Lanzarote está contra las cuerdas. Los ciudadadanos no apoyan una política que sólo se puede llegar a entender por la quiebra de unas arcas maltrechas, fruto de tanta negligencia, juicio perdido y favores a empresarios por acción u omisión.
Las subidas de impuestos (directos) son propias de la izquierda, que las defiende para redistribuir la riqueza y para lograr que quienes tienen más recursos financien en mayor medida los servicios públicos y las infraestructuras. Sin embargo, y a pesar de que el Partido Popular está obsesionado por "bajar" los impuestos - o mejor dicho, por maquillar el sistema tributario, para que quienes más tienen, no paguen tanto- Lanzarote se ha descolgado con subidas abusivas de precios públicos que como es evidente, gravan por igual a los ciudadanos, al margen de su renta.
Asegura Fernando Rodríguez que la subida se justifica porque lo injusto es que "los servicios públicos los paguemos quienes no los usamos". Semejante disparate supondría que la sanidad sólo la pagase el enfermo, o que las mujeres pagaran más, por parir o que cobrasen menos pensión por el hecho de vivir más. Reflexiones parecidas, le costaron el puesto en la Comisión del Pacto de Toledo, a quien entre 1987 y 1991 fuera el "jefe" de Lanzarote y compañía. De aquellos polvos estos lodos.
Lanzarote sin embargo justifica la subida por la mejora de los servicios públicos. "Los salmantinos saben que cuando les pedimos un esfuerzo, será correspondido". Al margen de que este planteamiento es una contradicción a los planteamientos de la derecha, es obvio que las "buenas intenciones" (no olvidemos que se trata sólo de eso) no pueden justificar en modo alguno un expolio al bolsillo del trabajador.
Con estas premisas, envalentonado el PP, la estrategia consistiría en desacreditar al movimiento vecinal por su previsible fracaso en la concentración, y por estar al servicio de "sociatas y ecologistas".
Pero la realidad ha demostrado que pese a los esfuerzos del PP por adormecer a sus súbditos, los ciudadanos no se han comportado como tales. "Ni vasallos ni tontos útiles". Ni a la orden de Lanzarote, ni esperando la consigna de Pablos.
El ciudadano salmantino se ha echado a la calle libremente, para expresar que está "hasta el gorro" de un Alcalde prepotente y faltón, que insulta al ciudadano y a la inteligencia, que actúa con rectitud con los débiles y es generoso con los fuertes. Miles de almas se concentraron en la plaza sin que nadie les hubiera montado en ningún autocar con bandera y bocata. El Sheriff de Sherwood está tocado.
A los vecinos les corresponde liderar unas negociaciones, a las que el PP debe acudir tras unos días de reflexión. Si eso no ocurre, la dimisión del Señor Feudal es obligada.

















