Apurando la primera década del siglo XXI, España encara el mayor crash de empleo y económico que ha sufrido en su Historia (si exceptuamos las consecuencias de la Guerra Civil). Poco más que decir cuando urge pervivir a más de cuatro millones de parados cuya situación laboral y familiar es absolutamente precaria. Como el que contempla la destrucción de un castillo de arena, o el derrumbe de una torre de naipes, nos habituamos a la tristeza que comporta el hundimiento y la pérdida de un poco de nosotros a través de la tragedia de familiares y amigos.
Inquietante es además la anomia en que día a día va quedando la inerme ciudadanía ante unas instituciones ferozmente encastilladas en una estructura partitocrática que subasta nuestras esperanzas o nuestros anhelos al mejor eslogan publicitario o al más adecuado portavoz-ilusionista que, entre dietas para anoréxicos, chistes y promesas falsas y también al amparo del estatus adscrito que ha venido comportando de un tiempo a esta parte la actividad política, utilizan estos traficantes de ocurrencias. Usando y abusando de la democracia – que les sirve de coartada – no paran de ofertarnos la desgravación de un destino cada vez más indeterminado. Toda una feria embaucadora de masas que, al albur de la alquimia del planeta media, provoca el fallecimiento de la ciudadanía activa por sobredosis de ira o de miedo.
¿De qué manera escapar mientras los partidos políticos se dedican a colonizar gran número de órganos e instituciones? ¿Cómo puede considerarse la política una actividad noble y de servicio ciudadano capaz de solucionar el problema del desempleo si en su alma pululan toda una serie de elementos cuya única actividad es servirse de ella y no trabajar? Entre en fango y el NO-DO (entiéndase la élite política), entre el limo y el coro (entiéndase otra vez la élite política), hay pocas opciones de pervivir de una manera autónoma y exigir la autonomía ética del ciudadano.
Cuando la persona es menoscabada por unas élites políticas que la consideran expresionismo abstracto y medio para medrar aspiraciones, el resultado es el debilitamiento extremo y gravísimo de la sociedad civil. Estas élites no pueden, por el hecho de estar en un partido o en una asociación política, adquirir una posición privilegiada en las redes sociales activando mecanismos de información (siempre sutiles y misteriosos) y privilegios (siempre mezquinos) que otras personas no pueden alcanzar. ¿Cómo se produce la movilidad social en España? ¿Cuál es el grado real de transparencia en las becas o en los concursos públicos? ¿Son autónomas las decisiones de los poderes del Estado? ¿Es transparente la concesión de puestos de trabajo en determinadas instituciones públicas y académicas? ¿Se asegura la igualdad efectiva entre los ciudadanos independientemente en el territorio en el que residan?
Hace ya muchos años que el cambio de una sociedad que creció con la dictadura y que supo ser capaz de crear, al margen del propio régimen, toda una serie de actividades propias cuyo tejido e interacción conformó una civilidad que hizo inviable con el tiempo la continuidad y la operatividad de la dictadura franquista y de sus instituciones. El desarrollo de un área institucional reservada o privada, libre de la intervención del gobierno; el desarrollo de instituciones de auto-coordinación dentro de la sociedad, tales como mercados, asociaciones voluntarias y movimientos sociales, embarcados en un complejo juego de conflictos y alianzas; y el desarrollo de una esfera de debate público, está en evidente declive en la actual democracia pluralista.
La monopolización del espacio público por parte de los partidos políticos está asfixiando de manera latente la autonomía ciudadana. Están en retroceso la formación de grupos de convivencia y las asociaciones cívicas solidarias tendentes a la participación ciudadana para la socialización de la política. Una democracia es tanto más auténtica cuanto más numerosos sean sus canales de expresión y éstos están desapareciendo en medio de una apatía construida entre el eslogan y el rifirrafe, entre nunca y el ya sabe.
La salida a esta situación de anomia ciudadana es hacer cada día pedagogía de la convivencia para fortalecernos a nosotros mismos frente al poder de las élites como miembros de una sociedad civil insertada en un Estado con derecho y de derecho y que es portadora de una serie de garantías y deberes que debe aprender a ejercer y demandar. Pero también para reclamar espacios de libertad y nuevas soberanías. El paso imprescindible para todo ello, es tener conciencia de que cada ciudadano no puede - por su propia dignidad de ciudadano y como miembro de una sociedad - considerar la democracia como un sistema dado de facto o de iure; considerarla casi como un regalo propiciado de la mano del régimen dictatorial anterior. Hay que dejar absolutamente claro que sin la fuerza de esa sociedad civil articulada en diversas formas de asociación (las más importantes los movimientos obreros, estudiantiles y vecinales) no hubiera sido posible el establecimiento de una democracia avanzada y homologable a cualquier democracia de Europa. La construcción de la democracia actual fue por tanto un proceso político complicadísimo lleno de peligros, riesgos e incertidumbres. Conviene que lo anterior sea tenido en cuenta porque es tiempo de tener en presente estos valores porque es la sociedad –siempre- la que debe construir la política. Nunca al revés. La democracia es un sistema de convivencia que se debe forjar en cada minuto, en cada momento y se consolida a la velocidad de la suavidad que comportan las relaciones humanas: a través del diálogo, la conversación, el hecho y la vivencia del hecho. Es urgente que los ciudadanos sean capaces de arraigar de manera eficaz un sistema de relaciones de sociedad y de espacios inter-ideológicos que planteen retos y esquemas para manifestar la experiencia a través de la deliberación de los problemas que comporta la vida diaria y real. FEVESA o CIUDADANOS POR LA DEFENSA DEL PATRIMONIO en Salamanca constituyen un buen ejemplo de ello. De ningún modo debe ser el único. Esos espacios deben articularse como expresiones ciudadanas. Dicho de otro modo: han de servir para cuestionar de manera constante la actividad política haciendo política cívica. Han de ser capaces de fabricar y problematizar la propia existencia y las elites políticas. La democracia es exactamente esto: un sistema de convivencia basado en la interacción personal a través de la pertenencia a una comunidad expresada mediante la participación política en esos espacios facilitados por las relaciones de sociedad. La sociedad civil debe ser el eje de la democracia: Sin sociedad la política es inexistente porque ésta exige algún tipo de agrupación natural o pactada de personas, que constituye la unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o alguno de los fines de la vida. Esto es lo que nació hace ya 32 años. Hoy parece que fue nunca.










