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6 de octubre de 2008 - Núm. 965
 
 

El Trono y el Altar
Gorka Esparza

21 de julio de 2008

Que las fiestas locales tienen un fuerte arraigo de tradición religiosa en innegable. Santa Marta de Tormes por ejemplo, tiene un nombre religioso, el de su patrona, y su fiesta grande se celebra el día 29 de julio, día señalado por el Santoral.

No voy a cuestionar a estas alturas determinadas tradiciones ni la conveniencia o no, de hacer coincidir las fiestas locales con las patronales. Sin embargo, conviene hacer una reflexión sobre el contenido del artículo 16.3 de la Constitución (ninguna confesión tendrá carácter estatal) y su cumplimiento en algunas localidades, a tenor de la invitación formal que el Ayuntamiento de Santa Marta ha realizado para participar en la Misa de Honor a la Patrona, Ofrenda Floral, Procesión y Recepción por parte de la Corporación.

En primer lugar hay que señalar que, si dentro del programa de fiestas, se quiere incluir una misa y una ofrenda de los fieles a su patrona poca gente se opondría. Otra cosa bien diferente es el rango que se le dé a dicho acto religioso, y el papel que en él deban jugar los cargos públicos, representantes de una administración que debe actuar con imparcialidad, aconfesionalidad y sometimiento pleno a la Ley y a Derecho.

No se cuestiona que un concejal que es católico vaya a esa misa, sino que la Corporación Municipal tenga un lugar preferente en un rito religioso, y que además deba jugar un papel determinado (acudir con la medalla, salir luego en procesión, etc).

Todavía más discutible es que la Teniente de Alcalde, vaya a realizar una ofrenda floral a la patrona, y que ésta forme parte del acto oficial representando (teóricamente) a toda la corporación, ya que en este caso se produce una lesión de la libertad religiosa de los concejales que optan por no participar. El desequilibrio es evidente.

Y no es que nos incomode que la gente viva las fiestas con devoción a su patrona, sino que consideramos sencillamente inapropiado, que en un estado aconfesional, se sigan mezclando las instituciones políticas y religiosas.

La necesaria «cooperación con la Iglesia Católica” (»y demás confesiones") no tiene nada que ver con la participación de una Corporación Municipal en un acto religioso. Una cosa es que las administraciones respeten las creencias de sus ciudadanos e incluso faciliten su práctica religiosa y otra bien diferente, que los representantes del conjunto de los ciudadanos (creyentes de diferentes confesiones, agnósticos y ateos) acaben formando parte de un rito religioso.

Hoy toca en Santa Marta. Después vendrán las Vírgenes de Agosto y en septiembre la Virgen de la Vega. Convendría en todos los casos adecuarse a la Constitución y no confundir –como algunos añoran- el Trono y el Altar.

 
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