Mañana del 25 de diciembre. Los usuarios salmantinos y vallisoletanos se dirigen a sus trenes, después de pasar una nochebuena en familia, para cumplir sus obligaciones o continuar las fiestas en la capital de España. Debido a la cancelación de la mayoría de los servicios, como el que habitualmente comunica Salamanca y Madrid a las 10 de la mañana, el trayecto se inicia alrededor de las 8 de la mañana. Los trenes salen con extrema puntualidad, pero el frío que acompañó a los clientes de Renfe en el camino hacia la estación persiste dentro de los vagones. Algún despistado cumple la rutina de subir el equipaje a la bandeja y quitarse el abrigo, pero rápidamente se ve obligado a cambiar de idea, abrochar chaqueta, anudar bufanda y pasar como puede el trayecto de dos horas y media hasta llegar a destino. Los letreros luminosos informan de una temperatura exterior de 2 grados. Los pasajeros comienzan a hablar entre ellos y concluyen que la temperatura en el interior del vehículo no es mucho mayor. Acercan sus manos y pies a las rendijas de la calefacción pero no sienten nada; nada salvo el gélido pesar del metal de la rendija, que los más incrédulos se ven obligados a tocar para convenerse. Y es que los trenes de Renfe, en pleno solsticio de invierno circulan por el norte de España sin calefacción.
El revisor del tren de Salamanca a Madrid pasea por los vagones y comienza a mover a los pasajeros desde el coche 1 hacia el 2, a los asientos vacíos que van quedando a medida que el trayecto hace escala, primero en Peñaranda y después en Ávila. A las preguntas de los viajeros responde con paciencia, entre chulesco y perezoso, que es en el coche 1 donde no funciona la calefacción, que en el coche 2, a donde están siendo desplazados todos los pasajeros, no hay ningún problema con la temperatura. Nuevo acercamiento pasajero de las manos a las rendijas, para ser devueltas rápidamente al refugio térmico en que se han convertido los bolsillos de los abrigos. Si algo provoca una mayor temperatura en el coche 2 es consecuencia biológicamente ineludible de la mayor presencia de cuerpos humanos en el mismo, los de los pasajeros religiosamente trasvadados por el personal de Renfe a ese único vagón. Al menos eso piensan la mayoría de los pasajeros, que, resignados, se agarran a que al menos la subida del 5 % prevista para el año que viene aún no les ha afectado. Es 25 de diciembre de 2008, Día de Navidad en los trenes de Castilla y León. Los viajeros llegan a Madrid dentro del plazo establecido. La temperatura exterior es de 4 grados centígrados y no es necesario ponerse el chaquetón.
Como los políticos y políticas no viajan en tren... pues pasarán del tema.
Responder este mensaje