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9 de febrero de 2010 - Núm. 1455
 

El excluido no tiene quien le represente
Felipe Ramos

9 de septiembre de 2007

Se aseó en una fuente cercana, desayunó en la Casa de Acogidas de Cáritas y se dispuso, como casi todos los días, a leer algún periódico […] Por allí era bastante conocido, sobre todo por su cartel de “Empresario en paro, solicita ayuda”, que solía utilizar. Era época de elecciones, y le podía venir bien conocer las ofertas. A él le daban todos igual, pero tal vez en alguno de los mítines le podía caer algo, aunque no fuese más que poniendo y quitando sillas, o ayudando con la megafonía. José Luis González Martínez, Elecciones, Diario de Avisos, 21/8/2007, p.6.

Como el coronel de García Márquez que no tiene quién le escriba, el excluido social parece que se encuentra sin que nadie, desde el ámbito político, aspire a representarle. Más allá de algunas referencias genéricas en programas y campañas electorales, la condición de no-ciudadanos de este colectivo hace que no formen parte de las ofertas electorales de los partidos políticos. Pero la Encuesta de Condiciones de Vida del año 2005 del Instituto Nacional de Estadística situaba en 19,8 el porcentaje de la población española que vivía por debajo del umbral de la pobreza, cifrado en 6.347 euros al año (1). Es decir, uno de cada cinco españoles se encuentra en riesgo de exclusión social. Este concepto “engloba a la pobreza pero va más allá; la exclusión social se define también por la imposibilidad de acceder a los mecanismos de desarrollo personal e inserción socio-comunitaria y a los sistemas preestablecidos de protección”(2).

A diferencia de lo que sucede en los países subdesarrollados, donde predomina la pobreza extrema y moderada, en los a priori opulentos Estados de la Europa comunitaria prevalece la pobreza relativa que indican las cifras arriba mencionadas. Pobreza relativa que impide desde tener vacaciones a ir al cine o comprar una vivienda y que también coexiste con formas extremas de exclusión social, como es el caso de la población sin techo. Pero no debemos entender la exclusión social, y la pobreza en sus diversas manifestaciones, como una realidad ajena a nuestra ciudad, provincia o comunidad autónoma (3). Así, para la provincia de Salamanca, Cruz Roja señala que “al menos 90.000 [personas] se encuentran en situación de vulnerabilidad, el 9% tiene alguna discapacidad y 1.000 son transeúntes o personas sin ningún recurso”. Según estas cifras, más del 24% de la población salmantina está en riesgo de exclusión social. Por su parte Cáritas sitúa en 65.300 personas, unos 14.500 hogares, el número de ciudadanos que se sitúan, en nuestra provincia, bajo el umbral de la pobreza (4).

Ante esta situación, ¿nuestros representantes políticos proponen planes integrales que desarrollen políticas públicas orientadas al debilitamiento de los factores generadores de la exclusión social y a la prevención y atención de colectivos y territorios susceptibles de integrar ese fenómeno? O, por el contrario, actúan como la mayoría de los ciudadanos, bajando la cabeza, apurando el paso y mirando para otro lado cuando topamos de frente con la pobreza y, en el mejor de los casos, subvencionando la labor asistencialista de algunas ONGs. Coincido con aquellos para los que “la exclusión social no está inscrita de forma fatalista en el destino de ninguna sociedad. Como no lo está ningún tipo de desigualdad o marginación. Al contrario, la exclusión es susceptible de ser abordada desde los valores, desde la acción colectiva, desde la práctica institucional y desde las políticas públicas” (5).

Abordar esta tarea desde las políticas públicas resulta una tarea inaplazable, sobre todo para los partidos que se reclaman de izquierda, ya que, a diferencia de lo sucedido en el siglo XIX con la formación de los partidos obreros, no parece que los excluidos vayan a organizarse políticamente en un futuro inmediato. Sólo cuando la lucha contra la exclusión social forme parte de la agenda de estos partidos, el excluido de la cita con la que iniciábamos el artículo dejará de considerarlos a “todos igual” porque entonces tendrá, por fin, alguien que le represente.

(1) Abellán, L., Casi el 20% de la población española se sitúa por debajo del umbral de la pobreza, EL PAÍS, 29/11/2006, p.89.

(2) Brugué, Quim, Goma, Ricard y Subirats, Joan (2002): De la pobreza a la exclusión social. Nuevos retos para las políticas públicas, Revista Internacional de Sociología, Tercera Época, nº33, p.10.

(3) Belaza, M.C. y Junquera, N., La pobreza relativa de los españoles, EL PAÍS, 11/12/2006, p.41.

(4) Véase Prieto, Olga, Cruz Roja calcula que 90.000 personas están en riesgo de exclusión social, El Adelanto, 28/2/2007, p.5 y Alonso Torrens, Francisco Javier (dir.) (2006): Salamanca: retos, posibilidades y esperanzas: un estudio de la realidad sociodemográfica, laboral y económica de Salamanca y su provincia. Cáritas Española: Madrid, p. 100.

(5) Brugué, Quim, Goma, Ricard y Subirats, Joan, op. cit., p.12.

http://pensamientounico.blogspot.com/

 
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Por Felipe Ramos

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