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8 de febrero de 2010 - Núm. 1454
 

Por una sociedad sostenible
Alberto Martín del Pozo

28 de noviembre de 2009

Abrumados por la crisis y sus traumáticas consecuencias, y con la nariz aún sangrante tras impactar contra la realidad, España se reincorpora y avanza resuelta, como si de una polilla se tratase, hacía la luz - renovable por supuesto - que irradia el nuevo modelo económico.

Bromas aparte, es innegable que el nuevo rumbo que el gobierno pretende darle a la economía nacional es tan necesario como razonable y que del buen tino de sus medidas depende buena parte del futuro económico y social de nuestra nación en la próxima década. Se puede discutir si las medidas llegan tardes o si se quedan cortas; se puede dudar de algún punto concreto del paquete de medidas, o de la cantidad de dinero comprometida. Se puede dudar, en resumen, de todos y cada uno de los aspectos del rumbo, pero no de su necesidad.

El Gobierno pone el acento en la sostenibilidad como pilar maestro del nuevo modelo económico. Si esto es así, es porque indudablemente el modelo económico actual es insostenible, entre otras cosas, porque apenas quedan metros de playa donde plantar chalets adosados. Hemos explotado, urbanizado y enladrillado todo lo explotable, urbanizable y enladrillable. Convertimos a la hormigonera, al cemento y al andamio en nuestra triada capitolina. Invencibles al desaliento, confiamos, contra toda lógica, en la subida constante del precio de la vivienda, en la multiplicación de los panes y los peces, y en la santidad del prepucio del altísimo. Y lo hicimos nosotros solos. ¿Hemos aprendido de nuestros errores?

Sí, nuestro modelo económico era insostenible, pero ¿es sostenible nuestro modelo social? Es posible que me una en estos momentos a los profetas barbudos del Apocalipsis, pero ¿no estaremos cambiando todo para que todo siga igual? ¿no estaremos buscando ansiosos una nueva burbuja que sustituya a la difunta? ¿no estaremos empezando la casa por el tejado?

¿Es sostenible una sociedad que prima el dinero fácil sobre el esfuerzo? ¿Es sostenible una sociedad donde la educación - primaria, secundaria y universitaria - es ninguneada por unos y por otros? ¿Es sostenible una sociedad que ve con normalidad la corrupción, cuyos ciudadanos aplauden y vitorean como adolescentes enloquecidas a sus políticos a la puerta de los juzgados? ¿Es sostenible una sociedad cuyos representantes jalean en las tribunas públicas las ocurrencias taberneras de sus líderes? ¿Es sostenible una sociedad representada por partidos que no dudan en destruir el estado de derecho por alcanzar el poder? ¿Es sostenible una sociedad que se enorgullece de su incultura, de engañar a Hacienda, de estafar al prójimo?

Generalizo, por fortuna. Justos sobran en Sodoma. Cuenta Alfonso Guerra, en el segundo volumen de sus memorias, que en la primera reunión con Felipe González tras la toma de posesión del primer gobierno socialista - en Diciembre de 1982 - discutieron si era conveniente emprender todas las reformas necesarias para el país a la vez o si se priorizaban unas sobre otras. No era una decisión fácil, España, recien salida de una larga dictadura, necesitaba respirar a bocanadas modernidad. Por fortuna, España ha cambiado, ha avanzado. Hemos recuperado parte del tiempo perdido respecto al resto de Europa pero hoy volvemos a encontrarnos en una encrucijada. Necesitamos un cambio, pero es un cambio que no solo se circunscribe a la esfera económica. Necesitamos una economía sostenible, pero también necesitamos una sociedad sostenible, abierta y moderna, emprendedora, educada y ansiosa por avanzar y crecer. Hemos cambiado, pero no han cambiado demasiado nuestros defectos.

Por desgracia, no podemos plantearnos si acometemos todas las reformas a la vez o si las escalonamos. Necesitamos cambiar, y lo necesitamos ya. Otra cosa será que podamos y que queramos. Hay demasiada gente que vive cómoda en esta sociedad, demasiada gente que se aprovecha, demasiada gente conformista, demasiada gente engañada y demasiada gente que se la sujeta con papel de fumar.

Luchemos por el cambio, por el futuro, por el Estado del Bienestar. Cambiemos, y que a España no la reconozca ni la madre que la parió.

 
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Por Alberto Martín del Pozo

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