Y es este tópico de Salamanca el que siempre me ha hecho más gracia, no por que sea falso, sino por que pareciera que la propia Salamanca tratara por todos los medios evitar que serlo. Esta ciudad a la que cada año vienen 30.000 estudiantes debería ser una ciudad volcada con la juventud. Servicios, fomento de asociacionismo juvenil, puestos de trabajo de primera inserción laboral, un ayuntamiento volcado con los jóvenes… ¿Les suena algo de esto en Salamanca? Vaya…
Los motivos son bien simples. Los estudiantes no votan, los que gobiernan lo hacen gracias a la gente mayor y para ellos gobiernan, con el poco disimulado interés de lograr que los molestos jóvenes se vayan con sus botellones a otra parte, y si pueden llevarse a maricas, rojos, gitanos y demás gentuza con ellos, mejor que mejor.
Esta ciudad, este ayuntamiento, es árida y fría con todos esos colectivos y los resultados comienzan a verse. La población universitaria lleva cayendo sistemáticamente desde hace mas de un lustro, la emigración a Madrid esta diezmando a la población joven autóctona de Salamanca, el pequeño comercio salmantino ve como sus clientes comienzan a desaparecer y amplias capas de la población emigran por pura salud mental ante la presión social. Y mientras esto sucede, los señores de la calle del expolio se frotan las manos. Un joven que se va es un voto menos en su contra.
Y es que se hace difícil aguantar en una ciudad llena de gente magnifica que se va al cabo de cinco años, una ciudad construida para ser hermosa de ver e imposible de tocar y cambiar. Una ciudad tan castellana que te impone ser como la mayoría, que no promueve espacios reales para la diferencia ni la juventud ni la critica. Una ciudad cuyo único signo identificativo es una acérrimo sentimiento conservador, casi obsesivo, una trágica necesidad de que todo se quede como esta.
Y es trágica por imposible. Si Salamanca no crece, si no progresamos ni vamos para arriba, sin juventud que cambie y mejor las cosas, sin respeto a la diversidad y a las minorias, estamos empeorando. Y hasta que no nos encontremos con 5000 estudiantes en la universidad, la gente no será consciente de lo que han conseguido hacer de Salamanca, una ciudad, bonita y estática, habitada por gente que se ha ido ya.
Una ciudad museo llena de fantasmas.












