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6 de octubre de 2008 - Núm. 965
 
 

Cargas y excesos

A pesar de que los análisis macroeconómicos indican que no habrá crisis sino desaceleración, las cargas personales (hipotecarias, etc) llaman inexorablemente a la pérdida de poder adquisitivo. Y en tanto, nuestros políticos avivan el fuego electoral gastando saliva en rebajas fiscales de dudosa conveniencia y viabilidad.

Alfonso Manjón

4 de febrero de 2008

Un escalofrío parece recorrer el pesimismo de ciertos futurólogos microeconomicistas llegados del imaginario popular. Y aunque no corresponde restarles/restarnos razón, debemos tener en cuenta que enfriamiento y desaceleración no son términos que converjan con crisis y caos.

Si bien la incertidumbre y las previsiones viven hoy enfrentadas, los índices económicos que barajan no sólo el ente público sino también expertos economicistas, vaticinan que si bien la economía se enfriará, no dejaremos, al menos por el momento, de seguir creciendo, aunque sea verdad que a un ritmo más atenuado. España ha venido siendo el país de la Unión que más ha crecido, y aún para el 2008 el ritmo de crecimiento se calcula en torno a un 3%. Por lo que todo ello no da muestras de crisis, sino indicios de receso o cesación de ese frenético crecimiento que hemos venido manteniendo hasta el momento.

¿Qué significa esto? Que vivimos en un clima de expectativa, de deterioro de confianza y perspectivas, donde parece decrecer la demanda en consumo e inversión. Pero que en realidad ve que la economía no dejará de crecer. Y cuando digo crecer no hablo de crecer a una mayor celeridad, sino por encima de los niveles actuales de desarrollo.

Es evidente que esta desaceleración económica afectará principalmente a los sectores más indefensos -inmigrantes y personal de baja cualificación-. Pero, ¿en qué medida influye en cada sector económico esta desaceleración? Pues bien, la construcción, como siempre ha ocurrido, es el sector más vulnerable , y tras años siendo el sector más dinámico, su crecimiento futuro es viable, pero no a los niveles actuales (de 5% actual al 3%); la industria se torna como el relevo en la creación de puestos de trabajo; y ya en el sector servicios se ha visto la bajada en el porcentaje de crecimiento turístico -si bien el % ha sido mayor que en el año 2006-.

Lo que está claro es que ahora, en tiempos de incertidumbre, nos toca rascarnos el bolsillo, mirar el euro que gastamos y dónde lo empleamos, y esperar a ver que nos deparan los meses venideros y los excesos electoralistas de quienes miran más por sus intereses particulares y partidistas que por la economía de quienes no llegan a fin de mes.

 
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