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20 de marzo de 2010 - Núm. 1494
 

Morir puede matar
Daniel Molina

17 de octubre de 2009

El principio progresista – de izquierda – no debe perder el valor del trabajo como nexo entre la curiosidad científica, el placer intelectual de atreverse a conocer o querer saber y el aprovechamiento que para la sociedad ello implica.

Todo avance en el conocimiento científico provoca un cambio de motivaciones que a su vez generan cambios de expectativas. Han sido numerosos ejemplos a lo largo de la vida. En biología, la teoría de la evolución no ha dejado de mostrarnos que el aumento de la esperanza de vida de los seres humanos ha producido cambios su modo de existir: Transformaciones que van desde la alimentación o el descanso. En medicina, ha sido constante la variación del concepto de salud y de enfermedad de acuerdo con los progresos en la detención, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad. Hay un libro precioso que cuenta lo anterior de un modo más efectivo desde la perspectiva de un cambio en el razonamiento en un pequeño lugar durante la Edad Moderna: La herencia inmaterial de Giovanni Levi. Lo mismo podríamos decir de cualquier otra disciplina científica. Y también dentro del terreno en el que yo tengo experticia, que es en la Historia: El pasado muestra los cambios en la percepción del tiempo, del espacio, en la relación entre ficción y realidad, del texto y el contexto…

Escribir Historia es lo contrario de morir, es vivir y hacer pervivir las ideas. La escritura, que ha facilitado – entre otras cosas - las relaciones culturales y comerciales de los pueblos, también ha permitido archivar mejor los hechos (lo que ha pasado). Aporto tan sólo la referencia de un libro: Los hijos de la sangre de Javier Tusell.

A lo largo de 300 años, desde la Ilustración (Aufklärung, Iluminismo, Siècle des Lumières), la ciencia y el conocimiento científico no han hecho más que aumentar las posibilidades de bienestar y de felicidad de las personas. Lo anterior implica a las relaciones del hombre con la naturaleza y a las propias relaciones humanas. Conlleva vida y convivencia. Ser y estar. Saber recordar y saber olvidar…

No son frases abruptas. Crear progreso y convivencia y vida es tarea de las personas y deber de la democracia a partir de la protección del Estado y las distintas administraciones públicas. He tenido la suerte de poder hablar de ello con algunas personas (ellas saben quiénes son). Seguramente recuerden alusiones a un concepto que, entiendo, tiene que estar más vigente que nunca. El concepto es de Adela Cortina y está en muchos de sus libros (me quedo por ejemplo, con Ética mínima) y es el de pluralismo moral.

El pluralismo moral supone la convivencia de distintas concepciones acerca de lo que hace felices a los hombres o acerca de lo que deben procurar para conseguirlo. De facto, la convivencia de distintas morales que pretenden universalidad ha sido y es posible sobre la base de una educación ciudadana, que se compone de unos mínimos compartidos entre las distintas personas que forman una civilidad. A la felicidad se invita – afirma Adela Cortina- mientras que los mínimos de justicia de la ética cívica se exigen.

Las administraciones tienen que proporcionar el progreso científico, deben servir de evaluadores de conductas sociales. Han de proteger investigador y sociedad. Pueden además, tratar de comprender el lenguaje natural y el experimentado. Y gestionar responsablemente que la motivación principal de la lógica del trabajo no sea un corolario borroso o chantajeado por quienes, a través de la envidia o el rencor (personal e interprofesional) utilizan la explotación de la tolerancia y la intolerancia hacia personas que verdaderamente tienen un esfuerzo constante convirtiendo su compromiso (que les colma personalmente) en una representación falaz, o peor, en una pura subjetividad elaborada a partir de la gestión irresponsable de los argumentos.

Lo anterior para ser acto, esto es, acción, ha de figurar cuanto antes en los presupuestos destinados a investigación, desarrollo e innovación que dedican las distintas administraciones ya que se trata, sólo, de facilitar el esfuerzo que también ha de extenderse en saber comunicar y transmitir los beneficios que el trabajo del investigador-trabajador comprometido ha dado y seguirá dando porque es continuamente en la existencia donde apreciamos su utilidad real. Porque es sobre la persona y a través de ella, la sociedad, en un sistema de relaciones laborales, de experiencia y de poder, la que finalmente aplica ese progreso - esto es - patrones de comportamiento, entendimiento y realización. Mañana seremos nadie.

 

Por Daniel Molina

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2 mensajes

  1. Morir puede matar

    El autor de la columna Logos y Philía no se hace responsable de la modificación del orden de sus artículos (que, por otra parte no puede impedir) estando en contra. El lector debe entender que los artículos que escribo son el resultado de la lectura y de la reflexión.

    | 21 de octubre de 2009, 06:46

    Responder este mensaje

  2. | 2 de noviembre de 2009, 06:51

    Responder este mensaje

 
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