Más allá de aquellos correos electrónicos donde determinadas personas dedican su preciosísimo tiempo en mandar spams colectivos, mensajitos de la suerte, hoaxes para hacerse millonario por perder tan sólo tres segundos de nada, o correos para vilipendiar muchas veces panfletaria, ignorante e irresponsablemente la actual política del gobierno en diferentes ámbitos de actuación, existen mails que tergiversan intencionada e ideológicamente la realidad de las cosas. E-Mails que quieren hacer ver a la gente lo que no es total o parcialmente cierto. Y permítanme que les muestre dos ejemplos con diferente grado de demérito.
Una de esas verdades falseadas es la que atañe al reciente conflicto acaecido en Gaza. Fotografías en paralelo tratan de mostrar la semejanza entre nazismo y sionismo. Esto es, el parecido, por un lado, entre el significado de la Shoah y la intencionalidad de los ataques de Israel a Palestina; y, por otro lado, lo acaecido durante el Holocausto judío y lo ocurrido actualmente en la guerra contra Hamás. Así, tratan de encontrar tales similitudes mediante imágenes que, a decir verdad, llegan a convencer al menos avisado pero que dejan margen a múltiples y posibles advertencias y correcciones a quienes, primero, conocen realmente en qué han consistido y qué han supuesto ambos procesos y; segundo, pueden advertir cómo entre uno y otro existen divergencias y disimilitudes realmente gruesas. Así, se nos presenta el reciente conflicto en Oriente Próximo como un genocidio. ¡Y nada más lejos de la verdad!. Ese ataque es el reflejo de una respuesta bélica a una provocación violenta donde entran en juego todas las armas miserables y todos los juegos nefastos de una guerra. Pero no se puede hablar de genocidio, de exterminio, de odio irracional y muerte sistemática de miles y miles de palestinos día tras día. Es verdad, o al menos esa es la opinión de un servidor, que Israel ha respondido a los ataques recibidos de manera irresponsable, con la misma moneda que acuñó un grupo terrorista, y sin pensárselo dos veces. Es verdad igualmente que viviendo en la memoria del pueblo israelí -como de hecho vive- una Europa macabra, Israel parece no haber aprendido la lección de ese torpe verdugo arrepentido al mantener ahora él esa actitud desatinada. Pero no son comparables, ni en forma ni en dimensión, uno y otro proceso. Y no se puede hablar de un mismo arquetipo táctico.
Otro de esos embustes o mentiras consiste en arrogar al modista Tommy Hilfiger una personalidad xenófoba. Algún e-mail trata de demostrar, de hacer creer, que el estadounidense manifestó en un programa de Oprah Winfrey sentir que la gente de color o los judíos y asiáticos -entre otros- no son personas dignas de vestir las prendas que él diseña. A título personal, he de decir que no seré yo quien vista de esa guisa. Porque ni me alcanza el bolsillo ni me siento cómodo luciendo etiqueta. Pero, más allá de que en el fondo del ignoto pensamiento del modista puedan llegar a advertirse -como en tantas y tantas personas- ciertos brotes de racismo no declarado públicamente, esta patraña tampoco hace justicia a la verdad. Primero, porque Hilfiger no sólo afirmó que todo es “una gran y gorda mentira”, sino porque además financió a su propia cuenta una investigación que desmintiera tal falsedad y esclareciera la verdad de los hechos. Y no es verdad en segundo término, porque la misma presentadora (de color, por cierto) desmintió que el modista hubiera acudido a su plató y que, menos aún, hubiera sido autor de semejantes declaraciones.
Y yo me pregunto: ¿la gente no tiene otra cosa que hacer aparte de inventarse estupideces, mandar idioteces, falsear la historia, transformar la realidad, reinventarla a su antojo, y conseguir que el buzón de entrada de nuestro correo electrónico acabe sufriendo el síndrome de diógenes con patrañas infundadas? ¡Qué triste, por Dios! ¡Que una cosa es la correspondencia y lo anecdótico, y otra, ya aparte, el estupidismo!










