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7 de octubre de 2008 - Núm. 966
 
 

Del homenaje a don Dámaso Ledesma
José Luis Sánchez-Tosal

7 de diciembre de 2007

Comienza con todas las formalidades requeridas en estos casos, es decir, con discursos por parte del alcalde y de la concejala de cultura, además de la presidenta del Botón Charro, para pasar acto seguido a la actuación musical del grupo Oeste, que hace con su música el que consigamos sentirnos bien escuchando esas antiguas canciones, aún a pesar de no poder reconocer algunas.

Al día siguiente, de la mano de Pilar Magadán, nos adentramos de lleno en todo lo relacionado con Dámaso Ledesma, tanto en lo relativo a su vida como a su obra, contándolo como sólo sabe hacerlo ella, con esa viveza y esa dulzura que te envuelve, y acompañado todo con la muestra en vivo a través de su coro Voces Blancas. Allí vimos el enorme esfuerzo de recopilación hecho a través de un estudio basado en su trabajo de campo pionero en Europa, supimos cómo recuperó canciones que se perdían o cómo desentrañó otras falsificadas, como la del célebre cojo de Continos, de la cual ya intuyó Alfonso Navalón su falsificación y así lo dijo en la prensa. Sonaban las bellas voces, dándonos de la mano de Pilar y con los sones de los tamboriles, uno de ellos tocado por José Ramón Cid, conocimientos e íbamos enterándonos de la gran obra de don Dámaso, cosa de la que algunos veníamos a percatarnos ahora, aunque quedó ya claro en su época, al ocuparse de esta personalidades como Unamuno, Menéndez Pidal y hasta el mismísimo Bretón.

Cerró la noche nuestro coro, ese que en los momentos puntuales siempre está, y nos hace agradable más de un anodino día. Con sus voces fue muriendo el día, y un homenaje para el recuerdo. No vi ninguna televisión, y considero esto una verdadera pena, pues el acto fue digno de ser televisado, pues es de los que podría además de enseñar cultura musical llegar a crear afición, y a lo mejor así quitaba hueco a esos programas medio pornográficos que suelen llenar los ocios, al tiempo que se podría haber hecho extensivo el conocimiento de la persona homenajeada. Aunque reconozco que esto tiene sus dificultades, pues los primeros desertores fueron las mismas autoridades que presentaron el acto, el alcalde y la concejala de cultura, que desaparecieron para no estar más en él.

Gracias, don Dámaso, ahora sé de la mano de Pilar Magadán cuánto le debemos, tanto musical como históricamente del decir del pueblo de este Campo Charro, y que usted como nadie recogió en su “Cancionero tradicional salmantino”.

Publicado en www.ciudadrodrigo.net

 
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