La primera parte de “No pienses en una gaviota” fue una reflexión sobre la utilización del lenguaje político por parte de la derecha española. El punto de partida era el libro del lingüista progresista norteamericano George Lakoff,“No pienses en un elefante”. En esta segunda parte prometí centrarme en aspectos de la política local salmantina pues, no en vano, es en la capital charra donde encontramos uno de los ejemplos más claros de hegemonía cultural e ideológica de la derecha más rancia. Julián Lanzarote no sólo resiste el paso del tiempo a pesar de los escándalos, sino que en las últimas elecciones de mayo de 2007 consiguió ampliar su mayoría absoluta. Muchos salmantinos de izquierdas, que han participado o impulsado numerosas movilizaciones contra proyectos, derrotas judiciales o declaraciones polémicas del alcalde, vieron con perplejidad como la única cuestión que ha suscitado una movilización masiva de la ciudadanía salmantina ha sido ajena a la política municipal llevada a cabo por el Partido Popular. De hecho, muchos han dado por hecho que la polémica del Archivo y un supuesto clima de mayoría social que sería favorable a la derecha (con cuestiones como el terrorismo o el debate territorial encima de la mesa) han salvado a Julián Lanzarote de una derrota casi segura o, al menos, de una pérdida de votos más o menos significativa.
En las siguientes líneas compartiré mi reflexión sobre las estrategias en el uso de lenguaje utilizadas tanto por la izquierda como la derecha salmantina durante los últimos años. Lo que voy a hacer es confrontar, aplicando hasta cierto punto las teorías de Lakoff, dos campañas: la puesta en marcha por distintas organizaciones y partidos de izquierda, en contra del proyecto de construcción de un aparcamiento en la céntrica Plaza de Los Bandos, con la organizada desde el Ayuntamiento de Salamanca y otras instituciones en contra de la ley que permite la devolución de documentos del Archivo de la Guerra Civil situado en Salamanca.
Las comparaciones suelen ser odiosas. Y en otros casos además, duelen. La Plataforma Ciudadana Los Bandos Sin Aparcamiento, a pesar de tener el apoyo de numerosos colectivos, las normas de la UNESCO, las contradicciones de un alcalde y, según diversas fuentes, el apoyo de un porcentaje importante de salmantinos, de su parte, apenas pudo sacar a la calle a unos miles de personas en las distintas concentraciones y actos realizados. En cambio, la Plataforma impulsada por el Ayuntamiento de Salamanca y el Partido Popular convocó una manifestación muy importante con gran repercusión a nivel nacional y, lo que es fundamental, centrar el debate político alrededor de este tema, llegando a dejar en un segundo plano bastantes aspectos de su gestión que no resultaban nada convenientes.
Ahora es cuando toca dar explicaciones. Podemos simplemente decir que “Salamanca está llena de fachas” y que no hay nada que hacer, lo que equivale a resignarse. También podemos observar el desequilibrio de medios, al menos presupuestarios, con los que contaban ambas “plataformas”. Pero, aunque las diferencias sean evidentes, también correspondería hacer un análisis más constructivo, porque, de cara al futuro, no se vislumbra la posibilidad de contar con una financiación extraordinaria con la que, desde la izquierda, podamos estructurar nuevas campañas. Es por ello que debemos contemplar otros aspectos intrínsecos de las mismas: y hay muchos, desde la organización interna, la motivación, la capacidad para integrar nuevos colectivos, etc. Pero aquí vamos a hablar de lenguaje, una reflexión (que no es la única necesaria, ni necesariamente válida) sobre la capacidad inmediata para transmitir un mensaje con la palabra: el medio más elemental del que disponemos y con el que, al menos previsiblemente, podremos contar en un futuro inmediato.
Porque cuando el eslogan es «contra la construcción del aparcamiento», o la propia plataforma se llama “Los Bandos Sin Aparcamiento”, la efectividad del mensaje sobre el salmantino medio (o el ciudadano medio) es casi nula. Esto se debe a que tanto las palabras “construcción” como “aparcamiento” tienen connotaciones positivas en prácticamente toda la gente. “Construcción” es sinónimo de trabajo, esfuerzo y progreso (desde «construcción del futuro», «ser constructivos» hasta la «construcción del socialismo», por poner ejemplos) y sólo adquiere connotaciones negativas cuando se asocia a términos como «desenfrenada» y se repite constantemente. Lo mismo ocurre con aparcamiento. La mayoría de la gente, en su vida diaria, asumiendo que la inmensa mayoría usa el coche o ha viajado alguna vez en él, en moto o en bici, cuando piensa en la palabra «aparcamiento», lo hace como un anhelo («a ver si encuentro aparcamiento») o como una satisfacción («encontré dónde aparcar»). La primera reacción del destinatario que escucha la frase «contra la construcción» o «contra el aparcamiento» es, aunque inconsciente, inmediata e irracional, una reacción de rechazo.
Diciendo “Contra el Aparcamiento” era muy difícil que los ciudadanos se posicionaran a nuestro favor, aunque estuvieran en el fondo de acuerdo. Para hacerlo debían evocar una serie de cuestiones relacionadas con el urbanismo (“es absurdo construir un aparcamiento tan cerca de otros que ya existen o están proyectados”), sobre economía ("los costes del proyecto son desproporcionados”), movilidad (“es mejor para el desarrollo de una ciudad utilizar transporte público y no contaminante”), cultura (“este aparcamiento pone en riesgo nuestra calificación por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad”) etc. Naturalmente que todos estos hechos, aunque sean palpables, no se reproducen inmediatamente al leer los eslóganes y palabras utilizados. Y esto se debe a que el lema consiste en la negación de algo que para la mayoría de la gente es positivo. El propio lenguaje utilizado por sus críticos favorecía a los que querían construir el aparcamiento. Se estaban tirando piedras contra el propio tejado.
Mientras tanto, la derecha local, la encabezada por Julián Lanzarote y su ejército de voceros, dio en el clavo con su Plataforma del Archivo. Porque otro de los aciertos que, según Lakoff, han tenido los conservadores norteamericanos a la hora de utilizar el lenguaje político ha sido el uso de metáforas en las que enmarcar los grandes temas de actualidad. ¿Cómo es posible que el PP de Salamanca haya arrastrado a miles de personas a las calles para protestar contra la reclamación catalana de la devolución de los papeles llevados a Salamanca por los saqueadores franquistas? Lo que ha hecho el Partido Popular ha sido establecer una simple y clara metáfora. Contrariamente a lo que hiciera el ex alcalde socialista Jesús Málaga, que se opuso en los noventa a la devolución de los documentos a Cataluña porque consideró que se trataba de algo parecido a un perjuicio para la ciudad, el Archivo se convirtió con el PP y Julián Lanzarote en una metáfora de la nación. El Archivo era España. Único, grande e indisoluble. Cuando los políticos catalanes realizaron su reclamación no estaban haciendo otra cosa que atacar la “unidad del archivo”, esto es, la “Unidad de España”. Cuando Don Julián colgó de la Plaza Mayor la pancarta con la cita bélica de Unamuno no estaba haciendo otra cosa que apelar al único sentimiento nacional que existe en la provincia de Salamanca, el español. Los malos eran los que querían romper el país, los que vencían.
Algunos me dirán, con toda la razón, que no estoy descubriendo nada nuevo y que este no es más que un viejo truco utilizado por los gobernantes desde los albores de la humanidad. Lo que propongo es que se analice el discurso utilizado por el alcalde y los suyos con este tema, sus continuas referencias a Cataluña para desprestigiar las intervenciones de la oposición durante los plenos municipales, la omnipresencia de la palabra “Unidad” en todo el tinglado; todo estaba perfectamente orquestado y pensado, ninguna declaración se salió del guión marcado. Me gustaría saber quiénes fueron los asesores de marketing del PP...y conocer la factura, claro.
Volviendo al tema de Los Bandos y como diría Martín Romaña en situaciones que nada tenían que ver ¿”Qué hacer, por dios santo, Lenin, qué hacer”? La verdad es que no lo sé exactamente, no se me ocurre una metáfora tan poderosa como para competir con la “unidad de las esencias patrias”. Pero sí puedo proponer unos primeros pasos que nos lleven a utilizar un lenguaje que, al menos, no favorezca a nuestros contrincantes. En esta y otras campañas futuras siempre podemos comenzar por utilizar en nuestros artículos, en nuestras conversaciones en el bar en el trabajo o, a quien le corresponda, en los comunicados de prensa que se redacten, unas expresiones que faciliten el calado del mensaje en el receptor: donde decimos “contra” podemos poner «defensa»; donde “construcción” hablar de «conservación», «árboles», «patrimonio», etc; Y en lugar de “aparcar”, de “pasear”. De este modo, en lugar de la “Plataforma Los Bandos Sin Aparcamiento” estaríamos hablando de “la Plataforma en Defensa de Los Bandos” o, simplemente “Salamanca Con Los Bandos”: Salamanca está con los bandos y el Alcalde es el malo malísimo que está en “Contra” y quiere “destruir” la plaza, Salamanca, su medio ambiente y su patrimonio histórico. En cierto modo, muchas veces se hace todo esto de manera casi inconsciente, pero en otras ocasiones se cometen errores muy llamativos. Se trata de utilizar estas posibilidades que nos ofrece el lenguaje de manera consciente, a fin de ofrecer un mensaje claro, sencillo y, sobre todo, eficaz.
Interesante artículo Jose. Es interesante leer cosas así. Yo estoy preparando algo parecido con el tema de las imágenes, o para ser más precisos sobre la semiótica de la imagen, lo estoy escribiendo a partir de una crítica a un libro de Peter Burke, a ver si lo tengo para la próxima semana, puede ser un buen complemento tu reflexión. En este sentido, R. Koselleck que fue un historiador de los conceptos que murió hace poco, dejó una frase en una entrevista hace como 4 años en EL PAÍS, que la utilizo siempre: «No hay que olvidar que además de que las palabras cambian, ellas mismas producen cambios». Me parece una buena cita para resumir la idea que has planteado en tus dos artílos.
En historia ahora está bastante en boga el análisis del discurso. Te recomiendo cualquier libro del historiador británico (cómo no) Hayden White.
Y si prefieres una cosa más hermenéutica y filosófica, Emilio Lledó a mí personalmente me ha enseñado muchas cosas. Es un absoluto maestro.
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Tenía en mente un artículo muy parecido y con los mismos ejemplos: Bandos y Archivo. Se ve que tuvimos las mismas ideas segun leimos a Larkoff. Como me has pisado el tema, lo que haré será hacer mi propuesta de política de comunicación para la legislatura que entra: En la ultima legislatura se le ha dado mucha caña a Lanzarote y pese a ello ha tenido muy buenos resultados. Es improbable que la asociación haya cuajado tan poco como para que no se hubiese visto una redución, aunque fuese pequeña, en los resultados. Parece que la gente esta dispuesta a aguantar las malas formas de Lanzarote a cambio de una supuesta estabilidad de gobierno y una politica municipal que siempre es muy facil de vender, porque son proyectos muy cercanos. Creo que la mayoria de la gente considera que la diferencia entre un gobierno socialista y uno popular a nivel local acarrearía muy pocas diferencias, con la diferencia de que un nuevo gobierno conlleva una imagen de inestabilidad y a lo mejor los que vienen son mas parciales y bordes que los que hay. ¿Entonces que hacer?. Quiza la imagen «del cambio» y «otra forma de hacer politica» no sea la mejor opción de Pablos y la estrategia ganadora sea presentar a Pablos con cierta imagen de continuidad en el fondo pero con nuevas formas. Ahora lo que habría que crear es una metafora y una imagen.
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