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24 de julio de 2008 - Núm. 891
 
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Educacion para la ciudadania II
Alfonso Manjón
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14 de octubre de 2007

Sigo sin entender la polémica acerca de la nueva y para algunos todavía extraña y desconocida asignatura “Educación para la ciudadanía” que el Consejo de Europa a bien recomendó. Pero una cosa tengo clara. Si el PP quiere retirar la asignatura por vías legales deberá contar con mayoría en el parlamento si es que ganan las próximas generales.

No entiendo cómo algunos sectores quieren hacer creer que el aire que se respira en esos áreas educacionales privan la libertad moral de cada cual. Mas una cosa es clara: civismo no equivale a laicismo. La laicidad, o dicho de otro modo, la aconfesionalidad que emana de una constitución democrática donde queda representada toda forma de expresión y manifestación espiritual y donde tiene cabida la libertad religiosa y moral, no llama a la educación laica de la ciudadanía bajo los supuestos del laicismo, sino a la educación cívica para el respeto y análisis crítico del globo poliforme de la sociedad. Educar en valores … ¡Sí! Pero en valores cívicos, no laicos si es que queremos entender el laicismo como consigna doctrinaria. Y ahora resulta que entran en juego los artículos 27.2 y 27.3 de la constitución para defender tal o cual postura. ¡Que quieren que les diga!. Al primero, para que no quede necesariamente implícito en aras del discurso del docente en el resto de materias, se le está dando salida. Y al segundo, esa salida ya se le dio hace mucho tiempo con la opción de cursar religión en el colegio.

Mesnadas de santos padres saltan ahora al cuadrilátero como fieras exhortando a la desobediencia civil de la legalidad transubstanciando la realidad a su libre arbitrio y de muy diferentes maneras. Si no aparecen en los medios de comunicación pidiendo objeción de conciencia, reinventan los manuales a su antojo a raíz de la libertad editorial de que se disfruta o adaptan la asignatura a los valores morales e ideológicos bajo los que quedan regidos sus centros educativos. Decía Monseñor Cañizares: "Educar, formar, conocer y enseñar en los principios constitucionales, en la vida conforme a éstos, en la participación ciudadana, es fundamental, y eso nadie lo niega, pero pedimos que Educación para la Ciudadanía sólo sea eso". Entiendo lo que piden, e incluso que Epc no sea de obligado curso, pero no pueden impedir que los jóvenes no tengan el derecho a conocer -y ciegos no son- las múltiples formas de vida que prevalecen, porque, por ejemplo, ser homosexual puede ser una condición inherente al ser humano que siente en esa forma, y no se le puede educar unidireccional e inflexiblemente hacia los valores sexuales que la iglesia profesa, porque la homosexualidad no es un problema de educación, sino un adagio del sentimiento. Por eso no debemos negar la dimensión humana de la sexualidad.

Educar democráticamente no es lo mismo que educar en valores socialistas, máxime cuando las competencias en materia de educación están transferidas a las diversas comunidades autónomas con sus colores políticos diferentes. De hecho, dependerá del profesor de turno, que si en verdad se encuentra dispuesto a adoctrinar -hecho que tiene mi condena en cualquiera de sus formas-, lo hará según sus convicciones ideológicas y morales. Pero lo que realmente me parece absurdo es comparar esta asignatura con la de Formación del Espíritu Nacional, como ha hecho María Dolores de Cospeda -Presidenta del PP en Castilla la Mancha-. No es lo mismo impartir pedagógicamente una serie de valores políticos infrangibles que pretender la formación del espíritu crítico de valores cívicos, democráticos y plurales a través del tratamiento de los problemas reales por medio de debates reflexivos entre profesor y alumnos. Es lícito que un colegio católico se manifieste en contra del aborto o de los métodos anticonceptivos y eduque bajo esos valores, pero no pueden inhibir al alumnado de debatir acerca del tema con diferentes postulados. Al fin, el objetivo es conseguir la formación de un espíritu cívico con el respeto a la pluralidad de postulados morales y éticos de cada cual, porque al fin la asignatura se articula bajo la libertad de conciencia, y eso no pasaba con la asignatura franquista.

 
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