Castellio, gran biblista, sabe que la Biblia habla de los ateos o paganos, pero no de los herejes. Por tanto: “un hereje es aquel creyente que no piensa como yo (…) todas las sectas edifican sus religiones sobre la palabra de Dios y todas consideran la suya como cierta”. Sabe que, si él calla, otros mil Servet irán a la hoguera detrás. Su escrito Contra libellum Calvini se convierte en el “yo acuso” de su época. A Castellio le tienden trampas, pasquines anónimos, atroces insultos, libelos difamatorios, como Calumniae nebulonis cujusdam: “este libelo difamatorio de Calvino puede servir como uno de los más memorables ejemplos de hasta qué punto la furia partidista puede envilecer el espíritu de un hombre elevado” dice Stefan Zweig (exiliado a causa del nazismo) en su espléndido ensayo, una referencia contra la intolerancia, Castellio contra Calvino. Conciencia contra Violencia. Lo escribió en 1936, coincidiendo con nuestra Guerra Civil (justificada como cruzada). Un libro que “supuso para muchos una voz de aliento contra el nazismo en un momento decisivo”.
De modo” providencial”, Castellio murió, repentinamente, el 29 de diciembre de 1563, a los cuarenta y ocho años, en la más extrema pobreza: sus amigos tuvieron que pagar el ataúd y pequeñas deudas. Acusado de ser cómplice y cabecilla de las más salvajes herejías, murió “escapando de las garras de sus enemigos con la ayuda de Dios” confiesa un amigo.
“Desde el punto de vista del espíritu, escribe Stefan Zweig, las palabras “victoria” y “derrota” adquieren un significado distinto. Y por eso es necesario recordar una y otra vez al mundo, un mundo que sólo ve los monumentos de los vencedores, que quienes construyen sus dominios sobre las tumbas y las existencias destrozadas de millones de seres no son los verdaderos héroes, sino aquellos otros que sin recurrir a la fuerza sucumbieron frente al poder, como Castellio frente a Calvino en su lucha por la libertad de conciencia y por el definitivo advenimiento de la humanidad a la tierra”. De Beze, el sucesor de Calvino, dirá que la libertad de conciencia es una doctrina del diablo (“Libertas conscientiae diabolicum dogma”).
“Afirmo deliberadamente, dice B. Russell, que la iglesia cristiana, tal como está organizada en iglesias, ha sido, y es aún, la principal enemiga del progreso moral de mundo”. Cita (tomándolas al pie de la letra, sin someterlas a exégesis) algunas frases “contradictorias” de la Biblia, y del mismo Jesús. Sin embargo, Jesús era el profeta de la compasión: no condenaba, tampoco callaba; y siempre marcó distancias con los “sindicatos religiosos” de los hombres de la religión. Una mujer, agnóstica, de origen musulmán, que sufrió la violencia contra su familia, reconoce que “Jesús es el profeta más coherente”. Jesús fue puesto contra las cuerdas tanto por los sumos sacerdotes o los fariseos como por los celotes. No es previsible que él saliera hoy a la calle con una pancarta o una bandera, presionando al Gobierno para que su “moral” impregnara el Boletín Oficial, obligando a todos los ciudadanos.
Cuando, en abril de 2008, Benedicto XVI viajó a EE.UU. y su avión aterrizó en una base militar, el pontífice fue agasajado con 21 salvas de cañón: «los cumpleaños se celebran entre amigos», le dijo el presidente Bush. Kathleen Battle, famosa soprano, cantó el Padrenuestro. Poco después, el 13 de junio, Benedicto XVI fue su anfitrión. En “un encuentro inédito, sin precedentes”, lo recibió en los jardines vaticanos con los brazos abiertos: «gracias, qué honor, qué honor». El Papa quiso agradecer al Sr. Bush su férrea defensa de los «valores morales y fundamentales”. Marvin Olasky, uno de los consejeros de Bush, había dicho en una ocasión que “La invasión americana de Irak creará nuevas y excitantes posibilidades de convertir a los musulmanes» (Casi todos hablan con Dios en Estados Unidos, artículo de Emilio Menéndez del Valle, embajador; El País, 26/05/08). También Joseph E. Stiglitz, premio Nóbel de Economía, declaró en su día que la Guerra de Irak es «una guerra que no ha tenido más que dos vencedores: las compañías petrolíferas y los contratistas de defensa». La guerra de Irak, impulsada por el ex presidente Bush, arropado por los presidentes T. Blair y J. M. Aznar (el trío de las Azores: los mismos que reclaman las raíces cristianas de Europa) ha dejado muchos miles de víctimas, muchísimas de ellas inocentes.










