Puede que ya haya llegado el día en que los jóvenes tengamos que pedirle explicaciones e incluso responsabilidades a nuestros padres. Me refiero a esa generación que hoy ronda los cincuenta, sesenta años, y que fueron los protagonistas de los últimos años de lucha contra el franquismo y de la transición.
Debemos preguntarles cómo es posible pasar de un idealismo y utopismo en ocasiones hasta exagerado y sectáreo, a un realismo y posibilismo de iguales proporciones.
Cómo, aquellos que soñaron con la revolución de Allende, que incluso si hubiesen tenido la posibilidad se habrían marchado con un fusil a defenderla, tragan hoy abiertamente con la manipulación mediática contra Venezuela, y se sienten orgullosos de su rey por cerrarle la boca al dictador Chávez.
Algún día tendrán que explicarnos la forma en que se produce una transformación ideológica tan profunda y en tan poco tiempo, poco más de 10 años. Necesitamos respuestas si no queremos que nos ocurra también a nostros.
Se nos dirá que desapareció la URSS, que era el gran referente, que incluso China aceptó el capitalismo, que las luchas internas del PCE se hacían ya del todo insoportables…todos ellos argumentos de mucho peso y que desmoralizarían a cualquiera.
Pero aun así no tiene lógica, no es racional desde mi punto de vista, a pesar de las frustraciones, el cambio de bando que han realizado. No puedo entender que una persona que ha creido en una sociedad basada en la solidaridad, en la igualdad, en la cooperación, el internacionalismo…de la noche a la mañana apoye un modelo en el que el egoismo, la competencia y la ley del más fuerte se considera el motor del desarrollo. No es posible pasar de un antagonismo a otro, de un paradigma al contrario. No puedo ser del Barça y si el Madrid gana cinco ligas seguidas cambiar de equipo. No puedo ser un ciudadano libre y hacerme nazi porque Alemania invada mi país. Hay dos sistemas, con muchos matices y variantes, pero con unos principios básicos fundamentales cada uno de ellos, y pasar de uno a otro supone abandonar estos principios.
Nosotros no hemos vivido la caida de tantos mitos como nuestros padres. Tendremos nuestra prueba de fuego cuando caiga Chávez, o cuando Cuba se pase al capitalismo. Ese será el momento de resistir. De resistir con nuestras ideas, en las que también creyeron nuestros padres. Porque nuetras ideas son las justas. No hay que avergonzarse, no es soberbia decir que la ideología que cree en un mundo donde se acabe con la explotación del hombre por el hombre es la más justa. El lema de «a cada quién según sus necesidades, y de cada cuál según su capacidad» sigue siendo el más digno que ha dado la humanidad. Derrotarán nuestras ideas una y otra vez, ya que nuestro adversario cuenta con todos los recursos imaginables. Pero tenemos razón y tenían razón nuestros padres en su día. El modelo en el que creian nuestros padres y en el que creemos ahora es el justo, a pesar de los innumerables errores( de los que hay que aprender), de la complejidad para ponerlo en marcha, y sobretodo del poderosísimo enemigo que hay enfrente. La oposición de principios no admite comparación.
En estos días estamos viviendo la desaparición de IU, la parte de la izquierda española que había decidido participar en las instituciones. El golpe va a ser muy duro. Es hora de pedirle a nuestros padres, a los que un día creyeron, defendieron, debatieron y enriquecieron nuetras ideas, que vuelvan a la lucha, que los necesitamos. Aquí no sobra nadie.

















