Sentarse ante un papel en blanco sin tener qué decir nos ha ocurrido a todos. Ir a ese papel a trasegar pensamientos que no podemos apresar por más tiempo bajo la caja que los abriga, también.
Podría preguntarme qué motivaciones, qué inquietudes, qué intenciones nos llevan a ese movimiento poético de voltear las tormentas reflexivas enfrascadas en el entendimiento personal de ver las cosas bajo la óptica o la neblina de nuestras pupilas, al papel público. Qué patrones tutelan esa avenencia personal para con el receptor del mensaje, o qué llega a puerto cuando la voz sale en forma de palabra y se hace verbo.
El poder de opinar, de construir, de llamar a alerta, o de convencer se revela pertinente y se confiesa debido. Porque todos tenemos algo qué decir. Todos buscamos posicionarnos. Y todos tentamos aprender a pensar hablando. Y conforme a como emite Don DeLillo, expresado de alguna forma en los dos primeros versos de mi “Soneto de Presentación”: “El acto de escribir requiere una concentración muy intensa, que lo fuerza a uno a examinar las cosas con más profundidad. Hay veces en que no estoy seguro de lo que pienso sobre un cierto asunto hasta que no me pongo a escribir sobre él”. Claro, que por otro lado, correspondería edificar una serie de trazas escriturarias según la divisoria escritos privados-públicos:
1. Escritos privados. A esta categoría pertenecerían los llamados “Íntimo-personales”. Escritos que responden a la esfera de la cotidianidad y del sentimentalismo. Altruista y sin ánimo de lucro. Por necesidad o desahogo personal, o por amor a la expresión de la nebulosidad y excitación emocional de cada cual.
2. Escritos públicos. Dentro de los cuales distinguiríamos:
A. Periodísticos: los cuales, la mayor de las veces, requieren y precisan ineludiblemente de medios económicos de financiación para el desarrollo de una información fidedigna y de primera mano. Cuando hablamos de artículos de opinión, hablamos de artículos ensayísticos que precisan del cotejo de la información que se maneja con la mayor rigurosidad posible y que responden a la manera en que se entiende y se interpreta la información “aséptica”.
B. Literarios: invenciones de historias imaginadas o relato de historias vividas bajo la emoción personal de esa exégesis de la mesmedad.
C: Profesionales: vinculado al quehacer de nuestra área académica para el desarrollo de la misma.












