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18 de marzo de 2010 - Núm. 1492
 

Crónica de una biblioteca incómoda

Esta reseña no pretende ser más que una breve crítica puntillosa, encogida pero pertinente, al sistema de impedimentos y entorpecimientos que ocasiona la biblioteca de Filología de la Universidad de Salamanca.

Alfonso Manjón

30 de diciembre de 2007

Como investigador, cada mañana dirijo mi cuerpo a una facultad distinta, a una biblioteca diferente. Pero cada vez que cruzo la puerta que da acceso a la biblioteca de Filología, percibo que estoy en otro cosmos. Y no más grato.

Es verdad que tengo la sensación de que es bastante silenciosa -salvo porque la gente se para a hablar a la entrada-salida a la biblioteca y desde ella se oye todo tan fuerte como desde abajo-, pero es una biblioteca bastante puñetera. Entras, y ya sabiendo que te encaminas a cierta sección de revistas, lo primero que piensas es: ¡Ya tengo que andar pidiendo permiso y llave para bajar a por ellas, con lo cómodo que es no tener que dar explicaciones a nadie de dónde voy o qué consulto como pasa en otras bibliotecas!. Bajas dos pisos a por las revistas que necesitas consultar en unos fondos donde no hay habilitadas mesas ni sala de estudios, y como no te dejan bajar con macuto y sabes que tus brazos no abarcan más de sí, tienes que hacer más de un viajecito para arriba.

Cuando subes a la planta principal, el bibliotecario, además de pedirte el carnet, te dice: “No puedes subir a las salas de lectura con mochila. La tienes que dejar aquí abajo”. Y tú piensas: “No sé dónde ni en qué piso voy a encontrar sitio para sentarme, pero cómo coño me las apaño para subir todos estos libros, el portátil, el atril, los cables, el ratón …”. Total, que te toca hacer varios viajes de nuevo. Y cuando por fin te sientas, y ves que tienes que hacer una fotocopia, bajas a la sala de abajo, dejando tu ordenador a la suerte, y te encuentras que ¡voilà!, sólo tienen fotocopiadoras que funcionan con tarjeta -yo que nunca compré ninguna porque en ellas invertía el cambio del supermercado-. Y menos mal que la tarjeta la puedes comprar en la fotocopiadora de cualquier facultad, porque si nos tenemos que guiar sin preguntar de las indicaciones de la que encontramos en Anaya …-. Y cuando subes arriba de nuevo, te encuentras con que la mujercita bibliotecaria que ha subido a dejar unos libros que debía colocar por devolución de préstamo te dice que tú no puedes entrar con tus propios libros de casa porque esa es sólo una sala de lectura para consultas. Y piensas: “Y, aparte de el hecho de que si esa sala es sólo de consulta y tú puedes de ella tomar libros para préstamo, cómo se piensa esta mujer que yo puedo investigar teniendo que leer unas revistas que no me puedo llevar a casa, y encima no me deja traer las fuentes con que contrasto la información”. Y te das cuenta que todo parece surrealista. Qué creen, ¿Qué me voy a llevar algo?. Para eso esta el sistema de seguridad, ¿no?.

El caso es que a media mañana, advierto que necesito consultar un libro de esos que están en las alturas, y tras mucho buscar, me doy cuenta de que el libro que ando buscando es uno de esos tantos que siempre figuran como “disponibles” por consulta a través de internet pero que siempre están extraviados, vamos, perdidos. Y bajas al bibliotecario, y le comentas la situación, y te dice: “¿Has mirado en las mesas por si lo está consultando alguien?”. Y piensas para ti: “¡Sí, y no es la primera vez ni que me dices tal cosa ni que este libro falte de la biblioteca. Por qué no renovarán las bases de datos cada vez que alguien hace una reclamación tal!”, y al fin, sólo le dices: “¡Quizá estén ahí!- y aún sabiendo que no lo harás, añades-, “Miraré de nuevo”.

Cuando a la mañana siguiente entro a Francisco de Vitoria o a Geografía e Historia, respiro, y pienso: “Bien, aquí no tengo que rendir cuentas a nadie de lo que hago. Volví a la normalidad”.

 

Por Alfonso Manjón

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2 mensajes

  1. Crónica de una biblioteca incómoda

    En primer lugar no eres investigador. Eres estudiante de tercer ciclo. En segundo lugar la frase “salvo porque la gente se para a hablar a la entrada-salida” es incorrecta porque cuando escribes que la gente se para a hablar y dices dónde, la preposición necesaria es en, y no a. En tercer lugar “carnet”, es una palabra incorrecta, lo correcto sería haber escrito carné. En cuarto lugar, comienzas el texto en primera persona, y en ocasiones utilizas la segunda persona. En quinto lugar, cuando hablas por tí mismo, no hace falta que pongas comillas, sencillamente porque supongo que se tratará de un pensamiento interior. Las comillas sólo deben utilizarse en las citas textuales. De manera que, entiendo que las palabras de la bibliotecaria, a no ser que tengas una memoria prodigiosa son también erróneas. En sexto lugar, el verbo encontrar lleva la preposición con (encontrarse con alguien o con algo), es incorrecto por tanto la expresión encontrarse que. En séptimo lugar, cuatro líneas más abajo utilizas el verbo encontrar con la preposición correcta, lo que indica que gramaticalmente desconoces el uso correcto de ese verbo. En octavo lugar, empleas una interrogación directa sin signo de interrogación:

    Y, aparte de el hecho de que si esa sala es sólo de consulta y tú puedes de ella tomar libros para préstamo, cómo se piensa esta mujer que yo puedo investigar teniendo que leer unas revistas que no me puedo llevar a casa, y encima no me deja traer las fuentes con que contrasto la información.

    En esta misma frase antes de la interrogación directa debiste puntuar con un punto o con dos puntos ya que se trata de una estructura con un sentido nuevo. En noveno lugar no puedes emplear darse cuenta de algo, unido a una sensación.

    “Te das cuenta que todo parece surrealista”

    Darse cuenta de algo, implica una aprehensión de la realidad, por tanto no es adecuado asociarlo con una percepción o un anhelo. El verbo parecer no es adecuado. Lo correcto hubiera sido:

    “Te das cuenta de que todo es surrealista.” “Tienes la impresión de que todo parece surrealista.”

    En décimo lugar es incorrecta la frase:

    “bajas al bibliotecario”

    Sin un complemento circunstancial de tiempo es imposible entender el sentido de la frase. Si se entiende es obviamente porque se trata de una expresión completamente coloquial e incorrecta utilizada muchas veces en el lenguaje oral. Lo correcto hubiera sido:

    “Bajas adonde está el bibliotecario.” “Bajas al puesto del bibliotecario.”

    En todo caso es imprescindible un complemento circunstancial porque sin él la frase es ininteligible.

    Por último decir que la frecuencia o no de los comentarios es algo que no debería implicar juicio de valor alguno. Es un error, de igual modo, otorgar una supuesta preponderancia de la ideología, la que sea, sobre mi pensamiento, tras este texto. ¿A ti te puede la ignorancia? Yo obviamente no me atrevo a asegurarlo totalmente, aunque objetivamente se pueden establecer algunos indicios. Además es todavía más grave afirmar esto, sin conocer que mi militancia política no está ni en ningún partido ni en ninguna asociación. Por último resulta extravagante por no decir, idiota, afirmar que me queda mucho por aprender sin haber hecho un objetivo análisis de las palabras y las acciones que individualmente perpetras.

    | 2 de enero de 2008, 13:48

    Responder este mensaje

  2. Crónica de una biblioteca incómoda

    En primer lugar no eres investigador. Eres estudiante de tercer ciclo. En segundo lugar la frase “salvo porque la gente se para a hablar a la entrada-salida” es incorrecta porque cuando escribes que la gente se para a hablar y dices dónde, la preposición necesaria es en, y no a. En tercer lugar “carnet”, es una palabra incorrecta, lo correcto sería haber escrito carné. En cuarto lugar, comienzas el texto en primera persona, y en ocasiones utilizas la segunda persona. En quinto lugar, cuando hablas por tí mismo, no hace falta que pongas comillas, sencillamente porque supongo que se tratará de un pensamiento interior. Las comillas sólo deben utilizarse en las citas textuales. De manera que, entiendo que las palabras de la bibliotecaria, a no ser que tengas una memoria prodigiosa son también erróneas. En sexto lugar, el verbo encontrar lleva la preposición con (encontrarse con alguien o con algo), es incorrecto por tanto la expresión encontrarse que. En séptimo lugar, cuatro líneas más abajo utilizas el verbo encontrar con la preposición correcta, lo que indica que gramaticalmente desconoces el uso correcto de ese verbo. En octavo lugar, empleas una interrogación directa sin signo de interrogación:

    Y, aparte de el hecho de que si esa sala es sólo de consulta y tú puedes de ella tomar libros para préstamo, cómo se piensa esta mujer que yo puedo investigar teniendo que leer unas revistas que no me puedo llevar a casa, y encima no me deja traer las fuentes con que contrasto la información.

    En esta misma frase antes de la interrogación directa debiste puntuar con un punto o con dos puntos ya que se trata de una estructura con un sentido nuevo. En noveno lugar no puedes emplear darse cuenta de algo, unido a una sensación.

    “Te das cuenta que todo parece surrealista”

    Darse cuenta de algo, implica una aprehensión de la realidad, por tanto no es adecuado asociarlo con una percepción o un anhelo. El verbo parecer no es adecuado. Lo correcto hubiera sido:

    “Te das cuenta de que todo es surrealista.” “Tienes la impresión de que todo parece surrealista.”

    En décimo lugar es incorrecta la frase:

    “bajas al bibliotecario”

    Sin un complemento circunstancial de lugar es imposible entender el sentido de la frase. Si se entiende es obviamente porque se trata de una expresión completamente coloquial e incorrecta utilizada muchas veces en el lenguaje oral. Lo correcto hubiera sido:

    “Bajas adonde está el bibliotecario.” “Bajas al puesto del bibliotecario.”

    En todo caso es imprescindible un complemento circunstancial porque sin él la frase es ininteligible.

    Por último decir que la frecuencia o no de los comentarios es algo que no debería implicar juicio de valor alguno. Es un error, de igual modo, otorgar una supuesta preponderancia de la ideología, la que sea, sobre mi pensamiento, tras este texto. ¿A ti te puede la ignorancia? Yo obviamente no me atrevo a asegurarlo totalmente, aunque objetivamente se pueden establecer algunos indicios. Además es todavía más grave afirmar esto, sin conocer que mi militancia política no está ni en ningún partido ni en ninguna asociación. Por último resulta extravagante por no decir, idiota, afirmar que me queda mucho por aprender sin haber hecho un objetivo análisis de las palabras y las acciones que individualmente perpetras.

    | 2 de enero de 2008, 17:41

    Responder este mensaje

 
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