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19 de marzo de 2010 - Núm. 1493
 

Peligro de resurrección
Daniel Molina

28 de abril de 2007

Confieso que en estas últimas horas donde abril se marchita, vivo una especie de estado de expectativa permanente ante los próximos acontecimientos que tendrán lugar en Salamanca. Me estoy refiriendo como es obvio, a las elecciones claustrales a la Universidad de Salamanca, de las que en este artículo no hablaré todavía, y fundamentalmente a las elecciones municiaples del 27 de mayo en Salamanca.

Para una persona como yo, nacida aquí, y toda vez que la infancia es ya bisutería, como dice Serrat, no deja de sorprenderme el escasísimo interés de los salmantinos por sus propios problemas, que son muchos, a la par de la continua y permante atención a asuntos, generalmente accesorios, generalmente trasnsitorios, certeramente politizados. Esta ciudad avanza año a daño hacia la despoblación y hacia el analfabetismo. Tiene una tasa de desempleo elevedísima, (dentro de una región ya de por sí con problemas para la creación de empleo). Carece de tejido industrial para crear una oferta laboral estable y duradera. Tiene unos índices altos en el precio del suelo, lo que hace que un joven, generalmente con un empleo precario, trabajando en una de estas empresas inestables, más de 10 horas diarias, no pueda pagarse una vivienda en su ciudad, y tenga que hipotecarse como mínimo 30 años en uno de los varios pueblecitos de alrededor desde donde podemos divisar, sin dificultad, un sky line, lleno de grúas. Por si todo ello fuera poco, la Universidad, único foco de creación de cultura de la ciudad, depende en un porcentaje muy elevado de la financiación regional, perdiendo de este modo parte de su potencial y de sus capacidades para la creación, en colaboración con el tejido empresarial, de inversión real en sectores estratégicos de cara a la inserción laboral como sucede en muchas universidades de España.

Además, por si esto fuera poco, Salamanca no puede resistir la agonía, simplemente porque nadie en ningún medio escrito, El Adelanto, La Gaceta, o Tribuna, hace un diagnóstico sistemático de la mencionada situación. La prensa local, y sus periodistas, de bajísima calidad, ejercen de meras correas de transmisión de lo que sus patrones, con fuerte influencia entre los contructores y el Partido Popular, quieren establecer, esto es, una oligarquía de intereses, capaz de mantener un estatus quo, que sirva de patente de corso para que en esta ciudad interesen una y otra vez, esos asuntos accesorios.

Y si esta cadena se pone en peligro, allí estará Ciudadanos para recordarnos que todos los políticos son iguales, que el PSOE de Fernando Pablos tiene que seguir condenado mil y una noches más a galeras, por una cuestión, accesoria, como el archivo de la guerra civil, que nada importa a los que no son ni archiveros ni profesionales de la historia, y que además, fue mal gestionada por Jesús Málaga, y no por el actual candidato a alcalde. Como todos son iguales, hay que votar a los hosteleros, que ellos sí, han descubierto el plato mágico para todas las recetas: que los ciudadanos les metan su papeleta en la urna y punto, ellos harán con su voto, lo que los ciudadanos les digan. Populismo es la figura. En sociología, denominaríamos a c`s como una agrupación «atrapatodo», que para salvarnos la vida, a costa de «cortarnos el cuello», no duda en defender el laicismo a la par que a Julián Lanzarote, o destacar la figura de Mariano Rajoy, que dejó de ganar mucho dinero como registrador de la propiedad, para generosamente, dedicar su esfuerzo a los demás, tal y como expresó el jefe de ciudadanos, José Ramón Alonso en La palabra de Salamanca en su último número. Y por si fuera poco, para candar la cadena, Salamanca cuenta con los periodistas de guardia, en cuya llave mágica se custodia desde hace muchos años, las esencias del charrismo más profundo y casposo, eso sí, a partir de una costumbre acostumbrada, la violencia política. Por citar algunos casos: Alberto Estella, Orestes Bazo, Pedro Casado... Todos ellos, utilizan la demagogia y el matonismo más puramente tabernario.

Afortunadamente, el dilentantismo siempre encuntra huecos donde el horizonte de la libertad de expresión alcanza, si no su más brillante expresión, si al menos una manera independiente de ejercer esa voluntad en algún tímido foro de la Universidad de Salamanca, que hizo posible la creación de este diario digital, mediante el asociacionismo estudiantil. Una buena noticia para casi todos: para profesores que nos pueden leer y así entender nuestras inquietudes, nuestros sueños, nuestros anhelos, nuestras esperanzas... para salmantinos que estén en su casa y acaso entren en la red y tecleen la dirección de esta página, y sobre todo, para todos aquellos amigos redactores, colaboradores, administradores y webmaster, que me dieron la oportunidad de escribir y por los que tengo una profunda gratitud y complicidad.

Por todo ello, siento la necesidad de compartir con todos vosotros, amables lectores, todo lo que escribo y dudo, ejercicio este que viene de igual modo establecido por mi compromiso irrenunciable a la crítica y la responsabilidad moral que supone ser consciente de la raíz ilustrada de mi formación, porque como escribía Gregorio Peces-Barba el pasado lunes 16 de abril, en EL PAÍS, “la Ilustración supuso la conquista de la autonomía moral de las personas y la superación del paternalismo de la teología como gran controladora del pensamiento y de la acción humana. La persona supo caminar por sí misma y toda la cultura de las luces produjo un gigantesco esfuerzo para salir de la minoría de edad y para aprender y saber".

Así el pesamiento Kantiano, presente en todos mis escritos, con mayor o menor fortuna literaria, necesariamente implica que este artículo, si no quiere quedarse en un mero ejercicio de cuestiones accesorias, lo concluya exponiendo al lector mi punto de vista ante las próximas elecciones.

Salamanca no sólo se juega cambiar a Lanzarote por Pablos con ayuda de IU / LV. Se está jugando algo más importante, esto es, derrotar las cuestiones accesorias para que los ciudadanos sean capaces de localizar sus propios problemas, que es el primer paso para tratar de solucionarlos. Lo que se juega en las elecciones municipales no es un ejercicio de entelequia entre izquierda y derecha. Es algo que está ya por encima de cualquier categoría política. Salamanca tiene que dejar de estar, de una vez por todas, en peligro de resurrección.

 

Por Daniel Molina

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3 mensajes

  1. Peligro de resurrección

    Felicidades, me ha encantado el texto. Sobre todo la última frase. Refleja claramente la realidad de esta ciudad. Poco más puedo decir.

    por Chema | 29 de abril de 2007, 04:00

    Responder este mensaje

  2. Peligro de resurrección

    Vaya radiografía de una Salamanca que conozco desde hace poco más de un año, sombrío futuro, pero más sombrío presente.

    por Rubén Kotler | 29 de abril de 2007, 06:05

    Responder este mensaje

  3. Peligro de resurrección

    «Puramente» se escribe sin acento en la «u».

    | 30 de abril de 2007, 11:02

    Responder este mensaje

 
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