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7 de octubre de 2008 - Núm. 966
 
 

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Ezequiel Arranz (No registrado: 81.44.14.) - El último bastión del Barrio Chino
 
Jueves, 19 de junio de 2008 - 15:48

3 años de mi vida pasé viviendo en «El Chino», precisamente en la c/Sierpes nº5 a escasos treinta metros del «Sol» y sus «soles». Me pregunto lo que tardarán en derruir también el edificio en el que yo vivía, otro de los afligidos símbolos del barrio.

Recuerdo mi pisito de 44m2 bien distribuídos con sus 3 habitaciones, su saloncito, su cocina… joder, han sido los 3 mejores años de mi vida. Su proximidad con el centro y la zona de marcha local convirtieron ese barrio en algo que jamás podré olvidar.

También recuerdo vagamente el barrio en su esplendor ochentero durante esas noches en las que inevitablemente tenía que acompañar a mi padre a comprar heroína desde Valladolid porque en «El Chino» costaba la mitad.

A las duras y a las maduras, TE QUIERO BARRIO CHINO.

Ezequiel Arranz.


anónimo (No registrado: 212.128.1) - El último bastión del Barrio Chino
 
Jueves, 24 de enero de 2008 - 13:43

Un requiem por lo último del chino, donde crecio parte de mi personalidad, hoy como tantas otras veces me pare a hablar con ellas, pero el tema de conversación era otro. Cuando tiren el bar «los amigos» el chino habra muerto, pero seguira vivo en muchos corazones.


anónimo (No registrado: 87.111.49) - El último bastión del Barrio Chino
 
Miércoles, 23 de enero de 2008 - 18:56

Yo sí hablaba con ellas al pasar. Del tiempo, de los gatos… La mayoría son portuguesas. Ello le añade más saudade a la desaparición de las casas del Barrio Chino, pero yo sólo deseo que esas mujeres puedan encontrar un descanso a tan desatinado trabajo, que no es tal, sino un borrón que tiene que desaparecer de la sociedad. Ojala encuentren su lugar todas ellas. Y tambien los gatillos.


anónimo (No registrado: 81.44.166) - El último bastión del Barrio Chino
 
Miércoles, 23 de enero de 2008 - 15:10

Yo nunca crucé palabra con ninguna de la media docena de mujeres que pasaban tantísimas horas en la esquina de la calle Cervantes. La verdad es que hoy al pasar por allí me he dado cuenta de que en el fondo eran una parte más de mi vida, de mi rutina diaria, al igual que lo son los conserjes de la facultad con los que tampoco hablo nunca. Pero hoy, después de cinco años, he sentido preocupación, porque aquellas mujeres que debían superar todas los 40 años, han perdido su lugar de trabajo. Y supongo que tendrán que buscar otro. Siempre me pareció uno de los trabajos más duros del mundo, pero cada vez que pasaba por allí la pena y el dolor me envolvían. Debía de haber una historia dura detrás de aquellas caras arrugadas y fatigadas que se habían convertido, para mi, en familiares. Sólo espero que encuentren otro lugar de trabajo en el que puedan conseguir tranquilidad y en el que puedan seguir alimentando a sus gatos.


 
Diario digital, libre e independiente de Salamanca (ISSN: 1886-1016)
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