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14 de marzo de 2010 - Núm. 1488
 

El fin de la izquierda
Alberto Martín del Pozo

16 de junio de 2009

Vivimos en época de crisis, pero de crisis en plural. Un rápido recuento con los dedos de la mano, nunca fui muy hábil en matemáticas, me permite enumerar al menos cuatro. La más evidente y la más televisiva es la económica, reflejada en numerosos indicadores, caídas del Producto Interior Bruto en casi todos los países de economías avanzadas, acompañado de aumentos del paro difícilmente recordables en anteriores crisis. A diferencia de otras crisis económicas, ésta no parece estar provocada por cuestiones circunstanciales o geopolíticas. Ésta parece remitirnos directamente a una crisis del sistema, del capitalismo heredado del siglo XX, aquel siglo que algunos quisieron tachar de corto. Así que, apuntemos la segunda crisis: la crisis del sistema capitalista.

El domingo pasado, a medida que se conocían los resultados electorales de las elecciones europeas, parecían dibujarse otras dos crisis. La tercera, la del proyecto europeo, que renquea desde la discutible ampliación al este y desde la fallida Constitución; que no consigue enganchar a la ciudadanía y que se refleja en una irrisoria participación, por mucho que a la Vicepresidenta le parezca digna; y que además nos deja de regalo un Parlamento con altas dosis de extremistas y de euroescépticos. La cuarta crisis está dibujada en la composición Parlamento Europeo, en los parlamentos de muchos países y en las portadas de algunos medios. La cuarta crisis es la crisis de la socialdemocracia, suya en particular, pero de toda la izquierda en general.

La socialdemocracia se ha hundido en casi toda Europa, sostenida raquíticamente por el socialismo español, Rajoy mediante, y por el victorioso socialismo maltes, cuya aportación al común europeo es proporcional al medio millón de habitantes del país. Imagínense como esta el tema para la socialdemocracia con estos lustrosos liderazgos. El dato es incluso peor si tenemos en cuenta que el desastre no se compensa con subida de otros grupos de izquierda, que apenas logran compensar la perdida en un par de estados. El resultado: el parlamento europeo en manos de las derechas.

Es curioso que en medio de la mayor crisis económica recordada, cuando el capitalismo parece retorcerse con serios riesgos de fractura, y cuando todos señalamos a los protagonistas del sistema, banqueros, empresarios y especuladores, como responsables de nuestros males; en medio de todo esto, la ciudadanía da la espalda a la izquierda y a Europa, cuando ambas deberían parecernos salvavidas para la crisis.

La izquierda, en la que englobamos a los socialdemócratas europeos, sus periferias y los sectores a su izquierda, ha cometido, al menos, dos grandes errores en las últimas décadas. El primero, no saber capitalizar los éxitos del estado de bienestar y de la expansión económica. Los años de bonanza no han servido para mejorar la calidad de vida de mucha gente ni para recortar las diferencias sociales. El segundo, y más grave, no ser capaz de plantear una alternativa a los aires conservadores y liberales que se han apoderado de muchos países y de Europa, que han evitado su crecimiento social y limitado sus políticas. Cuando el capitalismo se ha retorcido, la izquierda no ha sabido presentar casi ninguna propuesta propia, haciendo en algunos casos un peligroso seguidismo de las propuestas conservadoras.

No aparecen en el horizonte alternativas validas al capitalismo, una ideología económica que no sabemos bien cómo se ha soldado a la democracia, parasitándola de tal forma que hoy en día nos parece indivisible el binomio capitalismo-democracia. Lo más avanzado y rompedor que hemos oído a la izquierda representativa europea es regular el mercado, evitar sus excesos, socializarlo, civilizarlo. No plantean alternativas, tampoco alimentan el debate. ¿Es indivisible el binomio? ¿Hay algo más que capitalismo? ¿Es viable a largo plazo un sistema que necesita para sostenerse del crecimiento perpetuo cuando los recursos son finitos?

Cuando todo comenzó, hablábamos de refundar el capitalismo. Ahora, nos conformamos con parchearlo para que nos dure otro decenio. No estaría mal tener alternativas, por si los parches no evitan que se desinfle el sistema.

Quizá va siendo hora de que refundemos la Izquierda.

 
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Por Alberto Martín del Pozo

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