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6 de octubre de 2008 - Núm. 965
 
 

Daños
José Luis Sánchez-Tosal

15 de diciembre de 2007

Daños

A través de la vida los recibimos de todo tipo, y a ello los años nos acostumbran, mejor dicho no se acostumbra uno nunca, lo que sucede es que desarrollamos más paciencia con la edad para conllevar a estos. Pero hay unos daños a los que quizá nunca me acostumbre, siempre me dejan perplejo, y son aquellos que al infligirtelos, los autores no reciben en principio nada explicable a cambio. Viene toda esta meditación a que días pasados en nuestra ciudad fueron golpeados unos 11 coches con el resultado de unos daños importantes, sin que además de causarle estos se viera intención de robo de algún objeto o pieza de ellos, amén de, después, quemar algún contenedor cercano.

El asunto, o sea, los disparatados actos, pertenece al género de acciones que a muchos nos dejan perplejos por lo difíciles de entenderlas. Muchos reaccionan diciendo «si a estos los colgaran». Bien, pues sin apartarme del castigo que les corresponda por ley, no por eso dejo de creer más que conveniente el análisis de los sujetos, si es que les pillan, porque esa es otra, a ver si así obtenemos alguna luz del por qué de esos desquiciados comportamientos, y de cómo paliarlas si es que esto es posible, cuestión a la que casi nunca se llega.

Primero indudablemente lo mejor sería pillarlos, pues si quedan sin ser descubiertos reincidirán con más facilidad, y hacen ver a otros que la juerga sale gratis, pero también si son localizados, además tratar de estudiarlos, con el fin de poder saber dónde situar estas personalidades, por si así nos situamos los demás, que ante estas acciones nos quedamos en blanco.

A estos daños inexplicables, hay que añadirle, y puesto que los males nunca vienen solos, que continuamos con las poco chistosas caídas en la Plaza, pues este puente las cadenas famosas han seguido cazando a turistas y no turistas, en uno de los últimos «guarrazos» una niña ha dejado los dientes en las losas ¿a qué género pertenecen estos otros responsables de ellas, y a qué obedece su persistencia una vez sabido su peligro en mantenerlas puestas? No me digan que no son dignos de otro estudio, para saber dónde ubicar a estos otros también.

Publicado en www.ciudadrodrigo.net

 
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