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6 de octubre de 2008 - Núm. 965
 
 

El pie cambiado de Rajoy
Gorka Esparza

10 de abril de 2008

Rajoy no será el próximo presidente del Gobierno, porque probablemente no sea el candidato que presente el PP dentro de cuatro años. El líder del PP subió a la tribuna del Congreso con el pie cambiado.

Cometió su primer error al anunciar con vehemencia algo normal como votar en contra de la investidura de Zapatero, tras haber generado dudas durante semanas, sobre el sentido de su voto, cayendo ahora en contradicción con lo que exigió a Zapatero en campaña electoral.

Rajoy, lejos de aparecer como un candidato que ha asumido su derrota electoral, recuperó para la ocasión el discurso de la zozobra que genera Zapatero olvidando que precisamente por la desconfianza que generan él y su partido, Zapatero está hoy donde está, y que si algún líder ha llegado cuestionado al Debate de Investidura es el propio Mariano Rajoy.

Hace una semana, el presidente del PP dio un volantazo en su política, nombrando un renovado equipo, alejado de la derecha cicatera y victimista, y con disposición a marcar su propia forma de hacer oposición. Sin embargo, durante muchos minutos, Rajoy parecía encarar el Debate de Investidura como si del Debate del Estado de la Nación se tratara, o peor, uno de los tres vacuos debates electorales que el PP perdió de manera estrepitosa.

Frente a un Zapatero retórico, que no ha concretado medidas y que se ha limitado a dibujar vagamente su modelo de España, Rajoy ha perdido la oportunidad de aportar las propuestas del Partido Popular, reservándolas para una segunda intervención, en la que de manera inexorable, ya había perdido la oportunidad de demostrar al país que es alternativa de Gobierno, y lo que es más importante, demostrándoselo a sus propios compañeros de partido.

Tan mal debió verlo Arias Cañete en la réplica de Zapatero, que tras una de sus andanadas, el propio candidato a Presidente, hizo referencia a la ambición de más de un pepero, por ocupar el lugar de Rajoy.

Para rematar la mala faena, el portavoz popular hizo referencia hasta en tres ocasiones a la finalización de su intervención, cuando ni siquiera llevaba treinta minutos hablando. Dicen que las prisas, son para los ladrones y los malos toreros. Añádase a la lista las de los políticos desorientados y faltos de confianza.

De nada sirvieron sus apelaciones “al buen rollito” en la réplica ni la enumeración de dos o tres propuestas. Para entonces Rajoy ya se había enfangado con Zapatero en un debate de poca altura.

La travesía de Mariano será larga y sinuosa y no exenta de contradicciones, el problema es que, como él mismo sabe, quizás no le de(n) tiempo.

Publicado en El Adelanto (9 de abril de 2008)

 
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