Es curioso. Desde que salí del armario, hará ya cinco o seis años (parece toda una vida), no había vuelto a ver algo parecido a lo que sentí esta mañana. Me explico. Hoy en la Gaceta de Salamanca hemos podido ver una página completa, la 4 para se exactos, donde se señalaba acusadoramente, con círculos, los rostros de los asistentes a los plenos que, fíjate tú qué crimen, resulta que están también en movimientos sociales y en partidos políticos (que no son el PP, por supuesto).
Subyace en el artículo una acusación velada: los rojos, todos ellos, están al servicio del PSOE, que quiere perjudicar a los legítimos gobernantes de Salamanca. La Gaceta, además de señalarnos, de acusarnos de ser rojos, asegura implícitamente varias cosas muy peligrosas. A saber, que ser socialista o de IU significa ser lacayo acrítico, directamente controlado por estos partidos, que si perteneces a un partido no puedes pensar por ti mismo, movilizarte contra una injusticia, militar o participar en otros movimientos sociales, que las protestas contra la subida de tasas e impuestos son una manipulación para perjudicar al PP y en resumen y muy en el fondo, que ser socialista o de izquierdas es como ser homosexual, algo vergonzante, algo a ocultar, algo que te pueden llamar por la calle y ante lo que debes apretar los dientes y bajar la cabeza porque estamos en una ciudad como Dios manda, en una ciudad del Partido Popular.
Así que toca un ejercicio de pedagogía. De la misma forma que salí del armario hace años, creo que va siendo hora de salir del armario político. No, no es que haya negado en ningún momento mi ideología, no. Se sale del armario cuando se hace necesario hablar alto y claro de algo, en este caso decir que eres socialista, no avergonzarte de creer en el progreso y en la igualdad.
Sí, soy socialista, qué pasa. ¿Algún problema? Y sí, he participado en todas las movilizaciones contra el alcalde, como muchos otros ciudadanos. Y sí, son mis maléficas ideas socialistas, esas que dicen que no esta bien olvidar cobrar 20 millones de euros a los ricos y cobrárselos a los pobres, las que me han hecho asistir y participar, es más, lo extraño es que alguien que se diga socialista no asista. Y si se entiende que mi asistencia, participación y la revindicación misma no son justas únicamente por el carnet del partido que tengo, creo que alguien, y no soy yo, tiene un grave problema de partidismo: al fin y al cabo, en las manifestaciones han habido gentes de derechas y de izquierdas pero en las críticas, y esto sí que no es casualidad, sólo aparecen personajes de la derecha mas rancia de la ciudad. ¿Curioso, no?
Quizá a los ojos de la Gaceta esa página fue periodismo de investigación, no lo sé, pero a mis ojos y a los de muchos otros no fue nada mas que sectarismo si no directamente fascismo. Señalar así, con un círculo, a las personas que participan en los movimientos sociales, en las protestas, en la vida pública, tiene como objetivo intimidar, asustar y deslegitimar unas luchas que, oh casualidad, no les gustan a los señores de La Gaceta más allá de las críticas personales a Lanzarote. Y es que puestos a poner circulitos, si escogiésemos una foto de la dirección de la Gaceta ¿cuántos miembros del PP encontraríamos? ¿Cuántos miembros del opus o de cualquier otro sector de esa secta que dice que los niños provocan sus abusos sexuales?
Hoy La Gaceta nos reveló su cara más negra, con brillantes colores. Hoy, marcado con un círculo rosa photoshop, me pregunto todavía por qué un periódico de tanta raigambre y tradición ideológica no recuperó viejos usos y utilizó para identificar a este marica socialista, un germánico triangulo rosa.
Las cosas, de verdad, hubieran quedado mucho más claras.











