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20 de marzo de 2010 - Núm. 1494
 

Urbanismo, movilidad y progreso

«En este país, no se concibe el transporte público como una alternativa al coche, sino como un recurso para el que no tiene coche»

Javier Bolaños

2 de junio de 2006

Sin ser un experto en estos temas, me llama la atención el concepto de progreso que tenemos en este país, sobre todo en materia de urbanismo. Todo se está concebido en torno al coche. Hoy día cogemos el coche hasta para ir al final de la calle a comprar el pan, y mientras, los ayuntamientos adoptan «soluciones» a este problema como construír más aparcamientos subterráneos, y dar cada vez más y más comodidades a los conductores. A lo mejor, nadie se ha parado a pensar que cada año mueren 16.000 personas en España por culpa de la contaminación (cuatro veces más que en accidentes), lo que pasa es que de esas muertes nadie repara, «el pobre murió por respirar demasiado humo de los coches». ¿Por qué seguimos apostando única y exclusivamente por el automóvil en vez de buscar alternativas?

El principal problema es que en este país, no se concibe el transporte público como una alternativa al coche, sino como un recurso para el que no tiene coche. Lo mismo ocurre con otros medios como la bicicleta. Yo tengo bici en Salamanca desde hace seis meses y tardo menos en ir al centro que en coche. Lo malo es tener que ver cómo algunos te adelantan pasándote a 30 centímetros, te pitan para que te apartes cuando vas por una calle estrecha, o no te ceden el paso cuando tienes preferencia y te obligan a dar un frenazo. Eso si, como en un cruce peligroso o cuando hay mucho tráfico se te ocurra subirte a la acera, enseguida te gritan «¡Joven, por la acera no se puede ir en bici!».

En muchos países del norte de Europa, casi todo el mundo usa la bici para ir a trabajar. Es curioso ver a hombres impecables, con traje y corbata yendo a trabajar en bicicleta. Mientras, aquí se sigue viendo la bici como algo tercermundista.

En cuanto al transporte público, no podemos pretender que la alguien que tiene coche coja el autobús para ir de su casa al trabajo cuando la frecuencia es de 30 minutos, hace 14 paradas, da un rodeo por otros tres barrios, y encima tiene que tragarse los atascos como todo hijo de vecino para tardar tres cuartos de hora en llegar. Pero el autobús SI puede ser más rápido que el coche. La solución sería hacer carril-bus, sobre todo en las principales avenidas para que el autobús no tenga que comerse los atascos, y habilitar las calles más céntricas sólo para autobuses. Amén de reducir frecuencias y aumentar el número de líneas. Muchos dirán que esto sería muy caro, pero si sirve para ahorrarse la construcción de algún que otro aparcamiento subterráneo seguro que sería rentable.

Yo he oído decir a gente que los ecologistas, pro-carril bici y todos los que creemos en otro modelo de ciudad nos oponemos al progreso. El día que consigamos que el coche se use de forma racional, y apostemos realmente por medios de transporte alternativos, si que habremos progresado. No obstante, soy bastante pesimista, porque este progreso va contra el «progreso» de las constructoras, que son una de las principales fuentes de financiación de los ayuntamientos. Sino, que se lo pregunten a Salvador Cruz y a Julián Lanzarote.

 

Por Javier Bolaños

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