... En Galicia ha mandado el PH político de los gallegos ...
Siguiendo el principio de que un porcentaje alto de votantes apunta normalmente a una victoria de la izquierda, la alta participación en Galicia hacía predecir al cierre de urnas que el PSG-PSOE obtendría el respaldo de la ciudadanía por otra legislatura. Pues bien, nada más lejos de la realidad. Por eso mismo cabe preguntarse qué factor ha llevado a los gallegos a movilizarse, a salir de casita ahora con mayor razón que en pasados comicios.
Ante todo, estimo que en Galicia, aunque menos de lo que ocurre en otras partes de la geografía peninsular, la crisis apremia. Y los ciudadanos ya tenían ganas de decir lo que piensan. O lo que sienten. Que Galicia es muy suya, muy callada, pero no es ignorante. Y sabe cuándo tiene que levantar la voz. Y su voz ha sido históricamente más conservadora que otra cosa. No sé de qué se sorprende nadie por mucho que en esta España democrática resulte extraño que no se den segundas oportunidades a la ligera.
A título personal, no me parece que la victoria del Partido Popular haya sido más bien una victoria de un partido renovado sin Fraga y a manos de un líder como Feijoo, al cual le falta carisma y lucidez. Sino el triunfo esperable de la psicología política de un pueblo gallego que con la pasada legislatura se permitió un paréntesis a la política popular en la región para que Fraga se marchara. Mas en esta ocasión, a esa personalidad política de los gallegos se ha sumado, para más INRI del partido socialista, la mala imagen y la incapacidad de un Touriño a remolque de esta sucia campaña. Y eso lo demuestra el revés recibido en A Coruña y en Pontevedra, provincias con un perfil más urbano y progresista que Lugo y Ourense.
Ahora bien, ¿qué ha sido exactamente lo que los gallegos no han admitido y consentido a Touriño?: ¿la falta de iniciativas políticas eficaces de acuerdo al perfil socio-económico que presenta Galicia?, ¿una administración y gestión valoradas como confusas y no demasiado eficientes?, ¿su coalición con el BNG?, ¿o que el presidente de la Xunta haya estado gastando dinero en Audis blindados bastante menos caros que el de Gallardón?
En primer lugar yo quisiera destacar que el PSG ha sufrido un duro golpe electoral debido a que la ciudadanía en Galicia ha reprochado duramente al ahora presidente en funciones las ataduras a que se ha visto sometido -como niño bueno- teniendo como aliado irrenunciable a Anxo Quintana. A mí no me parece del todo condenable la estrategia que ha seguido Touriño de invocar al diálogo como remedio al mal entendimiento entre algunos gallegos. Con todos sus defectos. Y con la miopía que le ha caracterizado. Grandes males ocurren en las mejores familias. Y además no hay mejor remedio para combatir el recelo entre hermanos que hablando. Pero el PSOE tenía que haber copiado del PP su entusiasmo y su optimismo, y no haber sido tan realista. Siendo realista, Touriño lo único que transmitía era no sólo que dialogaría con el BNG (lo cual ya lo sabía todo el mundo, porque conociendo el PH político de la mayoría de los gallegos, al PSG no le queda más remedio que entenderse con Quintana si quiere gobernar), sino también que formaría gobierno con él. Y a muchos gallegos socialistas, cuando estas cosas se le advierten de antemano, se atreven a decir eso de “ahí te quedas, que prefiero a Feijoo y su falta de cadenas”.
Muchos opinan además que la estrategia adoptada por el Partido Popular de hacer campaña más contra la imagen y la persona de Touriño que contra la política seguida por su partido en estos cuatro años, ha obtenido buenos resultados. Y resulta obvio que así ha sido. Pero todo tiene sus peros. Entiendo, por un lado, que sea verdad que la trayectoria y las promesas de Feijoo de luchar contra la corrupción en Galicia y su intención de reducir un número de altos cargos innecesarios les ha entrado a los gallegos por los ojos. Al menos, más de lo que lo han hecho las palabras y compromisos adquiridos por Touriño al respecto. Porque han sonado más creíbles (aunque yo me pregunte por qué viendo la inoperancia del PP respecto del proceso Gürtel). Por otro lado, y por el contrario, considero igualmente que los gallegos no han castigado en las urnas tanto los excesos de Touriño como su silencio ante las artimañas del PP. Porque los gallegos no son idiotas. Los gallegos conocen perfectamente Galicia y los males que la aquejan. Hace unos años sabían perfectamente que Fraga hacía lo mismo, pero eso no les escandalizaba y ellos lo seguían votando. Y ahora saben que el caciquismo y la corrupción en Galicia están a la orden del día y que éstas no son patrimonio del PSG (si no que se lo pregunten a Baltar). Pero las cosas cambian, y ahora esta dichosa crisis le hace a uno entender el valor -y no sólo el precio que diría Machado- del dinero y de las cosas.
A Alberto le queda cumplir con sus promesas; al PSG, con Touriño habiendo presentado ya su dimisión, hacer de la necesidad, virtud. Así sea. Y feliz legislatura a los gallegos, si es que así lo sienten.
… Y en Euskadi aún no se ha resuelto el sudoku electoral
En el País Vasco las cosas no están tan claras, ya que ninguno de los candidatos electos tiene la intención de renunciar a la lehendakaritza. Pero ¿cuál es la posibilidad de que Ibarretxe o López gobiernen?
El PNV, después de casi treinta años en la Presidencia, advierte que no tiene pensamiento de ceder Ajuria Enea a los socialistas, y se resiste a que López siga ambicionando ser lehendakari. Los nacionalistas han mantenido durante la campaña dos consignas clave que definen su posición política: que en Euskadi será legítimo que gobierne quien a cierre de urnas haya recaudado mayor número de votos (¡quién lo diría si observamos quién gobierna las diputaciones de Guipúzcoa y Álava); y que no es consentible que el PSE gobierne el País Vasco. ¿Por qué?
1. Primero, opina Spock, porque su política estaría teledirigida desde Madrid.
2. Segundo, porque no tiene para el País Vasco planes políticos de futuro que representen el progreso más allá de lo que se hace en el resto peninsular.
3. Y tercero, porque el PSOE se ha de pensar muy bien si quiere gobernar más solo que la una. Ya lo dijo en plena campaña y tajantemente Ibarretxe en una entrevista a El País: “Yo no digo que [el hecho de que el PSE quiera gobernar en Euskadi] sea una agresión política [1]. Sólo digo que cuando López dice que se puede ser lehendakari sin ganar las elecciones, me imagino que sabe que necesita otros votos, y no creo que piense en los del PNV”.
Así pues, el partido de Urkullu e Ibarretxe lo que espera, lo que pretende, es que el PSOE haga como los cangrejos. Que de marcha atrás y les vuelva a apoyar en la sombra. Eso sí, ofreciéndoles una ambigüa «responsabilidad y liderazgo compartido» en el Gobierno. Pero me da a mí que Patxi López no es estúpido y que no está mucho por la labor. Ni siquiera de ponérselo caro. Ya lo dijo en campaña: “El gobierno PNV-PSE es de otra época. Volver a apoyar a Ibarretxe sería suicida”. Aunque veremos si las circunstancias no le abocan a tal destino.
Por su parte, el PSE sigue feliz y afortunadamente empeñado en gobernar. En no renunciar y en no dejar pasar también esta vez, como ya hicieran en 1986, la oportunidad de obtener la Presidencia. Y es que muchos socialistas vascos no perdonarían a López que abandonase la batalla a favor del PNV sólo porque Zapatero necesite el apoyo de éstos en Madrid para aprobar los presupuestos. Cosa que no hará, porque hasta el mismo Presidente del Gobierno les ha pedido cordura a los peneuvistas y le ha dado vía libre a Patxi.
¿Por qué creo que Patxi López ha de gobernar? Porque el PSE es la alternativa de futuro. Sólo hay que observar su campaña. Una campaña que se ha basado en la promesa de diálogo, en la voluntad de integración de todas las sensibilidades, en el acercamiento al constitucionalismo pero también a aquellos sectores sensatos del nacionalismo cansados de los anhelos soberanistas de un Ibarretxe empeñado en no escapar del Pacto de Lizarra.
Personalmente, entiendo que el PSE sólo puede aferrarse a dos vías para auparse al poder: gobernar en minoría con el apoyo en la sesión de investidura de PP y UPyD [2], o formar coalicción con estas últimas fuerzas. ¿Sería posible?
Por un lado, UPyD y PSOE están lejos de entenderse. Están condenados a no entenderse, diría yo. Los socialistas han dejado muy claro que no quieren saber nada de Rosa Díez, y a UPyD le entra eccema sólo pensar en un tripartito a lo catalán (aunque sea sin nacionalistas). Eso sí, el voto de investidura en contra de Ibarretxe (por tanto, a favor de López) creo que ni se lo pensarían en caso de necesidad.
Por su parte, el PP parece decidido a dar su apoyo al socialista. Entre otras cosas, porque ellos, que dicen tener el monopolio del “sentido común”, no están dispuestos a que el PSE (con ese líder tan “vacío y hueco que puede ir a cualquier lado” vadeándose y equivocándose) caiga de nuevo en los brazos de Ibarretxe, y vuelta a empezar la ruleta. Pero Patxi López no creo que esté dispuesto a negociar sin condiciones con este PP. Con este PP que se queja sin reparo ni medición de lo que socialistas y peneuvistas han votado juntos. Con un PP que no va a tolerar que se dialogue con todos. Con un PP que no está dispuesto a construir una Euskadi entre todos [3]. Y es que la trayectoria y las palabras de López así lo avalan. Por un lado, se alejó hace tiempo de la política de su amigo y compañero Nicolás Redondo cuando éste decidió apostar por un pacto frentista con Mayor Oreja. Y en campaña lo anunció claramente: “He dicho una y mil veces que no vamos a buscar acuerdos con un Partido Popular que lo único que sabe hacer en Euskadi es anti-nacionalismo y anti-socialismo. Porque el gobierno que vamos a poner en marcha no va a ser en contra de nadie. Va a ser en defensa de todos”.
Dicho esto, aún en el caso de que López decida gobernar en minoría, es seguro que el PP dará su apoyo a la investidura del socialista. Sí, como un “tonto útil” que diría Edurne Uriarte en Abc. Pero lo haría como un tonto listo que se mira al ombligo. Lo haría porque sabe que aún así su apoyo significa un acercamiento al poder en el País Vasco. Algo de lo que no han disfrutado hasta ahora. Con ello, el PSE les dará en ocasiones la razón (por afinidad ideológica) pero otras les restará voz para dársela al PNV. Porque el PSE se autoproclama el partido del entendimiento, el partido a medio camino entre constitucionalistas antinacionalistas y nacionalistas anticonstitucionalistas, el partido consciente de que la sociedad vasca prefiere un entendimiento PSE-PNV [4], y el partido -en fin- ni nacionalista ni frentista capaz de llevar la cordura al País Vasco.
Un cambio de gobierno en Euskadi sería una gran noticia. Pero un gobierno en minoría podría acabar por desgastar en el futuro al PSOE en Euskadi. Porque muchos encontrarían en Patxi López, dependiendo de los ojos que lo miren, la marioneta de Basagoiti o el títere del PNV. Esperemos que eso último no suceda, aunque seguramente sea mucho esperar.
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