Ya ha comenzado la rebelión en las tierras charras y que tiemble el poder, un nuevo orden se acerca. La implicación es máxima y ya hay numerosas convocatorias por las redes sociales, comienzan a verse carteles y los piquetes se organizan. “Se va a liar parda” como diría aquel.
Parece que el sentimiento de democracia, en sentido amplio, ha impregnado a la juventud de esta ciudad. Adela Cortina dijo en una conferencia aquello de que “una democracia reclama una ciudadanía que está muy impregnada de virtudes cívicas, muy dispuesta a involucrarse en la vida pública, a trabajar en la vida pública“. Pues esto es lo que han decidido los jóvenes de nuestra ciudad: involucrarse en la vida pública. Pero no crean ustedes que se van a quedar ahí, van a salir a luchar por sus derechos. En concreto por el derecho a emborracharse. Aunque todo hay decirlo, han tenido un detalle muy loable: comenzarán también a guerrear por los derechos de otros. En concreto se van a manifestar (o eso parece) por el derecho de los dueños de los bares de fiesta a forrarse y a que las fiestas de éstos las pague el Ayuntamiento. La juventud salmantina, salta a la vista, está muy implicada en que las cosas cambien. Y el panorama es francamente desalentador.
Quizá el aviso llega tarde, puesto que ya ha habido gente que ha escrito sobre el asunto mucho mejor que yo y la cosa se está pasando de moda. Pero a mí no dejan de llegarme mensajitos, eventos y otras cosas del estilo por las redes. Sorprende que sea en Salamanca donde se de este apoteosis por la rebelión ciudadana con causas tan loables. No obstante, yo creo que hay otras que también deberían merecer su atención: el paro acuciante (26.000 personas para ser exactos); la pobreza (a 90km de la capital provincial está una de las zonas más pobres de la Europa de los 15) y la cantidad de gente que duerme por nuestras calles (que son muchas y cada vez más). De África, Palestina y sitios lejanos ni hablamos…
Hay días en los que a uno le da rabia que le llamen joven, y más viendo el panorama. ¿De quién es el problema? De la educación, que es el tópico y queda bien. Pero mientras tanto, en 4º de Pedagogía están más empeñados en solucionarse su papeleta laboral enquistándose en debates con objetivos corporativistas que en pensar cómo demonios van a cambiar el mundo. Todo un cuadro, vaya.
El otro día cogí un díptico en el que ponía que el 75 % de los jóvenes son idiotas. Yo diría que en este caso incluso más. Aristóteles decía que el idiota (Idion) era lo contrario al Ciudadano. El ciudadano es el que se implica por los asuntos de la polis, en los asuntos públicos o de lo social. El idiota, por el contrario, únicamente se involucra en su narcisismo, sin importarle el resto de la gente.
Parece que los jóvenes nos estamos terminando de volver idiotas del todo. Espero que haya gente que me conteste en el blog para que pueda cambiar de opinión.










