Decía en mi penúltimo artículo que el próximo debate televisivo traería sobrado ruido, atrevido discurso electoralista, pocas nueces, y mucha cola. Y es que incluso cuando ahora se ha hecho balance de la legislatura, más que un análisis riguroso de datos y estadísticas, lo que hemos visto ha sido la realización de lo que propiamente se puede calificar por “política”, es decir, una práctica discursiva electoralista que a través del poder coactivo de la retórica y la persuasión, propicia interpretaciones y crea conciencia acerca de determinados aspectos de interés público general. Un discurso, pues, que instituye nuestra interpretación de los acontecimientos y de la sociedad por medio de valores e ideologías como manera particular de representar y construir la identidad y de entender la realidad social en que nos desenvolvemos. Y lo hace a través de sus funciones instrumentales declarativa (al afirmar y describir), interrogativa (al cuestionar y preguntar) e imperativa (al sugerir y ordenar). ¿Para qué? Pues claramente para convencer de cara a las elecciones de marzo al electorado con ideologías o ideas macropolíticas particulares que, lamentablemente, dicen poco y suenan mucho.
El PSOE se afana en mostrar, con inmodestia añadida, los beneficios y logros de las políticas que ha seguido a lo largo de la legislatura centrando sus análisis, no en aquello que Rajoy tilda de prescindible e innecesario, es decir, la negociación con ETA y el debate territorial que según él “debilita la cohesión social y la igualdad entre los españoles”, sino en el progreso en materia económica y de política social con medidas como la Ley de Dependencia o la Ley de Igualdad. Y lo hizo, primero, advirtiendo que, “con buenas perspectivas para el futuro” y pese a un repunte de la inflación “que se mantendrá hasta marzo” o abril, “ningún país desarrollado ha crecido tanto como España”; y, segundo, contrastando datos con respecto a 2004 advirtiendo que en estos años el Salario Mínimo Interprofesional ha pasado de 460 euros a 600, las pensiones de jubilación con cónyuge han aumentado de 485 euros a 659, y el Fondo de Reserva de la Seguridad Social (o lo que es lo mismo, la despensa llena que el PP dice que dejó y el PSOE ha gastado) ha crecido pasando de 19000 millones a 52000.
Por su parte el PP no se cansa de hablar de problemas nacionales que no demuestra con cifras ni datos. Su discurso es parco en palabras e ideas para el futuro, y se centra en temas abstractos y polémicos con los que hace demagogia ante un electorado confuso. Habla de la ineptitud del gobierno socialista al no ilegalizar a un partido, ANV, que está violando, aunque para nuestro sistema judicial no suficientemente, ciertos derechos constitucionales; y advierte que si sale elegido lo ilegalizará inmediatamente, pero, ¿cree que un partido puede ilegalizar a otro sin pruebas judiciales factibles y suficientes que les incriminen más allá de la evidencia?¿o es que cree que el partido del gobierno puede ilegalizar a su libre voluntad a otro partido sabiendo que la Ley de Partidos está diseñada en la forma en que lo está?. Habla de una política de pactos si gana las elecciones sobre aquello que “Zapatero ha roto”, pero, ¿no se da cuenta de que puede ser posible que el PSOE haga con el PP lo que éste ha hecho con ellos, es decir, hacer oposición a todo aunque no lleven razón en casi nada?. ¿O es que creen que el PSOE es un partido tan dócil como para no importarle como a ellos perder las elecciones? ¡Qué ingenuidad! No se puede decir que esta legislatura ha sido un paréntesis … y quedarse tan a gusto. Y habla de medidas económicas como la exención de impuestos para quienes declaren menos de 16000 euros al año o de la subida de pensiones mínimas en 150 euros. Pero no habla de dónde recortará los fondos para la realización de esas políticas, qué posibles consecuencias podrá acarrear y qué posibles efectos puede contraer para la economía nacional en esa idea de que un sistema libre de impuestos acarrea un mayor gasto familiar en el mercado y, por tanto, un repunte en los índices de la economía general.
Y es que el ciudadano, cuando escucha al político que promete y tantas veces miente, debería distinguir entre aquellos enunciados constatativos (que evidencian y demuestran lo que se presume cierto) y aquellos enunciados performativos (que mal informan y persuaden para cambiar actitudes con respecto a un tema en concreto), porque como diría Jorge Lozano, catedrático de Teoría de la Información, “no es lo mismo someterse al dominio de lo verosímil para alcanzar el deleite, que someterse al dominio de lo verdadero para alcanzar la verdad, útil para el saber”.











