El éxito de las movilizaciones de los vecinos, se debe fundamentalmente a que los participantes se han sentido implicados en una identidad propia e incluyente, de carácter transversal y bajo un liderazgo movilizador y carismático, como es el de Chema Collados.
FEVESA, contra la opinión interesada de Fernándo Rodríguez, no es ninguna terminal del Partido Socialista. Ninguno de sus manifestantes obedecen a esos patrones. A mí desde luego me parece indignante que protestar por lo que entiendo que es algo completamente injusto, esto es, la subida desproporcionada de tasas, motivada por una mala gestión, me tache mi un concejal que está a mi servicio, que yo estoy en una órbida, la de la Federación de vecinos, que es un subterfugio del Partido Socialista. Señor Rodríguez, no es así, y su declaración me ha cabreado tanto, que protestaré también por esto, me manifestaré, porque siento que mis representantes piensan que lo hago porque me manipulan. Y espero que el resto de los vecinos que pensamos igual, acabemos de una vez, con ese discurso que niega no sólo la capacidad crítica de los ciudadanos, sino su propia autonomía para responsable y razonablemente tomar decisiones.
La movilización de los vecinos es sin lugar a dudas, la de un movimiento social, es decir, la de un colectivo que actúa de forma conjunta y normalmente no muy institucionalizada, con el fin de producir cambios de diverso grado en la sociedad.
Tras dos movilizaciones, y ante la imposibilidad de dialogar con el Ayuntamiento de Lanzarote, los vecinos han decididieron pedir una reunión a Mariano Rajoy y a Juan Vicente Herrera. Una presión que ha obtenido una insuficiente cesión de quién hasta hace 10 días ante preguntas de CQC, repondió vergonzantemente ante sus desmanes.
Un movimiento social, siempre actúa bajo criterios de elección racional. Los vecinos se movilizan para alcanzar unos fines, y emplean un cálculo coste-beneficio. Si en las dos anteriores movilizaciones, no han obtenido el resultado esperado, es de esperar que la relación se vuelva negativa para las demandas y el movimiento como tal acaba fracasando, como expuse más arriba, por desgaste. Esto no es más que una teoría de movilización de los recursos. Por eso los vecinos ante, las limosnas insuficientes de quién le desprecia y le trata con desdén, han pensado dejar una constancia sin vocación de ser masiva, pero sí simbólica, el día 26 en la Plaza Mayor.
Por otro lado, un movimiento social, como dije más arriba es un proceso constante de formación, en donde se va estableciendo una identidad de pertenencia al grupo. Se crean símbolos, códigos culturales, es por tanto una construcción cultural que liga al individuo al grupo. Una construcción cultural de la que ha sido muy consciente Chema Collados al crear el concepto vecino, de naturaleza transversal e incluyente, fíjense si ha sido transversal que hasta los transversales estuvieron en el 2-D; si ha sido incluyente es fundamentalmente porque se enarbola no una política de cicatrices ideológicas sino la concreta de Lanzarote, esto es, la injusta subida de tasas, que los vecinos, todos los vecinos, tienen que pagar; pero además, ahora hay que unir a la lista de agravios, la escasa autonomía que las autoridades asignan a sus convecinos, seguidores de una estrategia orquestada por el Partido Socialista.
Lo que tienen preparado los vecinos para el día 26 no es un motín de Esquilache, no es un viva el rey, muera el mal gobierno, entre otras cosas porque el movimiento vecinal ha unido a gente de distinta ideología, gente también votante del PP, que protesta porque entiende que es una política injusta ,y también porque se siente indignada ante acusaciones en las que su pone en cuestión su propia elección racional. El PP con sus argumentos, lejos de ceder y de mostrar una voluntad reparadora ante tanta subida, ante tanta información por ocultar que ya ni La Gaceta, ni Tribuna, ni El Adelanto, son capaces de desviar, o de administrar, sigue cargándose de excusas, pero también de silencios vergonzantes y ahora, y esta es la novedad, ante la que los vecinos tienen que salir al paso, de motivaciones próximas a contubernios juedo-masónicos. Lo simbólico del 26 será también un acto de protesta social, pero debe ser entendido también como un acto de reivindicación de la autonomía individual.
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