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17 de marzo de 2010 - Núm. 1491
 

Confío en Zapatero

Opinión sobre la actual situación de la reforma estatutaria catalana, a partir de la presentación en cortes el diciembre pasado. Aporto una reflexión teórica sobre lo que creo que para la izquierda en general y el PSOE en particular debería representar las cuestión nacioal.

Daniel Molina

2 de abril de 2006

Hay dos tipos de problemas en el Estatuto catalán: uno, los puntos que plantean dudas constitucionales y pretensiones excesivas en el reparto del poder; otro, la mala literatura jurídica y la voluntad equivocada de querer regular casi todos los ámbitos de la vida social.

A mi no me ha gustado ni el debate ni las ponencias: respeto y sentimiento como argumento no resulta una fórmula práctica para rebatir argumentos que yo mismo he podido comprobar: la desigualdad jurídica consagrada. Por ejemplo, Manuela de Madre para seducir a los no catalanes y en especial a la parroquia socialista apeló al fandango y a Serrat, Artur Mas para demostrar la voluntad del nacionalismo conservador de no correr más riesgos que los razonables utilizó la palabra España y Carod Rovira que, por mucho que se esfuerce en ser conciliador, nunca será considerado por mi un político íntegro, siempre he tenido la sensación, ayer acrecentada, de que aparenta otra cosa de la que muestra, ayer se trataba de seducir en cierto modo a la prensa nacionalista española, la táctica era pasar desapercibido, por desgracia, lo consiguió. Para Zapatero el momento crucial: su discurso dibujó un camino posible. ¿Existe este camino? Si lo encuentra el PP ya puede empezar a cambiar de estrategia. Si fracasa, el Estatuto catalán habrá sido su guerra de Irak. ¿Qué pretende el Partido Popular? ¿Qué el Tribunal Constitucional suplante la voluntad popular expresada por el Parlamento catalán y el parlamento español? Recurrir el estatuto por principio es un flaco favor al papel de cada cual en la democracia. En nombre del aligeramiento del Estado y del no intervencionismo el pensamiento conservador está intentando pasar del Estado social al Estado penal. A esto se le llama revolución conservadora. El estatuto tiene enmienda, quizás el objetivo que pretenda el presidente sea que el Estado Nación de España se desembarace de su poder mítico y se disuelva en procedimientos didácticos de ciudadanía, para que las sociedades cosmopolitas puedan desarrollarse sobre espacios públicos a-nacionales. Queda mucho camino por andar. Pero Zapatero no nos ha fallado nunca...

 
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Por Daniel Molina

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