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20 de marzo de 2010 - Núm. 1494
 

O caminho das viúvas
Javier García Pedraz

3 de enero de 2009

Faz um par de días conheçei o Cabo da Roca, em Portugal. É o punto mais ocidental da Europa. As suas enormes pedras erigem-se em formas imposíveis e ficam no Atlántico porcima da superfície do mar, como se foram os caminhos com que sonham as viúvas dos pescadores náufragos . Elas só querem adentrar-se no mar para encontrar-los.

O dor da viúva do pescador naufrago é o que peor prognóstico tem. O corpo não se aparece, e a incerteza é má companheira para isoladas vidas. Então, elas cheiam com fantasmas as sombras, com toda a gente faz.

E asím, quando estava a divagar, achei que não muito longue, na mesma direção , um pouco mais lá, encomtra-se o meu Ciudad Bolívar, imperceptível, distante, ausente. De fato, não estava, más podía ver meu propio a andar pelo caminho das viúvas até a outra orilha do océano.

Saudade é o seu nome.

Então comprendei que todos os caminhos acabam em Lisboa: vimos o sol nascer pelo Oriente entretanto estava a morrer ao outro lado do mar, lá ónde a vida só era vida por ser o contrário da morte.

Mas Lisboa vai viver por sempre.

É eterna.

Em homenagem à Vida.

El camino de las viudas

Hace un par de días conocí el Cabo da Roca, en Portugal. Es el punto más occidental de Europa. Sus enormes piedras se erigen en formas imposibles y se adentran en el Atlántico salvando la superficie del mar, como si de los caminos con que sueñan las viudas de los pescadores que naufragaron se tratase. Ellas sólo quieren encontrarlos mar adentro.

El duelo de la viuda del pescador náufrago es el que peor pronóstico reviste. El cuerpo nunca aparece, y la incertidumbre es mala compañera para vidas solitarias. Entonces, llenan con fantasmas las sombras, como hacemos todos.

Y así, divagando, pensé que no mucho más lejos, en la misma dirección, un poco más allá, se encontraba Ciudad Bolívar, imperceptible, distante, ausente. En realidad, no estaba, pero podía verme andando por el camino de las viudas hacia la otra orilla del océano.

Saudade es su nombre.

Entonces comprendí que todos los caminos acaban en Lisboa: vimos el sol nacer por el Oriente mientras moría al otro lado del mar, allá donde la vida sólo era vida por ser lo contrario de la muerte.

Pero Lisboa vivirá siempre.

Es eterna.

 

Por Javier García Pedraz

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Comentar este artículo

discussion

2 mensajes

  1. O caminho das viúvas

    Hay personas que también son eternas, tú por ejemplo.

    | 3 de enero de 2009, 10:10

    Responder este mensaje

  2. O caminho das viúvas

    El camino de las viudas es el camino de todas las pérdidas. Llevarse consigo los olores, los colores y los sentimientos de los lugares que uno «vive» es una forma de revivir lo mejor de cada uno.

    | 5 de enero de 2009, 14:32

    Responder este mensaje

 
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