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13 de octubre de 2008 - Núm. 972
 

Lesbianas
Gorka Esparza

29 de abril de 2008

Son poco visibles pese a que corren tiempos más amables desde que hace cuatro años la corriente de izquierdas obligó a Zapatero a aprobar una ley “revolucionaria” en nuestro país como la del matrimonio entre personas del mismo sexo o la denominada Ley de Identidad de Género. En este país siguen doblemente discriminadas por razón de sexo y por su orientación sexual. Son mujeres, son lesbianas.

Mientras que uno de los éxitos de las reivindicaciones que gays, lesbianas, transexuales y bisexuales han llevado a cabo durante años para reivindicar una sociedad plural, abierta y moderna radica en que la sociedad ha permitido –poco a poco, muy poco a poco- que los hombres salgan del armario, aún se sigue sin visibilizar a la mujer lesbiana o a la transexual.

Se ha ido asumiendo con cierta naturalidad que un gay puede ser Juez de la Audiencia Nacional, concejal, militar, cantante o Defensor del Pueblo (Ararteko, lo llaman en Euskadi), pero la deportista de élite, Alcaldesa, actriz o profesora lesbiana sigue siendo invisible.

Quizás todo se deba a que vivimos en una sociedad mediática en la que lo que no sale, lo que no se ve, de lo que no se habla, sencillamente no existe. Y a que, casualmente o no, los iconos mediáticos homosexuales sean hombres.

Pero quizás no todo sea tan sencillo. Quizás convenga analizar en profundidad en qué medida los roles de género están jugando un papel determinante –y no positivo precisamente- en el proceso de normalización de las libertades afectivo-sexuales.

En la medida en que las mujeres siguen siendo discriminadas laboralmente, en lo económico o en cualquier ámbito social, las lesbianas sufren una mayor discriminación. Si para un gay siempre es difícil dar el paso de vivir su sexualidad en libertad, más lo es para una mujer, que en muchas ocasiones no alcanza el nivel de independencia deseado, teniendo que hacerse cargo de la familia, sin poder “romper” con un entorno social que para ellas es siempre más asfixiante. Prueba de ello es que, existiendo números similares de gays y lesbianas, en nuestra moderna sociedad sigue molestando que dos chicas se besen en público, se sigue sin concebir a la lesbiana como una madre como otra cualquiera… se sigue sin pronunciar con normalidad la palabra lesbiana.

Los movimientos LGTB tienen ante sí el reto de superar esa doble discriminación así como el de romper con el perverso estereotipo del chico gay (con proyección social, con una buena situación económica, creativo, moderno, culto e incluso metrosexual). Y sin duda alguna, reivindicaciones como las realizadas en Salamanca con motivo del Día de la visibilidad Lésbica contribuyen a no cometer el error de reducir un movimiento social a un lobby económico y de poder.

Publicado en El Adelanto el 28 de abril de 2008

 
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