La subversión militar de las últimas semanas ha desembocado hace unas horas en la detención, secuestro y expulsión del Presidente democrático de Honduras, Manuel Zelaya, quien se encuentra en estos momentos refugiado en San José de Costa Rica.
Las reacciones no se han hecho esperar y ya conocemos las condenas de la Unión Europea, de la mayoría de los países latinoamericanos y, en España del Partido Popular y de Izquierda Unida. IU y el PCE han convocado una concentración de protesta mañana frente a la embajada de Honduras en Madrid.
La escalada de tensión se inició cuando diversas instituciones, entre ellas el Ejército, se opusieron a la consulta popular democrática, no vinculante, que el Presidente Zelaya quería convocar para hoy domingo. A la desobediencia de los altos mandos militares siguió la correspondiente destitución presidencial de un general y la dimisión del Ministro de Defensa. Posteriormente, el ejército se echó a la calle para reprimir cualquier protesta a favor del Presidente e impedir la convocatoria de la consulta popular. En las últimas horas los militares recibieron el apoyo de la Iglesia Católica.
La consulta no vinculante, que se debería haber celebrado hoy domingo según la convocatoria prevista, tenía como objetivo tomar el pulso a la ciudadanía hondureña sobre la convocatoria en noviembre de una futura Asamblea Legislativa que se encargaría de la reforma constitucional.
Manuel Zelaya se ha alineado ideológicamente con la izquierda del continente, formando parte de la ALBA y abogando por políticas sociales que contribuyan a una mayor justicia en la distribución de la riqueza en Honduras. Algunos ven en estas políticas el verdadero origen de la revuelta institucional, militar y eclesiástica contra la consulta popular, que sería solamente un pretexto para desbancar del poder un gobierno que atenta contra sus intereses.
A estas horas el ejército continúa en las calles en lo que ya se califica sin lugar a dudas de un auténtico golpe de estado militar contra la democracia. Desde su exilio forzoso el Presidente Zelaya ha pedido a los hondureños una subversión democrática y pacífica contra los golpistas.










