unión. No entre socialistas y nacionalistas como se había imaginado al principio y casi declinado al paso del tiempo, sino de UPN, quien, aún expresando su programa abierto y su voluntad dialogante, o recibe el apoyo estos años de un PSOE que recela de M. Sanz, o se ahogará en su gobierno de minoría (ya ha dicho que si la comunidad “se hace ingobernable” convocaría elecciones). La segunda, es que en el seno del PSOE se han vislumbrado o divisiones internas u opiniones encontradas.

En campaña electoral, el PSOE encaraba los comicios en Navarra como una oportunidad única para cambiar la política eternamente unionista de la región y la forma de entender socialmente la política y políticamente la sociedad. Nafarroa Bai, con su programa nacionalista, quería dar fin a la “visión anticuada del gobierno autoritario” de UPN. Y el PP, en su discurso apocalíptico, hablaba de que la derecha debía gobernar la región para que los socialistas no negociaran con ETA la anexión de la comarca con el País Vasco.

A primeros de julio, Rajoy le espetó a Zapatero: “Usted tiene dos posibilidades: pactar con los anexionistas para que ETA vea que usted deja la puerta a la negociación o pactar con UPN para que los terroristas sepan que usted rechaza cualquier entendimiento”. Éste le respondió: “Usted fue a Navarra a mentir y a insultar. Los socialistas estamos dispuestos a dialogar con UPN, pero antes tendrían que rectificar a fondo, porque la dignidad de los socialistas navarros está muy por encima de sus intereses de poder”.

Pues bien, ni los socialistas ni NaBai verán cambiar nada, ni el PP contemplará que el PSN negocia nada ni pacta ni con “quienes quieren que Navarra deje de ser lo que es” ni con nadie. Ni siquiera con UPN. Ni para que los terroristas entiendan nada, ni porque éstos hayan rectificado un ápice su programa. En la decisión del PSOE -se dice- simplemente se atisban intenciones electorales: para que España vea -se pretende- que el PSOE no sucumbe a las gracias del poder a cualquier precio porque tiene principios políticos éticos (dignidad por encima de los intereses de poder, recordemos) y porque es un partido de diálogo. Yo no dudo que pueda ser verdad, porque se desquitan de un foco de oposición cardinal, y porque para dejar el gobierno al grupo más votado para que gobierne en minoría, ¿por qué no optar por buscar nuevas elecciones? ¿Temen perder escaños?.

En el partido socialista se ha divisado un nuevo congreso extraordinario, una crisis latente, una división -se anda diciendo-. Pero sólo se ha divisado. En todos los partidos quien hace y deshace a su santo antojo es la cúpula. Y eso es lo que se ha visto ahora en Navarra, donde no creo se busque una escisión Navarra-Madrid, ni se vea un destello de disidencia con respecto al partido. El PSN prometió esfuerzos para cambiarla, y Madrid da por perdida la batalla de gobernar para “limpiar” su imagen (aunque no tienen nada que limpiar: procuró conseguir lo que pretendía) . El PSN negocia, y Madrid desiste y habla de hacer “una oposición útil y responsable”. Miembros del PSN hablan de decepción dentro del partido, y Madrid habla de atajar disidentes. Puras dimite y ni admite preguntas.

José Cepeda (Ex aspirante a Secretario General del PSM) decía hace unas semanas: “Uno de los males del PSOE es que debate poco en términos ideológicos. Eso nos anquilosa. Los militantes deben participar más y debe haber más debate interno. La crítica bien entendida es buena”. Tomás Pérez (recién nombrado Secretario General del PSM), añadía: “Éste siempre ha sido un partido plural”. Pues bien, el PSOE necesita entenderse a sí mismo. Es verdad, necesita hablar y dar y pedir explicaciones para que nadie se ahogue en su escaño de diputado sin gobierno sin advertir que lo más importante es el partido. Y si el quiste anida en Navarra, que no se acuerden de Madrid si no supieron barajar sus cartas.

En resumidas cuentas, ¿dignidad frente a interés, o lavado de imagen? El PSOE se ha lavado la cara dignamente. ¿Disidencia o condescendencia? Creo que no puede dilatar una crisis que no late.

 
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